La caída en desgracia de Manuel Adorni es uno de esos episodios que parecen inverosímiles pero, en algunos casos, la realidad supera la ficción. El otrora poderoso jefe de Gabinete se encuentra ahora en uno de sus peores momentos y, al parecer, está más solo que Kung Fu en el día del amigo.
Eduardo Feinmann, ese periodista que nunca deja de sorprender con su habilidad para sacar a la luz los trapos sucios de los políticos libertarios, reveló que Adorni está considerando seriamente un cambio de aires.... Literalmente.
¿El destino? Nada menos que Uruguay, el tranquilo país vecino donde, según Feinmann, reside uno de sus mejores amigos, el periodista Marcelo Grandio, quien le pagó carísimos pasajes a Punta del Este con dinero del Estado. "Me cuenta Mariano Roa que aparentemente Manuel Adorni habría deslizado que se quiere ir a vivir a Uruguay", comentó Feinmann con sorna.
Pero, ¿qué lleva a un hombre como Adorni a considerar el exilio? Según Feinmann, la respuesta es simple: no puede caminar por las calles de Buenos Aires sin ser objeto de abucheos y descalificaciones. "Él mismo está diciendo 'no puedo caminar por la calle, me putean todos'", relató Feinmann, pintando una imagen casi tragicómica del exfuncionario.
Sin embargo, el camino hacia Uruguay no está exento de obstáculos porque las investigaciones judiciales en curso podrían complicar sus planes de cruzar el charco y,c como recordaron los panelistas del programa, "eventualmente, dependiendo de cómo vaya el marco de la causa, va a tener que pedir autorización judicial para ausentarse de su domicilio". Palabras más, palabras menos... Adorni podría quedar atrapado en el país si los jueces consideran que existe riesgo de fuga.
Rápida vuelta de página
Mientras tanto, el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, ya marca la cancha. En una reciente entrevista con TN, Ravier dejó claro que la era Adorni quesó atrás y que el enfoque comunicacional del gobierno de Javier Milei será menos "chocante": "Con Santilli vamos a intentar ser menos chocantes", señaló Ravier, sugiriendo que la administración anterior -quizás- se pasó un poco de la raya.
Consultado sobre la salida de Adorni, Ravier optó por la diplomacia al reconocer que el exvocero tuvo "una primera etapa positiva dentro del Gobierno". No obstante, rápidamente desvió la conversación hacia el futuro: "Hay que dejar de hablar de Adorni, la gente quiere hablar de otra cosa", afirmó, en un intento poco disimulado de cambiar de tema.
En este juego de tronos argento, donde las lealtades se desvanecen más rápido que las promesas electorales, Manuel Adorni parece haberse convertido en un personaje incómodo del que todos prefieren distanciarse y ahora, su posible mudanza a Uruguay no solo simboliza un intento por escapar del escrutinio público y judicial, sino también una metáfora perfecta del estado actual de su carrera política: un barco a la deriva buscando un puerto seguro.