Shadya Altamirano debería haber celebrado sus 30 años rodeada de su familia, bailando folclore como tantas otras veces. En cambio, su historia terminó en un terreno frente a su casa, en Pinto, Santiago del Estero, donde su padre encontró su cuerpo el sábado 11 de abril. Tenía apenas un mes desde que había denunciado a su ex pareja por difundir videos íntimos. Un mes que, según su familia, no alcanzó para contenerla ni para protegerla. "Todo el pueblo sabe de mis cosas íntimas", repetía una y otra vez. Esa frase, reconstruida por su madre, resume el espiral de angustia que la empujó hacia el desenlace.
La causa, que investiga la Justicia provincial, se inició tras la denuncia que la joven presentó el 1° de marzo en la Comisaría Comunitaria N° 15 de Pinto. Allí acusó a su ex pareja de "amenazas", un día después de que -según sostiene la familia- el hombre difundiera fotos y videos sexuales en un grupo de WhatsApp. Desde el Ministerio Público Fiscal informaron que se le ofrecieron medidas de protección, entre ellas un botón antipánico. Sin embargo, la joven rechazó esa herramienta y firmó el acta correspondiente. Para su entorno, esa negativa no puede leerse como desinterés, sino como parte de un cuadro de vulnerabilidad que ya había sido advertido.
Días antes de la tragedia, su madre, María Verónica Rodríguez, se había presentado en una comisaría para alertar sobre el estado emocional de su hija. Dejó asentado que había atravesado un tratamiento psiquiátrico por trastorno obsesivo compulsivo, que no lo había completado y que había tenido intentos de autolesión. La alarma estaba encendida. Pero nada alcanzó. "Desde los 16 años andaba con un noviecito, pero nunca lo presentó de manera formal. Era una relación enfermiza, iban y venían", relató la madre. Y fue más allá: "Ella lo amaba" y él "era de esos chicos que la usaba, la tenía, le hacía probar estupefacientes".
La denuncia familiar también apunta a un dato que agrava el contexto: el hombre acusado "es familiar de la fiscal general de la Circunscripción de Añatuya (María Emilia Ganem)" y, según Rodríguez, "hacía alarde de eso y decía 'a mí nadie me va a hacer nada'". Mientras tanto, desde la Justicia sostienen que "no consta ingreso de petición de medidas de protección" posteriores a la denuncia, según indicaron las juezas Ana María González Ruiz y Gladys Alami. La contradicción entre las versiones abre un interrogante inquietante: ¿hubo fallas en el sistema o una cadena de omisiones?
Para la familia, la respuesta es contundente. "Que se sepa que el Estado no hizo nada, guardaron y callaron todo porque es un hijo del poder. Mi hija estaba llena de vida y tomó esta decisión por un cúmulo de cosas que venía padeciendo. Ella decía: 'Todo el pueblo sabe de mis cosas íntimas'", insistió su madre. Shadya no dejó ninguna carta de despedida. "Creemos que fue un impulso", dijo Rodríguez entre lágrimas. Pero ese "impulso" no surgió de la nada: fue el resultado de una exposición brutal, de una violencia íntima convertida en espectáculo y de una sensación de desamparo que se volvió insoportable.
La joven, que se había recibido de abogada en 2024, también era bailarina, profesora de danzas folclóricas y parte del grupo Hermanos Altamirano junto a sus otros hermanos. "Somos una familia que ama el folclore", contó su madre. Su nombre, de origen árabe, significa "cantante". Tenía una vida por delante. Su muerte no es un caso aislado. Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio se consolidó como una de las principales causas de muerte entre jóvenes a nivel global. En Argentina, los datos también alarman: se trata de una de las primeras causas de muerte en adolescentes.
En ese contexto, la historia de Shadya expone una trama más profunda: la violencia digital sin control, la fragilidad de los mecanismos de protección y la lentitud de las respuestas estatales frente a situaciones urgentes. Hoy, su familia no sólo atraviesa el duelo. También reclama respuestas. "Pueden preguntar en el pueblo cómo somos como familia y quién era Shadya. Nos dejaron solos", cerró su madre.
Si vos o alguien que conocés está atravesando una situación de angustia o pensamientos suicidas, podés comunicarte con el Centro de Asistencia al Suicida al 135 (línea gratuita) o al (011) 5275-1135. También es importante acudir al centro de salud más cercano. Hablar y pedir ayuda puede hacer la diferencia.