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Un horror

Le dio 37 puñaladas, sobrevivió de milagro y la Justicia le dio la pena mínima a su agresor porque "ofreció sus sinceras disculpas"

Adriana Barrionuevo estuvo al borde de la muerte cuando su ex pareja la atacó con una ferocidad extrema en una pizzería de Núñez.

24 Junio de 2026 15:16
Así fue el ataque en la pizzería del Belgrano

La noche del 18 de noviembre de 2024 quedó grabada para siempre en el cuerpo y en la memoria de Adriana Débora Barrionuevo. A las heridas visibles, las 37 puñaladas que recibió en distintas partes del cuerpo, se suman las marcas invisibles que todavía hoy le impiden dormir y la obligan a convivir con un miedo persistente: que algún día su agresor vuelva a cruzarse en su camino. 

El agresor, Sergio Raúl Sarria

Ese día, mientras trabajaba en una pizzería del barrio porteño de Núñez, su ex pareja y padre de su hija, Sergio Raúl Sarria, irrumpió en el local y desató un ataque que la propia Justicia describió como un intento de asesinato. El hombre la golpeó, la inmovilizó y la apuñaló una y otra vez frente a testigos. La sentencia no deja lugar a dudas sobre cuál era su intención. Los jueces sostuvieron que "el objetivo real de Sergio Raúl Sarria al efectuar las diversas lesiones cortantes sobre el cuerpo de Adriana Débora Barrionuevo no era otro que causarle la muerte; extremo éste que, afortunadamente, no logró".

Sin embargo, pese a reconocer la brutalidad del ataque y las gravísimas secuelas que dejó en la víctima, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 7 resolvió imponerle la pena mínima prevista para el delito: diez años de prisión. La decisión generó indignación y reabrió el debate sobre la respuesta judicial frente a los intentos de femicidio. La escena del horror quedó registrada por las cámaras de seguridad del comercio. Según la reconstrucción judicial, Sarria ingresó al local alrededor de las 20.30, roció con gas pimienta a un compañero de trabajo de Barrionuevo y a la propia víctima, le impidió escapar y luego tomó una cuchilla de cocina.

A partir de allí comenzó una secuencia aterradora. El fallo describe que el agresor "comenzó a asestarle, sin detenerse, reiteradas y violentas cuchilladas". La violencia fue tal que ni siquiera la intervención desesperada de vecinos y compañeros logró detenerlo de inmediato. Le arrojaron objetos, utilizaron una barra de hierro y buscaron distraerlo para salvar la vida de la mujer. Recién entonces Barrionuevo consiguió arrebatarle el arma y escapar ensangrentada. Las imágenes impactaron incluso a los magistrados. "La mera visualización -escalofriante por cierto- basta por sí sola para sostener la afirmación previamente efectuada", escribió el juez Gustavo Alterini al referirse a los videos.

Los informes médicos confirmaron luego la magnitud del ataque: 37 lesiones distribuidas en la cabeza, rostro, cuello, tórax, abdomen, brazos y piernas. Algunas heridas tenían entre cuatro y cinco centímetros de profundidad. Otras comprometieron zonas vitales y pudieron haber sido mortales. Para la Justicia, Sarria actuó con una crueldad extrema, provocando un sufrimiento innecesario y prolongado. Por eso fue condenado por tentativa de homicidio agravado por violencia de género y ensañamiento.

Pero a la hora de fijar la pena, el tribunal también valoró otros elementos.  Los jueces destacaron que durante el juicio el acusado "se mostró muy conmovido por lo ocurrido; tanto es así que no sólo ofreció sus sinceras disculpas a la víctima sino también a su propia hija por haberle causado un daño a su madre y haber destruido lo poco que subsistía de aquella familia que supieron conformar".

También ponderaron que intentó suicidarse después del ataque. "Pondero que se trata de un hombre instruido, que cuenta con la contención de su núcleo familiar primario y con hábitos laborales y que el suceso que lo ha traído a este proceso no pasó desapercibido para el imputado; tanto es así que al dimensionar la gravedad de lo ocurrido intentó quitarse su propia vida", señalaron.

La sentencia además menciona que no opuso resistencia cuando fue detenido, que carecía de antecedentes penales y que durante su tiempo en prisión se mostró colaborador con la Justicia. "A ello, se le suma, por un lado, que aún en esa situación crítica por la que atravesó no opuso resistencia alguna a su detención y, por el otro, que carece de antecedentes penales", argumentaron.

Incluso destacaron que "durante la audiencia, además, evidenció una clara voluntad y deseo por recomponer ese vínculo paterno filial que, en la actualidad, se encuentra interrumpido". Para Adriana, esos argumentos son imposibles de comprender. "Le salió baratísimo. Él va a perder 10 años, pero mi calidad de vida es para siempre", afirmó la víctima en diálogo con Clarín.

Le dio 37 puñaladas, sobrevivió de milagro y la Justicia le dio la pena mínima

La mujer asegura que desde aquel día convive con un estrés postraumático severo. "El estrés postraumático es muy difícil de sobrellevar. No duermo de noche desde hace dos años", relata. Las consecuencias físicas tampoco desaparecieron. "Tengo múltiples cicatrices, cortes en las manos, el rostro, el ojo derecho, un codo... me colgaba un pedazo de carne en el cuero cabelludo cuando me escapé", recuerda.

Su historia, además, no comenzó aquella noche. Durante el juicio quedó acreditado un largo contexto de violencia de género. La propia hija de ambos aportó un testimonio clave para reconstruir años de agresiones, humillaciones y control psicológico. Barrionuevo relató que durante más de dos décadas sufrió insultos permanentes. "Me denigraba todo el tiempo. Todos los días. Me decía 'mediocre, campesina, pobre mental, ridícula'", recordó.

También contó que en 2023 recibió una brutal golpiza después de que un compañero de trabajo le hiciera un comentario amable. Fue entonces cuando decidió abandonar la vivienda que compartían. "Me tenía dominada mentalmente, pero no lo veía. Y también creía que si me iba de su casa, no iba a poder salir adelante", explicó. Paradójicamente, el motivo que Sarria repetía tras el ataque era siempre el mismo. 

Condenaron a Sergio Raúl Sarria a la pena mínima de diez años.

Cuando la Policía llegó al lugar, el hombre tomó un cuchillo y gritó: "Mi hija no me quiere, me voy a matar". Para los investigadores, esa obsesión estaba directamente relacionada con el resentimiento que sentía hacia su ex pareja luego de la separación. Hoy, mientras intenta reconstruir su vida y ayudar a otras mujeres que atraviesan situaciones similares, Adriana observa el calendario con angustia. La condena de Sarria vencerá el 17 de noviembre de 2034. Y aunque faltan años para esa fecha, el temor ya la acompaña. "Mi miedo va a regresar cuando salga de la cárcel, ahí el infierno puede volver a empezar para mí", advierte.