La ciudad de Itumbiara no logra despertar de la pesadilla. Lo que comenzó como un crimen atroz terminó convirtiéndose en una herida colectiva abierta, marcada por el dolor, la furia y la revictimización. El secretario de Gobierno local, Thales Naves Alves Machado, de 40 años, asesinó a sus dos hijos la noche del 11 de febrero y luego se quitó la vida. Pero la tragedia no terminó allí: el funeral de los niños derivó en un episodio de violencia simbólica y hostigamiento que obligó a su madre a abandonar el velorio bajo amenazas e insultos.
La madrugada del jueves quedó grabada a fuego en la memoria de esta ciudad de 112 mil habitantes, epicentro político de la familia Araújo. Armado, Machado irrumpió cerca de las 23:00 en la habitación donde dormían Miguel, de 12 años, y su hermano de 8. Disparó contra ambos. El mayor murió poco después en el Hospital Municipal Modesto de Carvalho. El menor fue intervenido en el Hospital Estatal de Itumbiara y permaneció horas en estado crítico hasta que se confirmó su fallecimiento. Luego del ataque, el funcionario se suicidó.
Horas antes del crimen, había publicado en Instagram una extensa carta de despedida. En ella escribió: "Es difícil empezar a escribir, pero todo tiene un final. Y hoy el nuestro ha llegado a su fin... por desgracia". Aseguró estar "emocionalmente devastado" tras descubrir que su esposa viajaría a San Pablo "a encontrarse con alguien". "Mi mujer salió de Itumbiara para San Paulo a encontrarse con alguien... días difíciles por aquí...", expresó. Y añadió: "Siempre he intentado mantener la mayor armonía y respeto posibles en estos 15 años de mi vida familiar, pero hoy llegó a un límite improbable".
En otro tramo, dejó una frase estremecedora: "Mis hijos y yo, que ahora somos ángeles que por desgracia vinieron conmigo, nos hemos ido". También escribió: "Nos vamos, yo y mis hijos, que ahora son ángeles. Por desgracia, ellos se van conmigo". La publicación fue eliminada tras el crimen, y algunos medios locales señalaron que no pudieron verificar su autenticidad completa. Sin embargo, su contenido se viralizó y fue combustible para el odio.
Machado, que era yerno del intendente Dione Araújo y había sido propuesto como precandidato a diputado estadual, pidió disculpas públicas a su suegro: "Sé que no hay perdón, pero fue todo lo que pude hacer en este desafortunado día de mi 40 cumpleaños". Luego apuntó contra su esposa, Sarah Tinoco Araújo: "Sarah, desafortunadamente, todo esto no era lo que quería. Solo quería la verdad y el respeto que lamentablemente no tuviste". Cerró con una frase final: "Perdónenme porque lo que pasó hoy fue exactamente lo último que esperaba en la vida y en mi vida. Que Dios esté con todos ustedes".
El crimen paralizó a Itumbiara. La Alcaldía decretó tres días de luto oficial. El gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, manifestó en redes sociales su "profunda tristeza por la tragedia" y anunció la suspensión de actividades para viajar a la ciudad y expresar su solidaridad. Pero el horror adquirió una dimensión aún más perturbadora durante el velorio. Los niños fueron despedidos en la residencia de su abuelo materno. Lo que debía ser un espacio de recogimiento se transformó en un tribunal público.
Influenciados por la carta del agresor, grupos de asistentes comenzaron a señalar a Sarah como la "culpable indirecta" de la muerte de Miguel y su hermano. Entre gritos la tildaron de "adúltera" y le reprocharon que "si ella no lo hubiera engañado, los niños estarían vivos". Las imágenes difundidas en redes muestran a la mujer quebrada, sostenida por familiares mientras abandona el lugar en medio de un clima hostil. Testigos aseguraron que la tensión escaló a tal punto que temieron por su integridad física. La madre fue obligada a retirarse del último adiós a sus hijos bajo una lluvia de improperios.
En redes sociales, la polarización se profundizó. Algunos usuarios condenaron el crimen con indignación: "la mujer lo engaña y él se cree con el derecho de matar a dos niños", escribió uno. Otros replicaron el discurso del agresor con insultos irreproducibles hacia la madre. La violencia no terminó con los disparos: mutó en estigmatización pública. Días antes del asesinato, los niños habían escrito cartas a su padre por su cumpleaños. En ellas lo describían como "el mejor papá del mundo".
En su Instagram, Machado había publicado fotos familiares con mensajes como: "Que Dios siempre bendiga a mis hijos... Papá los quiere mucho". Ese contraste brutal entre la imagen pública y el desenlace trágico profundiza la conmoción. La Policía Civil investiga el caso como homicidio consumado seguido de suicidio, mientras analiza el arma utilizada y el entorno previo del funcionario. Especialistas en violencia de género señalan que el episodio encaja en un patrón de violencia vicaria: el agresor utiliza a los hijos para causar el mayor dolor posible a la madre, incluso después de su propia muerte, a través del estigma social.