Saluden a la soberanía argentina que se va. En un sólo acto político, el presidente Javier Milei marcó un funesto hito en la historia diplomática: se convirtió en el primer mandatario del país en asistir a la celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos, anticipadamente, en la residencia del embajador estadounidense en Buenos Aires. El evento, que tuvo lugar en el emblemático Palacio Bosch, fue bastante bizarro pues incluyó bailecitos y celebración mientras -por ejemplo- los trabajadores del CONICET denuncian vaciamientos y despidos masivos en diferentes áreas del desarrollo científico argentino.
La jornada comenzó horas después de la ceremonia de juramento de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, tras lo cual Milei se dirigió al evento acompañado por una nutrida representación de su gabinete. Entre los asistentes se encontraban el canciller Pablo Quirno, Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad; Carlos Presti, ministro de Defensa; Federico Sturzenegger, ministro de Modernización; Mario Lugones, ministro de Salud; el asesor presidencial y monotributista Santiago Caputo y Leandro Cifelli, secretario de Cultura. Santilli llegó posteriormente, permaneciendo brevemente antes de retirarse.
La celebración fue todo... menos convencional. Al ritmo del icónico Y.M.C.A. de Village People, los hermanitos Milei se vieron muy vivarachos destapando cuadros con la cara de Trump y del mismísimo presidente argentino, mientras los flashes de las cámaras capturaban cada momento de su entusiasmo. La velada incluyó actuaciones de Jefferson Starship, la legendaria banda de rock, y hasta una presentación especial de Fátima Flórez, que se sacó una peluca frenéticamente tal como lo hace en cada uno de sus shows.
El embajador Peter Lamelas, anfitrión de la noche, ofreció un discurso que no dejó espacio para ambigüedades sobre su misión en Argentina: "El presidente Donald Trump me envió aquí a la República Argentina con una misión clara: avanzar la relación entre los Estados Unidos y la Argentina, apoyar esta nueva etapa de cambio y de transformación, y trabajar junto con el gobierno del presidente Milei para fortalecer una alianza", afirmó Lamelas. Además, hizo hincapié en que "America First no significa América solo, significa América unidos con nuestros socios".
En la misma línea, Lamelas expresó: "Es ahora el momento de confiar en la Argentina. Es ahora el momento de invertir en la Argentina. Es ahora el momento de abrir puertas y cerrar acuerdos, generar empleos y construir juntos".
La sorpresa de la noche fue un mensaje en video del propio Donald Trump que presentó Iván de Pineda quien ofició como conductor del evento. Aunque no mencionó específicamente a Argentina, sus palabras resonaron en el contexto del evento: "Los sucesos del 4 de julio de 1776 no solo fundaron los Estados Unidos de América, sino que pusieron en marcha una revolución de la libertad humana en todo el mundo. Antes de la Revolución Americana, prácticamente todo el mundo, a lo largo de la historia, estaba gobernado por reyes. Dicen que soy un rey, ¡yo no soy un rey!", expresó Trump. Su mensaje continuó con un agradecimiento a los aliados internacionales y un compromiso para seguir fortaleciendo las relaciones bilaterales.
La política champagne de los '90 volvió a pisar fuerte pero con mucha más fuerza simbólica que la de Carlos Saúl Menen. Así, los colores de la bandera argentina intentaron combinar con la tricolor estadounidense pero ni los bailecitos, ni las presentaciones exuberantes de Fátima Florez lograron tapar la crisis económica y de empleo que tiñen al pueblo a la salida de la Embajada de Estados Unidos a la que fue a celebrar el presidente Javier Milei y su gabinete de lúgubres funcionarios.