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Un arma, cuatro disparos y varios escenarios: la secuencia del horror que terminó con la vida de Ian Cabrera

La reconstrucción judicial revela cómo se desarrolló el ataque, el rol clave de un auxiliar que evitó una masacre mayor y el vacío legal frente a un agresor no punible.

31 Marzo de 2026 10:50
Ian Cabrera

No fue un estallido aislado. Fueron segundos que se estiraron como una eternidad. En la Escuela N° 40 de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, un adolescente de 15 años ingresó armado, disparó dentro de un baño, persiguió a sus compañeros y terminó matando a Ian Cabrera, de apenas 13 años. La escena -que inevitablemente remite a la Masacre de Carmen de Patagones- fue reconstruida en detalle por el fiscal regional Carlos Vottero, quien aportó las primeras certezas al caso. "Tenemos certeza respecto del arma utilizada. Es una escopeta calibre 12/70 de dos caños superpuestos. Se habrían efectuado cuatro disparos", precisó en diálogo con radio Mitre.

El arma no llegó en un estuche, como se dijo en un primer momento. El atacante la llevó en su mochila escolar. La secuencia comenzó en un baño. Ahí, según la investigación, el adolescente ensambló la escopeta, se colocó un cinturón con cartuchos y se preparó. El primer disparo fue dentro de ese espacio cerrado. Los perdigones se dispersaron. Tres chicos resultaron heridos. Entre ellos, Ian. Herido, intentó escapar. Pero no llegó. A pocos metros de la puerta del baño, el atacante volvió a disparar. Ese segundo tiro fue el que, según la reconstrucción preliminar, le provocó la muerte.

Después vendrían otros dos disparos, desde un ventanal hacia el patio. Allí, por azar o por distancia, no hubo más víctimas. Pero el daño ya estaba hecho. La secuencia pudo haber sido mucho peor. Lo dicen los investigadores. Lo repiten los testigos. Y lo confirma Fabio Barreto, el encargado de mantenimiento que decidió intervenir cuando todo era caos. "Me apuntó, pero no llegó a gatillar", contó en declaraciones realizadas el lunes.  Barreto escuchó las detonaciones mientras trabajaba. Al principio creyó que algo se había caído. Después vio a los chicos correr. Y entendió: "Vi que los chicos empezaron a correr hacia afuera y que el alumno tenía un arma y estaba tirando".

Entonces hizo lo impensado: lo enfrentó. "En ese momento, mi reacción fue encararlo y sacarle el arma. Llegué a escuchar cuatro disparos y ya había cargado para tirarme a mí", contó.  El adolescente tenía un cinturón con cartuchos y "cargaba rápido". Sabía lo que hacía. O al menos, sabía usar el arma. Pero algo falló. "Cuando yo salí corriendo se frenó y me apuntó, pero no llegó a gatillar porque lo reduje". Tras ser reducido, el agresor no opuso resistencia. Según el fiscal, estaba desorientado. "Estaba muy desorientado, no sabía lo que hacía. Me dijo que había salido a cazar el fin de semana", relató Barreto en diálogo con Eduardo Feinmann.

El joven fue trasladado a un centro especializado para menores. No irá preso. La razón es legal: es inimputable. Aunque Argentina aprobó recientemente una ley para bajar la edad de imputabilidad, todavía no está vigente. Por eso, el caso no tendrá una condena penal tradicional. El proceso se limitará a medidas de protección. El propio fiscal explicó que el objetivo será evitar que el adolescente regrese a San Cristóbal y garantizar contención tanto para él como para las víctimas. El entorno del agresor dibuja un perfil que descoloca. "Era una persona introvertida, que pasaba mucho tiempo frente a la computadora y tenía muy pocos amigos", sostuvo su abogado, Néstor Oroño.

También confirmó que estaba "bajo tratamiento psicológico", con antecedentes de autolesiones e intentos de suicidio, y que sufría bullying. El arma, en tanto, pertenecía a su abuelo. Una escopeta guardada en su casa. Accesible. Ian Cabrera tenía 13 años, cumplidos el 2 de enero. Su padre trabaja en la Municipalidad. Su madre es docente.
Una familia conocida en la ciudad. "Nos toca de lleno lo que es dolor de esta familia porque la conocemos", dijo el secretario de Gobierno local. San Cristóbal quedó en shock porque lo que ocurrió no es frecuente, pasó dentro de una escuela, fue entre chicos y omo advirtió el propio fiscal, se trata de "hechos excepcionales" en la Argentina.