El mediodía transcurría como cualquier otro en los tribunales de San Martín hasta que la puerta dejó de ser un límite. Un grupo numeroso irrumpió de golpe en la mesa de entradas del Juzgado de Garantías N°5. Gritos. Amenazas. Objetos en alto. El personal apenas tuvo tiempo de reaccionar. El edificio judicial, en la esquina de Pueyrredón y Cerrito, quedó paralizado. Eran al menos veinte personas. Varias portaban armas blancas.
El ataque ocurrió días después de las detenciones de integrantes de una banda narcocriminal de la zona. No hubo heridos, pero sí miedo. Mucho miedo. El juez Nicolás Schiavo regresó al juzgado tras el episodio y habló con la prensa. Desde el primer momento intentó despegar la agresión de su figura: "No vinieron por mí, es un tema institucional de la provincia". El magistrado describió la escena como algo más profundo que una intimidación aislada: "un problema institucional que atañe a todo el poder judicial de la provincia de Buenos Aires". Y agregó que los funcionarios públicos "no tenemos que personalizar los problemas".
Dentro del edificio, el objetivo fue sobrevivir al momento. "Mi principal preocupación era el personal del juzgado", explicó. Ante la violencia y las "frases violentas", la decisión fue buscar resguardo: ni jueces ni empleados están preparados para enfrentar agresores. La situación se agravó por la falta de cámaras de seguridad en la sede. Para Schiavo, el episodio no es excepcional: ataques y situaciones similares ocurren "todos los días" en organismos públicos, advirtió. Y, aunque se refuerce la custodia, eso no significa que fiscales o jueces estén realmente protegidos.
El magistrado evitó especular sobre los autores, pero dejó una advertencia que resonó más fuerte que el propio ataque: "El narcotráfico está avanzando, es evidente". La investigación ya está en curso. En tribunales vinculan la irrupción con una organización criminal allanada el 22 de enero, donde se secuestraron armas de fuego, chalecos antibalas y municiones. El Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial bonaerense expresó su "repudio y preocupación". Pero la sensación que quedó entre escritorios vacíos y expedientes interrumpidos es otra: la Justicia ya no es solo el lugar donde se juzga la violencia.