Pese al discurso oficial que insiste en que la economía atraviesa una etapa de recuperación, dos de los principales indicadores vinculados al humor social y al consumo volvieron a encender señales de alarma. La confianza de los consumidores registró una fuerte caída durante julio, mientras que las ventas de productos de consumo masivo profundizaron su deterioro en junio, reflejando que la mejora prometida por el Gobierno de Javier Milei sigue sin trasladarse al bolsillo de la mayoría de los argentinos.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, retrocedió 4,78% respecto de junio y 12,3% en comparación con julio del año pasado, acumulando además una baja de 14,16% desde el máximo alcanzado en enero de 2025. La caída fue generalizada en todo el país. El Gran Buenos Aires encabezó el descenso con un 6,35%, seguido por la Ciudad de Buenos Aires (-6,24%), mientras que el Interior también mostró un retroceso, aunque más moderado, del 1,68%. El dato resulta especialmente significativo porque refleja un deterioro tanto de la percepción sobre la situación actual como de las expectativas hacia adelante.
El componente que más se desplomó fue el referido a la Situación Macroeconómica, con una baja mensual del 8,49%, mientras que la evaluación sobre la Situación Personal descendió 3,89%. Las perspectivas futuras tampoco muestran optimismo. Las Expectativas Futuras cayeron 7,19%, una baja considerablemente superior a la registrada en las Condiciones Presentes, que retrocedieron 1,24%. El estudio también dejó en evidencia que el deterioro económico afecta con mayor intensidad a los hogares de menores recursos.
Entre las familias de ingresos bajos, la confianza cayó 11,47%, mientras que en los hogares de mayores ingresos la baja fue de apenas 1,45%. La brecha entre ambos sectores continúa siendo amplia: el índice alcanza 43,45 puntos entre quienes tienen mayores ingresos frente a 35,99 puntos entre los sectores más vulnerables. El subíndice vinculado a la compra de bienes durables e inmuebles también permaneció en terreno negativo, con una baja de 0,48%, reflejando que las familias siguen postergando decisiones importantes de consumo.
La pérdida de confianza encuentra un correlato directo en las ventas. Según el último informe de Scentia, el consumo masivo registró en junio una caída de 2,7% interanual en volumen, profundizando el deterioro luego de que en mayo la baja hubiera sido del 1,6%. El acumulado de 2026 ya muestra un retroceso del 2,9%, desmintiendo las expectativas de una recuperación que algunas consultoras habían comenzado a proyectar a partir de la desaceleración inflacionaria.
Tomando como base enero de 2023, el índice de consumo se ubicó en 82,9 puntos, muy lejos del pico de 111 registrado en diciembre de 2023 y por debajo de los 84,8 puntos que había mostrado en mayo. En otras palabras, el consumo continúa transitando una tendencia descendente que no logra revertirse. Aunque las ventas medidas en pesos crecieron 26,6% interanual, el dato pierde fuerza cuando se lo compara con la evolución de los precios.
El valor promedio de los productos aumentó 23,1%, lo que evidencia que la mayor facturación responde principalmente al encarecimiento de los bienes y no a un incremento del volumen comercializado.Con una inflación interanual del 33,5% y un acumulado de 16,8% en el primer semestre, el poder adquisitivo continúa siendo uno de los principales obstáculos para la recuperación del mercado interno.
En medio de un escenario de retracción casi generalizada, el único canal que logró escapar a la crisis fue el comercio electrónico. Las ventas online crecieron 41% interanual en junio, superando incluso el incremento del 29,9% registrado en mayo. Además, fue el único canal que mostró crecimiento en las ocho categorías relevadas por Scentia. Las bebidas con alcohol lideraron el avance con 61,8%, seguidas por alimentación (54,6%) e impulsivos (45,2%).
El panorama fue completamente distinto para los canales tradicionales. Los kioscos y almacenes de barrio encabezaron las pérdidas con una caída del 4,6%, seguidos por los mayoristas (-3,3%) y los supermercados de cadena (-2,6%). Los autoservicios independientes retrocedieron 1,6%, mientras que las farmacias, que habían mostrado una leve recuperación en mayo, quedaron estancadas. El impacto sobre los kioscos fue especialmente severo.
Las ventas de productos de limpieza para ropa y hogar se desplomaron 20,9%, desayuno y merienda cayó 13,2%, higiene y cosmética 11%, mientras que alimentación e impulsivos retrocedieron 8,5% cada uno. El informe muestra además un cambio en las prioridades de consumo de los hogares. Las únicas categorías que crecieron fueron las bebidas alcohólicas (+9,4%) y las bebidas sin alcohol (+3,5%), un comportamiento que la consultora vinculó parcialmente al efecto del Mundial 2026.
El resto de los rubros terminó en rojo:
- Desayuno y merienda: -7,7%
- Limpieza del hogar y ropa: -6,2%
- Perecederos: -5,7%
- Productos impulsivos: -5,3%
- Higiene y cosmética: -3,7%
- Alimentos: -0,5%
En el acumulado anual, los productos de limpieza son los que muestran la peor performance, con una caída del 7,1%, seguidos por los perecederos (-5,6%) y desayuno y merienda (-5,3%). El informe de Scentia reconoce que algunos indicadores macroeconómicos presentan mejoras. El PBI creció 2,3% interanual en el primer trimestre, las exportaciones aumentaron 24,4% y la construcción mostró una recuperación del 4,1%. Sin embargo, esos datos conviven con un escenario menos favorable para la economía real. La industria manufacturera acumula una caída del 3,1%, la producción automotriz retrocedió 18,3% en lo que va del año y el patentamiento de vehículos cero kilómetro baja 9,9%. A eso se suman una tasa de desempleo del 7,8% y una pobreza del 28,2%, indicadores que ayudan a explicar por qué, pese a la desaceleración de la inflación y algunas mejoras macroeconómicas, el consumo continúa sin reaccionar y la confianza de los argentinos sigue deteriorándose.