El Ministerio de Economía superó el examen del día: logró refinanciar la deuda en pesos. Pero el precio para aprobar fue alto. Muy alto. La Secretaría de Finanzas adjudicó $9,02 billones tras recibir ofertas por $11,51 billones, lo que implicó un rollover de 123,39% sobre vencimientos cercanos a $7,3 billones. El Gobierno celebró el resultado como una señal de confianza del mercado. El problema es cómo se consiguió: pagando tasas cercanas al 40% anual efectivo.
En los instrumentos a tasa fija -que concentraron la mayor parte de la colocación- el Tesoro convalidó rendimientos de hasta 39,48% TIREA para vencimientos a apenas dos meses. Es decir: el Estado se endeuda caro y a plazos cortísimos para evitar emitir pesos hoy... a costa de pagar muchos más mañana. Desde el oficialismo lo presentaron como un éxito monetario. Federico Furiase celebró una "absorción monetaria de $1,6 billones a tasas de mercado", mientras Javier Milei posteó: "Tremendo dato. Viva la libertad carajo". La lógica oficial es conocida: si el Tesoro renueva más del 100% de sus vencimientos, no necesita emitir y el dólar se mantiene calmo.
De hecho, el Banco Central compró USD 214 millones en la jornada. Pero el equilibrio descansa sobre una condición delicada: que los inversores sigan prestando plata en pesos atraídos por rendimientos extraordinarios. En otras palabras, el programa económico depende de sostener el carry trade. La estabilidad cambiaria no surge de una economía robusta sino de un incentivo financiero: quedarse en pesos paga mucho más que producir. El dato más relevante de la licitación no es el rollover sino su composición. Más del 70% del financiamiento provino de instrumentos a tasa fija con duration promedio inferior a cinco meses.
De esta manera, el Gobierno patea la deuda hacia adelante, pero cada vez más seguido. Además, el propio ministro Luis Caputo admitió el problema: "Están altas, obviamente", dijo sobre las tasas. Atribuyó el fenómeno al clima político electoral, aunque el mercado marcó otra señal: sin tasas extraordinarias no hay financiamiento. El resultado deja una paradoja: No se emiten pesos hoy. Se prometen muchos más pesos mañana.
La estrategia oficial busca que la inflación baje primero y que luego caigan las tasas. Pero en el camino el Estado queda atrapado en un esquema donde cada licitación necesita rendimientos elevados para renovar vencimientos. Así, la deuda en pesos empieza a parecerse a una rueda: funciona mientras todos quieran seguir girando. El Gobierno festeja porque evita la emisión inmediata. El mercado participa porque gana tasas excepcionales. La economía real queda al margen.