El Coro Nacional de Niños dejó de funcionar después de casi seis décadas de historia. No fue un cierre repentino: fue un desguace lento, sostenido durante años, que comenzó con la prohibición de incorporar nuevas voces y terminó con una formación reducida, sin becas, sin ensayos y finalmente sin futuro. En la última sesión de la Comisión de Cultura de Diputados, los integrantes del coro ofrecieron una canción que, tristemente fue desoída por el sector político de La Libertad Avanza.
Es en este contexto es que la historia de Graciela Tomassini Vilariño, que acompañó durante nueve años a su hija, Renée Lencina Tomassini, toma completa relevancia. En diálogo con BigBang, relató cómo las familias fueron viendo que el organismo se apagaba frente a sus propios ojos.
"En realidad esta noticia del cierre del coro nacional de niños, la veníamos temiendo desde hace más bastante tiempo, más de 1 año porque hace 4 años que no permiten que al Coro Nacional de Niños ingresen nuevas voces", explicó.
El coro fue creado para contar con 40 voces blancas, es decir, voces infantiles. Los niños ingresan, se forman, acompañan a los más chicos y egresan cuando atraviesan la adolescencia y cambia su registro vocal. Sin nuevos integrantes, ese ciclo virtuoso quedó interrumpido.
"Entonces, iban egresando, pero no había nuevas voces. No había este mecanismo virtuoso de, bueno, egresan, en los últimos años los que egresan enseñan a los los novatos y así se generaba una sinergia muy productiva, de chico a chico además de con la directora", contó Graciela.
La falta de incorporaciones produjo una reducción progresiva de la formación. En el último año, apenas 18 chicos debieron cantar repertorios pensados para 40 voces: "En el último año trataron de cantar 18 chicos como 40: 'Ya no podemos gritar más, no se nos escucha', decía mi hija, claro, porque son piezas complejas, de muchas voces, de varias cuerdas y cada uno cumple una función", relató la madre.
Los chicos continuaron ensayando mientras sostenían su escolaridad y atravesaban enfermedades propias de la infancia. Pero la exigencia aumentó y la preocupación se instaló dentro del grupo: "Fue un real vaciamiento, año a año. Son cuatro años que los chicos vienen sufriendo esto, sin explicación porque ninguna explicación, salvo la promesa de que 'lo vamos a solucionar' y 'queremos seguir teniendo coro nacional de niños'", señaló.
Durante ese tiempo, las familias recibieron como argumento la llamada ley Batakis y la supuesta imposibilidad de incorporar trabajadores al Estado. Sin embargo, según Graciela, consiguieron una excepción para evitar la extinción del coro.
"Nosotros conseguimos que se nos diera una excepción y aún así desde la dirección de elencos estables nunca se apoyó que ingresaran, porque se cajoneaban los expedientes, pedían chicos y los expedientes los cajoneaban, o sea, no progresaban", denunció la madre que también cuestionó la falta de respuestas de las autoridades: "Se pedían explicaciones, la callada por respuesta".
Cronología de un cierre anunciado
El proceso se profundizó este año. En enero, los chicos dejaron de cobrar sus becas. En marzo, sin embargo, retomaron los ensayos y la temporada de conciertos con el mismo nivel de exigencia. "En enero dejaron de pagarles la beca pero los chicos siguieron cantando y tenían programa y tenían fechas para conciertos. En marzo ingresaron otra vez como todos los años hacer la temporada de conciertos y de ensayos, siguieron ensayando con la misma calidad de siempre, la misma cantidad de horas de siempre con una visión de conciertos", detalló Graciela.
El quiebre llegó durante la Semana Santa: "Pero el miércoles a la noche antes de Semana Santa de este año, en abril, recibimos una una oración escueta que decía que se nos prohibía la entrada a los ensayos", contó.
El mensaje llegó por correo electrónico durante la noche y, según su relato, no incluyó explicaciones ni un encuadre institucional: "19 años de compromiso, sin más, sin una explicación, nunca ninguna palabra de acercamiento", expresó.
La notificación final llegó el 30 de julio. Para las familias, fue la confirmación de algo que venían denunciando desde hacía años: el cierre no fue una decisión repentina, sino la consecuencia de una política de vaciamiento.
Graciela apuntó directamente contra Mariela Florencia Bolatti, directora general de Elencos Estables, a quien responsabilizó por haber frenado el ingreso de nuevos niños y por sostener durante años un discurso que, según denunció, no se correspondía con las decisiones tomadas.
"Yo creo que esta directora es la señora Bolatti, la responsable directa del coro y hace 4 años que nos viene engañando, diciendo que no lo va a cerrar, pero haciendo todo lo contrario", afirmó y también planteó una situación que, según su relato, agrava la indignación de las familias: "Mientras que a nosotros nos decían que no podían entrar chicos y se amparaban en la en la ley Batakis para que los chicos no pudieran entrar al coro, ella hizo entrar a su hija al Estado como empleada y trabaja con ella".
Pero para las familias, la contradicción es evidente: mientras se impedía la incorporación de niños al coro con el argumento de limitar el ingreso al Estado, se habría producido el ingreso de la hija de la funcionaria. "A mí no se me ocurriría -si estoy diciendo y defendiendo la reorganización del Estado- la eficiencia, el que no puedan entrar gente al Estado para no llenarlo de empleados y que el Estado tenga gastos (...) cómo ella no se aplica a ella y a sus familiares el mismo discurso", cuestionó Graciela.
Por qué era importante para la Argentina
El Coro Nacional de Niños fue creado en 1967 como socio artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional. La formación permitía interpretar obras de la literatura musical universal que requieren voces infantiles y cumplía una función específica dentro del sistema artístico estatal.
"Este coro fue fundado como un socio artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional", explicó Graciela. Y agregó: "Las voces de los niños van a acompañar a la orquesta sinfónica. Son socios artísticos". Durante 59 años, el coro representó al país en conciertos, giras nacionales y presentaciones internacionales. "Es un coro de gran entrenamiento vocal y de gran rendimiento", señaló la madre, quien cuestionó que se cierre un organismo "sin una mancha, sin un problema representando a la Argentina a nivel nacional como representando a la Argentina en el exterior".
Para Graciela, la pérdida no afecta solamente a las familias de los niños que cantaban. "En la sociedad creo que todas las personas que valoran la cultura y apoyan el crecimiento de las infancias no pueden estar contentas por esto", sostuvo.
Y explicó: "Los chicos necesitan espacios de referencia, necesitan espacios de convivencia, de aprendizaje donde se aprende disciplina, donde se aprende compromiso, donde se aprende a que el todo es más que la suma de las partes y que cada parte debe debe de estar comprometida para que el todo funcione bien". La experiencia coral, según su relato, construye comunidad: "Hay un espíritu colectivista que se fomenta a través del canto coral. Son espacios de referencia de contención y de también de mucho crecimiento en disciplina, en herramientas que pueden servirle a los chicos para toda la vida".
La pregunta que ahora deben responder las familias es qué se les dice a los chicos que perdieron un espacio que atravesó toda su infancia. Graciela no oculta la dificultad: "Creeme que es una labor difícil poder explicar, a mí me parece inexplicable". La identidad de los niños estaba ligada al coro: "Yo conozco el compromiso de los chicos por un lado, todo lo que los chicos ponen en el compromiso tan fuerte que tienen con el coro y cómo el coro atraviesa todas las etapas de la infancia y la adolescencia de los niños, la identidad que tienen como parte del Coro Nacional de Niños", relató. Ahora, los padres intentan acompañar una frustración que no provocaron sus hijos. "Es muy difícil para los chicos, los padres tratamos de acompañar esta frustración", expresó.
Argentina, gobernada por Javier Milei perdió solamente un elenco estable pero sobre todo perdió un espacio de formación artística, disciplina, convivencia y pertenencia para generaciones de niños. El coro no se apagó por falta de voces: se quedó sin voces porque el Estado dejó de permitir que ingresaran nuevos chicos.
Y esa es la bronca que queda después de la tristeza. Según el relato de las familias, durante cuatro años hubo advertencias, expedientes cajoneados, promesas incumplidas, becas suspendidas y decisiones que fueron vaciando una institución hasta volverla inviable. El Coro Nacional de Niños llegó a los 59 años, pero no pudo llegar al siguiente concierto.