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Economía
Se tensiona la economía real

Crece la morosidad: PyMEs cada vez más asfixiadas por la caída de ventas, crédito caro y la ruptura de la cadena de pagos

La economista Paula Pía Ariet advirtió que el aumento de la mora empresaria ya no responde a un fenómeno pasajero sino a un deterioro estructural del sistema productivo.

23 Abril de 2026 08:18
Alerta PyME: crece la morosidad y se tensiona toda la economía real

El deterioro financiero de las pequeñas y medianas empresas dejó de ser una señal aislada para transformarse en una advertencia sistémica. En un contexto donde la morosidad crece de forma acelerada y el crédito se vuelve más restrictivo, la economista Paula Pía Ariet dialogó con BigBang y trazó un diagnóstico contundente: la crisis excede lo coyuntural y se mete de lleno en el corazón de la economía real. "Ya no es solo coyuntural. Cuando la morosidad crece en todos los sectores, lo que estamos viendo es estrés del sistema productivo. No es un problema de algunas empresas: es la economía real tensionada", explicó.

Las PyMES, las más golpeadas

La profesional analizó el escenario donde el 8,2% de las PyMEs ya se encuentra en situación irregular, con atrasos superiores a los 90 días. Ese número, que surge de los últimos datos oficiales, no es menor. Para Ariet, se trata de un umbral delicado: "Es un número alto porque muestra empresas que ya están en zona de riesgo financiero. No es el final, pero sí un punto donde muchas empiezan a perder capacidad de recuperarse solas". 

El cuadro se agrava en un contexto donde el crédito no logra cumplir su rol de sostén. Si bien el Banco Central avanzó con una flexibilización de encajes para inyectar liquidez, la economista relativizó su impacto estructural: "Sirve para dar aire, no para resolver el problema. Le da liquidez a los bancos, pero si la empresa no vende o no cobra, el crédito no alcanza". En el fondo, el problema parece estar en la ruptura de un mecanismo clave: la cadena de pagos. 

En ese sentido, Ariet marcó el efecto dominó que hoy atraviesa a todos los sectores productivos sin distinción y describió: "Se cortó el flujo. Las empresas venden menos, cobran más tarde y se financian caro. Entonces empiezan a patear pagos y el problema se contagia a toda la cadena". Las señales de alarma, según detalló, son visibles mucho antes del colapso: "Uso constante del descubierto, cheques rechazados, pagos que se estiran y pérdida de control de la caja". 

Pymes

Y añadió: "La empresa no cae de un día para otro: se va deteriorando". En ese proceso, las PyMEs aparecen como el eslabón más débil. No solo por su menor espalda financiera, sino también por las condiciones desiguales de acceso al crédito. "Por mayor riesgo, pero también porque el sistema no está pensado para ellas. Tienen menos acceso a financiamiento estructurado y terminan dependiendo de crédito caro y corto", sostuvo. El uso intensivo del descubierto en cuenta corriente, en ese marco, se convierte en una trampa. "Sí. Cuando se usa para sostener la operación diaria, se transforma en una trampa. Cada mes necesitás más deuda para seguir igual", advirtió.

Para Ariet, no hay margen para interpretaciones parciales: la crisis es macroeconómica. "Cuando todos los sectores están afectados, no es un problema sectorial. Es el contexto económico el que está presionando". Las consecuencias de esta dinámica ya empiezan a vislumbrarse. "Más empresas achicándose, más informalidad y cierres. No siempre se ve como quiebra, pero sí como pérdida de tejido productivo", alertó, poniendo el foco en un deterioro silencioso pero persistente. En ese escenario, la agenda de urgencias es clara pero compleja: "¿Qué medidas urgentes se necesitan? Crédito accesible para capital de trabajo y bajar el costo del financiamiento".

En todo 2025 se perdieron 10.392 empresas, con una destrucción asociada de 82.243 puestos de trabajo.

También remarcó la necesidad de "ordenar la cadena de pagos". "Pero sobre todo, recuperar actividad. Sin eso, no hay financiamiento que alcance", sentenció.  Mientras tanto, los datos confirman que el deterioro avanza a un ritmo acelerado, con un salto interanual de más del 90% en la cantidad de empresas con incumplimientos graves. Una señal que, lejos de estabilizarse, empieza a consolidar un escenario donde la fragilidad financiera ya no es la excepción, sino la nueva norma del entramado productivo.