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Las confesiones del represor Donda: admitió que en la ESMA también se llevaban a los bebés de los secuestrados

El ex jefe de Operaciones del grupo de tareas declaró en Comodoro Py y, entre evasivas, reconoció que los niños eran llevados al centro clandestino. Su defensor llamó "terroristas" a las víctimas.

05 Noviembre de 2026 09:38
ESMA

Llegó a Comodoro Py de traje impecable, como si el tiempo no hubiera pasado. Adolfo Donda tiene 80 años, cumple prisión perpetua en el pabellón B de la Unidad 34 de Campo de Mayo y este miércoles decidió declarar en indagatoria. 

Detrás de su apariencia prolija estaban los años en que fue jefe de Operaciones del grupo de tareas de la ESMA, el centro clandestino de detención más lúgubre de la última dictadura cívico-militar. Y en medio de su declaración, casi al pasar, dejó caer una confesión: los niños eran secuestrados.

El juicio investiga el saqueo de los bienes de los desaparecidos y, particularmente a Donda se lo acusa de haber obligado a Víctor Basterra a entregar la casa de Valentín Alsina donde vivía cuando lo secuestraron, el 10 de agosto de 1979; fue su madre, Aída Aguirre quien firmó los papeles en una escribanía a la que la llevó el prefecto Juan Antonio Azic. No sólo no recibió dinero por esa transacción sino que fue vilmente engañada pues su hijo quedaría libre a fines de 1980 con la recuperación de la democracia.

ESMA

Donda empezó con una larga exposición en la que se presentó como víctima de una persecución basada en los dichos de Basterra. Pero después tuvo que responder las preguntas del fiscal Félix Crous, que fue directo: si sabía que Basterra había estado cautivo en la ESMA con su hija. "Sí, Basterra fue detenido y llevado a la ESMA con su mujer y una beba de dos meses", respondió el represor. Enseguida intentó aclarar que lo recordaba porque había leído la causa.

La frase siguiente fue todavía peor. Al hablar de los operativos en los que también se llevaban a las parejas y a los hijos de los perseguidos, Donda dijo: "Generalmente en algunas detenciones se daban esos casos". Así, en pocas palabras, admitió que los niños eran parte de las detenciones de la maquinaria de muerte de la Armada.

Al discutir los testimonios sobre los cuatro días que Dora Laura Seoane y su beba María Eva pasaron en el centro clandestino, volvió a tropezar con su propia memoria: "La beba y la mujer, fuera quien fuera, más de dos días no estaban".  

Adolfo Donda

La ESMA fue un lugar donde hubo niños secuestrados y donde nacieron bebés; incluso llevaban allí a mujeres embarazadas desde otros centros clandestinos para que parieran antes de desaparecer. Donda conoce esa historia de cerca: su cuñada, María Hilda Pérez, fue secuestrada por la Aeronáutica y trasladada a la ESMA, donde dio a luz a su segunda hija, Victoria Donda; la beba fue apropiada por el mismo Azic. Por esa apropiación, el represor ya fue condenado a 15 años de prisión.

En la indagatoria, Donda también reconoció que fue él quien dio las órdenes para hacer la inteligencia previa al secuestro de la familia Basterra. Según su versión, esa noche estuvo en la vereda de enfrente mientras la patota entraba a la casa. 

El procesamiento que dictó en 2007 el juez Sergio Torres cuenta otra historia. Seoane declaró que un hombre al que llamaban "Gerónimo", y que después supo que era Donda, la encerró con su beba en una habitación, después le ordenó que juntara las cosas de la nena y las subió a las dos a un auto rumbo al campo de concentración. No fue un testigo lejano: según la víctima, fue quien se la llevó.

Madres de Plaza de Mayo

 

Su defensor, Guillermo Fanego, completó la escena con una frase que parecía de los años setenta: "No eran población civil, eran delincuentes terroristas que combatieron". Es el mismo argumento que la Justicia argentina rechazó una y otra vez desde el Juicio a las Juntas, y que choca con algo que no admite discusión: las bebés de meses que llevaron a la ESMA no combatieron contra nadie.

Casi medio siglo después, Adolfo Donda sigue sin reconocer del todo lo que hizo, pero en una sala de Comodoro Py dejó escapar parte de la verdad. Las abuelas siguen buscando a más de 300 nietos y nietas apropiados, y cada palabra de los represores puede ser una pista: sin verdad no hay justicia, y sin justicia no hay Nunca Más.