El consumo masivo volvió a dar una señal de alarma en junio. Según el último informe de Scentia, las ventas en volumen cayeron un 2,7% interanual, profundizando el deterioro observado durante el año y llevando el acumulado de 2026 a una baja del 2,9%. Mientras tanto, el comercio electrónico fue el único canal que mostró crecimiento, con un salto del 41% respecto al mismo mes del año pasado.
En diálogo con BigBang sobre este escenario, la economista Paula Pia Ariet sostuvo que, aunque la desaceleración de la inflación representa una mejora, todavía no alcanza para que los hogares perciban un alivio real. "El bolsillo sigue muy exigido. La inflación se desaceleró, lo cual es positivo, pero los ingresos todavía no recuperaron de manera homogénea el poder adquisitivo perdido. Además, los gastos fijos -tarifas, alquileres, transporte, salud y educación- ocupan una parte cada vez mayor del presupuesto. La familia llega al supermercado con menos margen y ajusta cantidades, marcas y frecuencia de compra", expresó.
Uno de los interrogantes que deja el informe es por qué el consumo continúa debilitándose pese a la desaceleración de la inflación. Para Ariet, la explicación es sencilla: una menor inflación no implica que los precios bajen. "Porque desinflación no significa reducción de precios. Los precios continúan subiendo, aunque más lentamente. Para recuperar el consumo se necesitan varios meses de ingresos creciendo por encima de la inflación, estabilidad laboral y confianza respecto del futuro. Una persona puede reconocer que la inflación bajó y, al mismo tiempo, sentir que su capacidad de compra todavía no mejoró", sostuvo.
La economista remarcó que el problema ya no pasa únicamente por el nivel de los precios, sino por el retraso de los ingresos frente al costo de vida acumulado durante los últimos años. El informe de Scentia muestra que el deterioro ya alcanza a categorías esenciales. Las mayores bajas se registraron en desayuno y merienda (-7,7%), limpieza del hogar (-6,2%), perecederos (-5,7%), productos impulsivos (-5,3%) e higiene y cosmética (-3,7%). Según Ariet, detrás de esos números hay una transformación más profunda. "Comenzó como una restricción económica y se está transformando en un cambio de hábitos", explicó.
Y agregó: "El consumidor compara precios, espera promociones, cambia de marca, compra envases más pequeños y elimina productos que antes incorporaba automáticamente. Parte de estos comportamientos permanecerá incluso si mejora el ingreso, porque el consumidor aprendió a comprar de otra manera". En ese sentido, explicó que la suba de las ventas en pesos no refleja una mejora del consumo. "No es una contradicción. La facturación crece porque se expresa en pesos y los precios son más altos. Pero cuando se mide el volumen, aparecen menos unidades vendidas", remarcó.
De acuerdo con la experta, "una familia puede gastar más dinero que hace un año y llevarse una canasta más chica". "Por eso, para evaluar el consumo, debemos mirar cantidades y no solamente facturación", destacó. Mientras sectores vinculados a las exportaciones muestran mejores perspectivas, el consumo interno sigue debilitado. Ariet considera que ambas realidades conviven. "Hay una debilidad coyuntural del consumo, pero también un cambio estructural. Tenemos un consumidor más racional, menos fiel a las marcas y mucho más dependiente de promociones", manifestó.
Y continuó: "También vemos una economía heterogénea: algunos sectores vinculados con la energía, la minería, el agro o las exportaciones pueden crecer mientras el comercio, la industria y el consumo masivo continúan atravesando dificultades". La especialista subrayó que el deterioro dejó de concentrarse únicamente en bienes postergables y comenzó a afectar productos cotidianos: "Las principales caídas se observaron en desayuno y merienda, con un 7,7%; limpieza del hogar, 6,2%; perecederos, 5,7%; productos impulsivos, 5,3%; e higiene y cosmética, 3,7%".
En ese sentido, el dato relevante "es que el ajuste ya no se limita a bienes durables o consumos postergables: también alcanza categorías de uso cotidiano". Uno de los datos más preocupantes del relevamiento fue la caída del 4,6% en kioscos y almacenes de barrio. Para Ariet, ese comportamiento revela hasta qué punto las familias controlan los gastos más pequeños. "Los kioscos y almacenes cayeron 4,6% interanual", dijo.
Y añadió: "Son establecimientos que reflejan el consumo pequeño e inmediato: una bebida, una golosina, un snack o una compra de reposición. Su caída muestra que las familias están controlando hasta los gastos de menor monto y planificando más sus compras para aprovechar precios de mayoristas, supermercados y canales digitales". La economista también alertó sobre la reducción en alimentos y productos de higiene: "Es una señal de que el ajuste es profundo".
Según expresó, generalmente, "las personas no abandonan completamente esos productos, pero reducen cantidades, espacian la reposición, sustituyen marcas o eliminan variedades". "El riesgo aparece cuando el ajuste alcanza alimentos frescos, higiene y limpieza, porque puede terminar afectando la nutrición y la calidad de vida. En la mayoría de los casos está degradando la calidad del consumo. Compra menos, cambia primeras marcas por alternativas más económicas, estira la duración de los productos y simplifica la canasta. Dentro de una categoría considerada básica también existen productos que pueden postergarse o reemplazarse", resaltó.
Y agregó: "El consumo no desaparece, pero se vuelve más reducido y precario". El único dato positivo del informe fue el fuerte crecimiento del comercio online. Sin embargo, Ariet relativizó su impacto: "Por ahora parece, principalmente, un cambio de canal. El comercio electrónico creció alrededor del 41% interanual, pero el consumo total cayó. Eso indica que una parte de las compras migró hacia internet por la posibilidad de comparar precios, acceder a promociones bancarias y encontrar descuentos. Es una oportunidad enorme para las empresas, pero no demuestra por sí misma una recuperación general del consumo".
También destacó que la realidad del consumo varía significativamente según el nivel de ingresos."La situación es muy desigual. Los sectores de ingresos altos conservan capacidad de compra y pueden aprovechar promociones comprando mayor volumen. La clase media está condicionada por los gastos fijos, las cuotas y el costo de los servicios. Los sectores de menores ingresos concentran casi todo su presupuesto en necesidades esenciales. Por eso, hablar del 'consumidor argentino' como si fuera uno solo puede llevarnos a diagnósticos equivocados", resumió.
Dentro de un panorama mayoritariamente negativo, las bebidas alcohólicas crecieron un 9,4%, un dato que Ariet atribuyó al contexto del Mundial. "Las bebidas con alcohol crecieron 9,4% y las bebidas sin alcohol, 3,5%, en un mes en el que la mayoría de las categorías cayó. El Mundial impulsó reuniones, promociones y consumos asociados a los partidos. Es un efecto positivo para esas actividades, pero todavía no podemos interpretarlo como una recuperación sostenida. Habrá que observar qué sucede una vez terminado el evento".
Respecto al mensaje oficial sobre la baja de la inflación, la economista consideró que el dato es relevante, pero insuficiente para modificar el comportamiento del consumidor. "La desaceleración de la inflación es una mejora real y necesaria. Sería incorrecto desconocerla. Pero el consumidor no compra tasas de inflación: compra productos con su ingreso. El nivel de precios quedó alto y algunos gastos fijos continúan aumentando. La estabilidad es la condición necesaria para recuperar el consumo, la inversión y el crédito, pero sus beneficios necesitan tiempo para trasladarse a todos los hogares".
Finalmente, evitó pronosticar una recuperación acelerada durante la segunda mitad del año. "Puede comenzar una recuperación gradual, pero no esperaría un salto generalizado. Dependerá de que los salarios le ganen sostenidamente a la inflación, se preserve el empleo y las empresas tengan previsibilidad para invertir y contratar. Sin empresas rentables no existe recuperación sostenible del empleo ni del consumo. Probablemente veamos primero mejoras en los sectores formales y de mayores ingresos, y más tarde en los hogares vulnerables", concluyó.