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Ritual, silencio y dolor: el estremecedor relato de la jugadora de hockey abusada y el lado más oscuro de los "bautismos"

Una jugadora que tenía 16 años al momento de los hechos rompió el silencio y reabrió una causa por presunto abuso en un club de Mendoza.

09 Abril de 2026 11:30
El Club Alemán de Mendoza, donde se denunciaron los abusos a una menor de edad durante un bautismo de hockey femenino.

La escena ocurrió hace tres años, pero el impacto sigue intacto. La causa por presunto abuso en un club de hockey femenino de Mendoza volvió al centro de la escena judicial y mediática con un testimonio que expone, con crudeza, no solo un hecho puntual sino también la lógica de poder, silencio y naturalización que puede esconderse detrás de ciertos rituales deportivos. La denunciante, que al momento del episodio tenía 16 años, fue categórica al desmentir cualquier tipo de consentimiento frente a versiones que intentaron relativizar lo ocurrido. "No, en absoluto. Imagínense, si hubiese sido consentido, no hubiese denunciado", afirmó.

El Club Alemán de Mendoza, donde se denunciaron los abusos a una menor de edad durante un bautismo de hockey femenino.

Y reforzó: "Nunca supe a lo que iba. Nunca hubo una charla previa de: 'Bueno, chicas, les vamos a hacer esto, ¿están de acuerdo?' Nunca". Su relato describe un escenario de vulnerabilidad extrema. "Yo pensé que iba a que me tiñan el pelo. Y cuando entré fue completamente distinto. Ya habían cerrado la puerta, ya estaba vendada, ya me había sacado la remera, ya estaba semidesnuda", recordó en diálogo con Infobae. 

La situación, lejos de ser un "juego", como sostienen desde el entorno de las acusadas, se transformó en una experiencia límite: "Es muy difícil también siendo adolescente, dieciséis años, estando vendada, o sea, tenés un sentido menos, no tenés proporción del espacio, tenés a diez adultas, riéndose, diciéndote cosas". Uno de los pasajes más duros del testimonio revela la dinámica del hecho dentro del vestuario: "Estaba vendada, estaba sentada y siento que me abren la calza". 

Según contó, nunca dio "consentimiento, nada, me abren la calza y me meten algo desde el ombligo hasta la entrepierna". Y agregó: "Sé que era una morcilla porque por abajo podía ver un poco, que me la quiero correr. Una de las chicas me dice: 'No, no te la puedes correr'. Y le digo: 'Me está incomodando, no quiero'. Dice: 'No, no, dejátela, dejátela'". La escena, lejos de ser interpretada como una broma, es señalada por la denunciante como una situación de abuso

La joven no dudó en marcar el carácter sexual de la situación, en contraposición con quienes intentan desdramatizarla: "Me dio asco. De hecho, después, me da risa cuando dicen que no tuvo connotación sexual, porque todos los comentarios eran justamente sexuales". Y advirtió sobre el riesgo de justificar estos episodios: "Me parece que es un mensaje muy peligroso que está dando esta mujer (...) porque me parece que naturalizar este tipo de ritos no está bien. Me indigna, no solo como víctima, sino como mujer".

Del otro lado, la madre de una de las imputadas rechazó la acusación y defendió la idea de que se trató de prácticas consensuadas. "Ella (la denunciante) está tergiversando lo que sucedió, en parte miente", aseguró. Incluso relativizó uno de los elementos centrales del relato: "Hubo morcillas, pero no las metieron en las partes íntimas". Y sostuvo que se trató de "juegos", al afirmar que "fue totalmente voluntario".

Sin embargo, el expediente judicial, que había sido archivado en un primer momento, fue reabierto y avanza con imputaciones por abuso sexual. Según la denunciante, el proceso todavía está en desarrollo: "Según tengo entendido, fueron seis de ellas a la imputación y debido a que también tenían que tomarles las declaraciones, tardaron, entonces fueron solamente dos. Desconozco si en estos días las han vuelto a citar".

El impacto no es solo judicial, sino también emocional y social. La joven remarcó que nunca recibió disculpas: "Nadie se acercó para pedirme perdón. No ha habido ningún signo de arrepentimiento, lo cual a mí personalmente me preocupa". Y describió el después inmediato al episodio: "Me puse una bolsa de consorcio encima para que la gente no pudiera verme y me fui al otro baño. Al principio, estábamos calladas, muy angustiadas".

La cancha de hockey del Club Alemán de Mendoza, donde ocurrieron los abusos durante el "bautismo".

Denunciar, además, no fue un camino sencillo. "Denunciar es mucho más complejo, porque salís de tu grupo, porque tus papás quizás son amigos de los papás de los que te hicieron esas cosas", explicó, dejando en evidencia las presiones sociales que rodean estos casos y que muchas veces terminan silenciándolos. Mientras la Justicia avanza y se definen las responsabilidades, el caso ya generó repercusiones más allá del expediente. La discusión pública sobre estos rituales comenzó a ganar espacio y abrió la puerta a iniciativas para regular y prevenir situaciones de abuso en ámbitos deportivos.