05 Febrero de 2026 11:08
La escena parece imposible, pero ocurrió. Un colectivo avanzando solo por la avenida, cruzando semáforos en rojo, zigzagueando entre autos y motos mientras adentro se escuchan gritos, golpes y corridas. Un pasajero se arroja hacia la puerta y salta en movimiento para escapar. Durante esos segundos interminables, nadie conduce. Fue el 25 de enero a las 23:15, en el cruce de Avenida Rivadavia y Nazca, cuando un interno de la línea 113 que hacía el recorrido entre Barrancas de Belgrano y San Justo quedó a la deriva. El chofer soltó el volante para enfrentarse a trompadas con un pasajero y la unidad avanzó varios metros sin control. La Policía de la Ciudad intervino tras el aviso de transeúntes y detuvo a ambos. El conductor quedó imputado por lesiones; el pasajero, por amenazas. La empresa lo despidió de manera inmediata e irrevocable.
Las imágenes se viralizaron. El país vio el momento exacto en que el volante quedó vacío. Días después, el chofer habló. Se llama Nicolás. Trabajó 15 años en la empresa; su padre, 25. Y negó ser una persona violenta: "Jamás tuve un comportamiento similar. Ese día se me subió el diablo". Su relato reconstruye otra escena: la de un viaje lento, un colectivo con fallas y un pasajero que no dejaba de hostigarlo. "Yo reconozco el error que cometí de no llegar a poner freno en mano. Intenté ponerlo, pero fue tanto el miedo, la presión, el hostigamiento, me insultaba", dijo en diálogo con C5N.
Según su versión, el coche tenía desperfectos: "Todo esto fue por culpa del producto del colectivo que me venía fallando la batería. Andaba mal". Contó que durante varios minutos intentó continuar el recorrido despacio mientras era increpado: "¡Ey, hijo de p! ¿Por qué no te apuras un poquito?". Nicolás afirma que el hombre estaba alcoholizado: "Yo estuve de Villa Luro hasta Flores, que pasó lo que ocurrió, hostigándome, hostigándome. Yo solo, tenía miedo, no encontré ni un patrullero, nada". El final llegó cuando el pasajero se acercó a la cabina. "Ya el miedo, dije, este muchacho me va a pegar, me va a pegar", relató.
Entonces soltó el volante. El colectivo siguió avanzando. Las imágenes muestran lo que pudo ser una tragedia: motos pasando al lado, peatones en la vereda, el vehículo cruzando carriles. "No pasó nada de milagro, de milagro", reconoció el propio conductor. Después vino la detención y el despido. "Me echaron sin pagarme nada... Me quedé sin obra social. Tengo un hijo con discapacidad", sostuvo. Y agregó: "Yo soy un profesional, sí, soy un profesional. Pero no soy ni seguridad, no soy médico". Para él, la noche terminó con algo más que una causa judicial: "Me arruinaron la vida... yo doy la cara".
Y remató: "Yo soy un profesional, pero no soy seguridad ni médico. En el colectivo, con un sueldo de 800 mil pesos, tenemos que ser seguridad, médico, tenemos que saber todo. Si cortaba el servicio por la batería me hacían un parte por no colaborar con la empresa. Yo doy la cara. No maté a nadie. Podría haber pasado, pero no pasó. Tengo una familia atrás, tengo un hijo con discapacidad y los medicamentos me salen 400 mil pesos. ¿Qué voy a hacer ahora?". La empresa, en cambio, consideró la conducta inadmisible tras revisar las cámaras. El colectivo sin conductor recorriendo la ciudad es la prueba imposible de justificar. Entre ambas versiones queda una verdad incómoda: la seguridad de una avenida entera dependió de un volante vacío y de una pelea dentro de una cabina. Y lo único que evitó la tragedia fue el azar.

