Durante meses, la escena quedó grabada en la memoria del pueblo: una chica de 14 años caminando por el patio de su escuela con una pistola 9 milímetros en la mano, disparos al aire, gritos, corridas, cinco horas de tensión y una comunidad paralizada. Hoy, el caso dio un vuelco que sacude todavía más a La Paz, en Mendoza. La Justicia ordenó la detención de un celador de la Escuela Marcelino Blanco, acusado de haber abusado sexualmente de la menor dentro del ámbito escolar.
La medida fue dispuesta por la fiscal de Delitos Sexuales, Laura Nieto, luego de que la adolescente relatara el presunto abuso durante entrevistas con profesionales del Equipo Técnico Interdisciplinario (ETI), que la asisten desde el episodio de septiembre. Según consignaron medios locales, fue en ese proceso terapéutico -atravesado por un cuadro de bloqueo emocional y seguimiento constante de salud mental- donde la joven reiteró su acusación y señaló al trabajador como presunto responsable.
El 10 de septiembre de 2025, poco después del primer recreo, la estudiante salió del baño con el arma en la mano. Eran alrededor de las 9.30. "Se escuchó un tiro y todos empezaron a gritar", relató una alumna en ese momento. Al principio, algunos creyeron que se trataba de un "chasquibum". Pero antes de disparar por segunda vez, la adolescente mostró la pistola y dejó en claro que la amenaza era real.
Apuntó hacia compañeros, caminó por el patio y, según testigos, increpó a una profesora de matemática con una frase que todavía resuena: "¿Ahora tenés miedo?". También pedía por otra docente. "No voy a negociar hasta que entre la profesora Raquel", gritaba mientras el establecimiento era evacuado. La pistola calibre 9 milímetros pertenecía a su padre, integrante de la Policía de San Luis. Durante más de cinco horas deambuló por la escuela. Disparó al menos dos veces -algunas versiones hablan de tres detonaciones- y recién cerca de las 15 entregó el arma tras la intervención del Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros (GRIS).
No hubo heridos. Pero varios estudiantes debieron ser asistidos por crisis nerviosas y cuadros de shock. El pequeño pueblo de 12.000 habitantes quedó estupefacto. "Es un pueblo muy pequeño, estamos estupefactos, nunca sucedió una cosa así", había dicho entonces el intendente Fernando Ubieta. En aquel momento circularon múltiples hipótesis: conflictos con docentes, bullying, problemas personales. Incluso se investigó la posibilidad de grooming tras detectarse mensajes dirigidos a un número extranjero.
Pero, en paralelo, en las primeras entrevistas con el ETI, la adolescente mencionó un posible abuso. Su relato inicial no era concluyente. Con el transcurso de los meses y nuevas intervenciones de salud mental, la acusación se sostuvo y tomó forma. Fuentes judiciales citadas por medios locales indicaron que el día del episodio la joven habría ido al colegio buscando específicamente al celador que ahora está detenido. Sin embargo, ese trabajador no estaba en el establecimiento porque se encontraba de franco.
Ese dato, que en su momento parecía anecdótico, adquiere hoy una dimensión inquietante. Inicialmente, la causa estuvo a cargo de la fiscal penal de menores Griselda Digier, bajo la supervisión del jefe de la Fiscalía de Rivadavia, Mariano Carabajal. Luego, con la denuncia por abuso, pasó a la órbita de la fiscal Laura Nieto. El celador fue detenido el viernes pasado. Su identidad no fue difundida. En las próximas horas se definirá si se formaliza la imputación. Como parte de las medidas probatorias, se ordenará que la menor declare en Cámara Gesell para profundizar y corroborar su testimonio.