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Economía
Cada vez alcanza para menos

Consumo en caída libre: menos compras, más deuda y una más que prometida recuperación que no llega

Pese al relato de estabilización, los datos muestran un deterioro persistente del poder de compra y un freno cada vez más profundo en el consumo masivo.

26 Marzo de 2026 09:03
El consumo sigue en caída libre

El consumo en la Argentina volvió a encender señales de alarma. Lejos de consolidar la recuperación que algunos anticipaban tras el rebote de 2025, el inicio de 2026 muestra un escenario inverso: caída generalizada de las ventas, deterioro del poder adquisitivo y un aumento sostenido del endeudamiento de los hogares. Los números son contundentes. En febrero, las compras en supermercados, autoservicios, farmacias, kioscos y mayoristas registraron una baja interanual del 3,4%, mientras que en el acumulado del primer bimestre la contracción fue del 2,1%, según datos de la consultora Scentia. 

Un cambio de hábitos... por necesidad

Pero el dato más preocupante aparece en la comparación mensual: las ventas se desplomaron un 6,3%, marcando el nivel más bajo desde septiembre de 2024. El retroceso del consumo no discrimina canales ni categorías. Todos los segmentos cerraron febrero en rojo, con caídas especialmente fuertes en supermercados (-5,9%), farmacias (-9,1%), autoservicios (-6,4%), kioscos (-6,2%) y mayoristas (-5,8%). Incluso los comercios de cercanía, que venían resistiendo mejor el ajuste, terminaron cediendo.

El único canal que muestra crecimiento es el comercio electrónico, con una suba interanual del 26,5%. Sin embargo, ese avance no alcanza para compensar el desplome del consumo tradicional y, además, también mostró una baja en la comparación mensual (-2,6%), lo que sugiere que ni siquiera ese refugio está completamente a salvo. Detrás de estos números hay un dato estructural: los argentinos están comprando menos y, sobre todo, comprando distinto.

El ajuste se siente con más fuerza en productos básicos. En supermercados, por ejemplo, las bebidas sin alcohol cayeron más del 11%, los perecederos más del 7% y los productos de higiene y cosmética más del 5%. Es decir, el recorte ya no pasa solo por bienes prescindibles: alcanza a lo esencial. El freno del consumo no es un fenómeno aislado. Está directamente vinculado con la pérdida de poder adquisitivo. 

Un derrumbe que no distingue rubros

Según datos oficiales, los salarios registrados sufrieron una caída real del 7,3% entre septiembre de 2025 y enero de 2026. Es decir, los ingresos corren claramente por detrás de los precios. A esto se suma un mercado laboral más frágil. El desempleo alcanzó el 7,5% en el último trimestre de 2025 y se consolidó una tendencia preocupante: la sustitución de empleo formal por esquemas más precarios, como el monotributo. 

En otras palabras, no solo se gana menos, sino que también se trabaja en condiciones más inestables. Si el consumo mide lo que entra, la mora refleja lo que falta. Y en ese plano, los datos también son alarmantes. La morosidad en el sistema bancario trepó al 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas. Pero el cuadro es aún más crítico fuera del sistema tradicional: en entidades no financieras, la irregularidad ya supera el 27%.

Este crecimiento del endeudamiento revela una dinámica peligrosa: cada vez más hogares recurren al crédito para sostener gastos corrientes, pero luego no logran cumplir con los pagos. El resultado es un círculo vicioso que combina caída del consumo, fragilidad financiera y mayor exclusión. El Gobierno y parte del sector privado habían apostado a 2026 como el año de la consolidación. Sin embargo, los primeros datos van en sentido contrario. 

Los datos muestran un deterioro persistente del poder de compra y un freno cada vez más profundo en el consumo masivo.

La leve mejora de 2025 -apenas un 2%- no logró compensar el derrumbe del 16% registrado en 2024, uno de los peores años desde la crisis de 2001. En ese contexto, la actual caída no es un episodio aislado sino la continuidad de un proceso más profundo. Incluso desde el propio sector reconocen que "las ventas llevan meses cayendo bastante", lo que evidencia que la recuperación no solo es débil, sino también inestable.

Parte de la explicación del nuevo escenario está en el cambio de comportamiento de los consumidores. Con una inflación menos volátil que en los picos recientes, se redujo el incentivo a stockearse. Pero lejos de representar una mejora, esto refleja un ajuste forzado: hoy se compra lo justo y necesario. El problema es que ese "consumo eficiente" no surge de una mayor racionalidad económica, sino de la pérdida de capacidad de compra. Es un consumo de subsistencia, no de elección.

Los datos muestran un deterioro persistente del poder de compra y un freno cada vez más profundo en el consumo masivo.

El cuadro que dibujan los datos es claro: caída del consumo, salarios deteriorados, empleo más precario y familias cada vez más endeudadas. En ese contexto, el repunte del e-commerce aparece más como una excepción estadística que como una señal de recuperación real. Por ahora, los números no acompañan el optimismo oficial. Y en la vida cotidiana, la sensación es aún más concreta: cada vez alcanza para menos.