Diego Hartfield protagonizó una de esas escenas que la política argentina ofrece con una generosidad conmovedora: un deportista que pudo desarrollarse gracias a la ayuda estatal y que, años después, llegó al Congreso para explicar que la asistencia pública puede ser un problema. El extenista, actual diputado nacional de La Libertad Avanza por Misiones, defendió el ajuste y cuestionó el apoyo económico a los clubes de barrio.
Durante una reunión de la Comisión de Deportes, de la que es vicepresidente segundo, Hartfield sostuvo que la prioridad del Gobierno debe ser ordenar las cuentas públicas. "Nuestra postura es tener las cuentas ordenadas", afirmó. Hasta ahí, una defensa clásica del libreto libertario: déficit malo, gasto peor y Estado siempre bajo sospecha.
Pero cuando se refirió a los subsidios, fue todavía más contundente. Aunque reconoció que los atletas atraviesan "momentos difíciles", lanzó: "Lamentablemente, vivir de subsidios puede tener sus costos". La frase cayó fatal entre los presentes que abogaban por mayores becas sobre todo después del triunfo mundial de Las Leonas que pidieron, justamente una beca que se ajuste a las posibilidades de deportistas de alto rendimiento. Es en este contexto que fue bastante difícil de olvidar la biografía del propio jugador.
Cabe recordar que Hartfield nació en Oberá y comenzó a entrenarse con enormes dificultades. Durante su adolescencia viajaba alrededor de 100 kilómetros por día desde su ciudad hasta Posadas para poder practicar. A los 16 años se mudó a Buenos Aires para dedicarse de lleno al tenis y obtuvo una beca que le permitió vivir durante dos años en el CeNARD junto con otros jóvenes deportistas.
Ese respaldo no fue un detalle menor ni una anécdota administrativa: la beca y la posibilidad de residir en una institución estatal le permitieron intensificar su preparación, sostener su carrera y acercarse al circuito profesional. Es decir, cuando el Estado puso una cancha, una cama y recursos, Hartfield no lo llamó "costo": lo llamó oportunidad.
Los resultados llegaron años después. En 2006 ganó el Challenger de Atlanta, se clasificó a Roland Garros y hasta enfrentó a Roger Federer, que entonces era el número uno del mundo. En 2007 alcanzó el puesto 73 del ranking ATP, la mejor posición de su carrera.
"Tiró la piedra y escapó"
La contradicción fue expuesta por el diputado Jorge Araujo Hernández, de Tierra del Fuego (Unión por la Patria); el legislador recordó que Hartfield había recibido una ayuda estatal determinante durante su adolescencia, pero cuando llegó el momento de responder, el extenista ya no se encontraba en el reciente. Araujo lo resumió con una frase impepinable: "Tiró la piedra y escapó como rata por tirante".
Lo cierto es que Hartfield cambió mucho su perfil después de haberse retirado del tenis: pasó por la televisión, luego se volcó al mundo financiero y allí comenzó su otra vida invirtiendo sus ahorros en la Bolsa, se capacitó, obtuvo la licencia correspondiente y transformó esa actividad en su nuevo oficio. Más tarde se acercó a Javier Milei y llegó a ocupar una banca por La Libertad Avanza.
Ahora defiende el equilibrio fiscal, la reducción del gasto y el recorte de la asistencia a clubes de barrio. La paradoja es casi perfecta: el Estado lo ayudó a salir de Oberá, a instalarse en Buenos Aires y a convertirse en profesional; él llegó al Congreso para explicar que vivir de subsidios puede tener sus costos. Diego Hartfield parece haber recorrido una curiosa evolución política: de becado estatal a financista, de financista a libertario y de libertario a diputado que cuestiona las herramientas que alguna vez le permitieron progresar.