Big Bang! News
Más
Silencio institucional

Desvío de fármacos, fiestas clandestinas y hermetismo institucional: la tragedia de un residente destapa un circuito oscuro en hospitales porteños

Un joven médico fue hallado muerto tras una sobredosis de anestésicos.

por Alejo Paredes

31 Marzo de 2026 09:21
Desvío de fármacos, prácticas clandestinas y un silencio institucional
Desvío de fármacos, prácticas clandestinas y un silencio institucional

El cuerpo estaba en su casa. Solo. Conectado a una bomba de infusión. La escena, que parece salida de un quirófano, no ocurrió en un hospital sino en la intimidad de un departamento. Allí fue encontrado muerto Alejandro Zalazar, anestesiólogo de guardia del Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez y ex residente del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia. Tenía en su organismo una combinación letal: propofol y fentanilo, dos drogas de uso estrictamente médico que, mal administradas, pueden apagar la respiración en cuestión de minutos. 

Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia
Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia

La muerte no tardó en sacudir los pasillos de los hospitales porteños. Pero hacia afuera, el silencio fue casi total. El propofol y el fentanilo son herramientas cotidianas en anestesiología. Utilizados bajo control, permiten realizar desde estudios simples hasta cirugías complejas. Pero fuera de ese entorno, sin monitoreo adecuado, pueden provocar apnea: una depresión respiratoria que exige intervención inmediata. Eso es lo que, según fuentes médicas, ocurrió con Zalazar.

Una sobredosis. Una respiración que se detuvo. Y nadie para asistirlo. En los procedimientos clínicos, cuando un paciente deja de respirar, hay protocolos claros: ventilación asistida, monitoreo constante, personal entrenado. En ese departamento, en cambio, solo había una bomba de infusión funcionando. La tragedia abrió una puerta inesperada. Los insumos encontrados en la escena -las drogas, los dispositivos, incluso la bomba de infusión- no provenían del hospital donde el joven trabajaba. 

Sin ir más lejos, eran del Hospital Italiano de Buenos Aires. Ese dato encendió alarmas. ¿Cómo llegaron esos fármacos hasta allí? ¿Quién los retiró? ¿Con qué controles? La investigación interna, según fuentes del sector, apuntó rápidamente hacia un anestesiólogo de renombre, identificado como H.B., que ocupaba un cargo relevante en esa institución y que, tras conocerse el caso, presentó su renuncia. El hospital, hasta el momento, no emitió explicaciones públicas ni atendió a los llamados de este medio.

En ese universo aparecen las llamadas "Propo fest"
En ese universo aparecen las llamadas "Propo fest"

A medida que la noticia circulaba en grupos de médicos y residentes, comenzaron a emerger versiones inquietantes. Audios, chats y relatos que describen un circuito clandestino donde los anestésicos habrían dejado de ser herramientas terapéuticas para convertirse en sustancias de consumo recreativo. Una de las hipótesis que se baraja por estas horas habla de "experiencias controladas": encuentros privados donde se administraban dosis de propofol y fentanilo para inducir estados de relajación extrema, con la presencia de alguien encargado de intervenir en caso de que la respiración fallara.

Otra versión va más allá. Describe fiestas organizadas por profesionales de la salud -las llamadas "Propofest"- donde se utilizaban equipos médicos reales: bombas de infusión, monitores, sensores. Todo fuera del ámbito hospitalario. En esos encuentros, según los testimonios que circulan, siempre había una figura clave: alguien designado para "ambucear", es decir, asistir manualmente la respiración cuando los efectos de las drogas comenzaban a comprometer la vida. Una práctica que, en el caso de H.S., falló. O directamente no estuvo. Los relatos que se multiplican entre residentes dibujan una red que atraviesa varias instituciones.

Todo los insumos, según las primeras averiguaciones, provenía del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Todo los insumos, según las primeras averiguaciones, provenía del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Entre ellas, el Hospital Rivadavia, el Italiano, e incluso otros centros de salud. Hablan de desvío de fármacos, de consumo habitual, de controles burlados y de vínculos personales que mezclan jerarquías, dependencia y silencio. También aparecen denuncias graves: una presunta agresión sexual en uno de esos encuentros, encuadrada en un contexto de consumo, que habría precipitado la caída de uno de los médicos señalados. 

Nada de esto, por ahora, tiene confirmación judicial pública. Pero tampoco desmentida institucional. Mientras en los grupos de WhatsApp médicos y de estudiantes de medicina, los audios se viralizan y reconstruyen los hechos con crudeza. "Había bombas de infusión, monitores y alguien encargado de ambucear", se escucha en uno de los audios. Es decir: una reproducción clandestina del quirófano, pero sin control institucional. Otra voz agrega: "Todo el material era del hospital".

Desvío de fármacos, prácticas clandestinas y un silencio institucional
Desvío de fármacos, prácticas clandestinas y un silencio institucional

Sin embargo, hacia afuera no hay comunicados, ni conferencias, ni explicaciones. Incluso, según relatan fuentes del ámbito sanitario, intentos de visibilizar la muerte del residente habrían sido rápidamente desactivados. Publicaciones eliminadas. Comentarios que no prosperan. Un pacto implícito de no exposición. La muerte de H.S. ocurrió hace semanas. Pero su historia todavía no tiene relato oficial. Lo que comenzó como una muerte individual hoy se perfila como algo más profundo: una posible falla sistémica en el control de sustancias críticas, en la supervisión de prácticas médicas y en los mecanismos de denuncia dentro de instituciones de salud. Se trata de una zona oscura donde el conocimiento médico -el mismo que salva vidas- puede, fuera de control, convertirse en una herramienta de riesgo extremo.

10