En un contexto económico marcado por el ajuste, la inflación persistente y el estancamiento del consumo, el gobierno de Javier Milei celebra una supuesta baja en los índices de pobreza e indigencia.
Según los últimos datos del INDEC, correspondientes al segundo semestre de 2025, la pobreza afecta al 28,2% de los argentinos, mientras que la indigencia alcanza el 6,3%. Sin embargo, detrás de estas cifras se ocultan artimañas metodológicas que distorsionan la realidad y generan una percepción engañosa de la mejora social que sostiene el partido de La Libertad Avanza.
Pero para entenderlo, lo mejor es ir por partes: el método tradicional para medir la pobreza en Argentina es unidimensional, basado exclusivamente en los ingresos y comparándolos con la Canasta Básica Total (CBT). Esta canasta, que mide los bienes y servicios esenciales para una familia tipo, está valuada actualmente en $1.400.000 mensuales.
No obstante, esta cifra se calcula con datos desactualizados de 2004/2005, ignorando cambios estructurales como el aumento de los costos de servicios públicos, internet y telefonía móvil. Si se utilizara la metodología más reciente de 2017/2018, el umbral de ingresos debería rondar los $2.000.000, lo que incrementaría significativamente el porcentaje de personas bajo la línea de pobreza.
Por otro lado, desde 2024, el INDEC comenzó a incluir en los ingresos familiares las transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, herramientas que anteriormente no se consideraban en los cálculos. Si bien es válido incorporar estas ayudas sociales, es claro: su inclusión no refleja una mejora real en las condiciones de vida. Además, cabe destacar que estas políticas ya estaban vigentes durante el gobierno anterior, pero no se contabilizaban en los índices oficiales.
Otro punto crítico es el manejo de la inflación que, durante la gestión de Milei, los aumentos en servicios básicos supera a los de los alimentos, lo que permite mantener artificialmente baja la CBT y, por ende, la cifra oficial de pobreza.
En conclusión, aunque el gobierno de Javier Milei presume una baja en los índices de pobreza e indigencia, esta reducción responde más a cambios metodológicos y estrategias estadísticas que a una mejora real en las condiciones económicas y sociales del país. La "magia" detrás de estos números dibujados queda en evidencia y, una vez más queda en el spotlight el gobierno de las fuerzas del cielo.