Algo raro empezó a pasar en las últimas semanas. Mientras la pelota rodaba en las canchas del fútbol argentino, Google -ese árbitro silencioso de la vida cotidiana- dejó de mostrar los clásicos widgets con el marcador en vivo, el tiempo de juego y las tarjetas. El resultado fue inmediato y previsible: sorpresa, enojo, preguntas en redes sociales y, cómo no, teorías conspirativas. ¿Google censura el fútbol argentino? ¿La AFA pidió que no se vean los resultados? ¿Hay un acuerdo secreto para obligarnos a entrar a otras plataformas? Nada de eso es cierto ni tiene sustento real, aunque durante algunas horas haya parecido verosímil en X (ex Twitter).
La realidad es bastante menos épica. Google no genera la información deportiva que muestra. No hay un empleado en California siguiendo a Platense ni decidiendo si fue offside o no el gol de Sebastián Driussi a Rosario Central. Los datos que aparecen en esos widgets provienen de empresas especializadas como Opta, Stats Perform, Sportradar o Gracenote, que recolectan estadísticas en tiempo real y las distribuyen a múltiples plataformas. En los últimos años, el buscador cambió radicalmente su lógica: frente a eventos en vivo -elecciones, crisis, recitales o partidos- prioriza mostrar respuestas directas arriba de todo, sin que el usuario tenga que entrar a ningún sitio.
Pero para eso necesita datos confiables, estables y perfectamente estructurados. Si algo falla, Google prefiere no mostrar nada antes que mostrar mal. Y ahí empieza a asomar la explicación menos glamorosa pero más probable. El fútbol argentino suele estar sujeto a cambios de horarios a último momento, partidos "a confirmar" y fixtures que se modifican sobre la marcha. Para sistemas automáticos, eso es veneno. Si la información llega incompleta, tarde o con contradicciones, los proveedores levantan la ceja y Google directamente baja la persiana del widget. Por eso el fenómeno es errático: en algunos partidos aparece, en otros no.
A veces vuelve como si nada hubiera pasado. Un patrón típico de problemas técnicos, no de conspiraciones internacionales. En el medio, circuló otra versión que se instaló con fuerza en las redes sociales y grupos de WhatsApp de futboleros: que Google "no renovó los derechos" del fútbol argentino. Eso también es falso. Los partidos, los goles y las tarjetas no tienen derechos de autor. Lo que sí paga Google es el servicio de empresas que ordenan y entregan esos datos en tiempo real. La hipótesis más plausible -aunque tampoco confirmada- es que algún contrato de provisión de datos no se haya renovado o esté en revisión, y que eso haya afectado la disponibilidad del widget.
La idea de un acuerdo secreto para ocultar resultados no resiste mucho análisis. Google muestra información deportiva de ligas que mueven miles de millones y afectan intereses políticos y económicos infinitamente mayores. Además, si fuera una decisión deliberada, los widgets no aparecerían nunca, no de manera intermitente y caprichosa. Sin ir más lejos, las fechas y horarios de los duelos por Copa Argentina sí aparecen en el buscador más famoso del mundo. También hay un detalle práctico: intervenir manualmente un producto global, automatizado y diseñado para funcionar igual en todo el mundo, sería caro, ineficiente y muy fácil de detectar comparando ligas y países. Demasiado esfuerzo para esconder un aburrido 0 a 0 de un lunes a la tarde. Por ahora, la única certeza es la ausencia de una explicación oficial.