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"La tecnología no reemplaza el vínculo humano"

"El buen criterio médico es irremplazable": el impacto de la IA y la salud digital en la medicina

El neurólogo Mauricio Farez advirtió sobre los riesgos de confiar ciegamente en algoritmos, defendió el valor irremplazable del juicio clínico y sostuvo que la medicina "puede ser más humana" gracias a la tecnología si se la regula correctamente.

30 Abril de 2026 10:20
El impacto de la IA y la salud digital en la medicina

La medicina ya cambió. La consulta dejó de ocurrir exclusivamente dentro de un consultorio y empezó a expandirse hacia pantallas, aplicaciones, relojes inteligentes y sistemas de Inteligencia Artificial capaces de interpretar síntomas en segundos. En ese nuevo escenario, el neurólogo y médico tecnólogo Mauricio Farez (M.N. 121.843) planteó una advertencia central: "La tecnología no reemplaza el vínculo humano; lo expande".

El impacto de la IA y la salud digital en la medicina

En una extensa entrevista con BigBang, el especialista analizó cómo la salud digital está transformando la práctica médica, cuáles son los riesgos del avance acelerado de la Inteligencia Artificial y por qué el sistema sanitario todavía está lejos de adaptarse completamente a esta nueva etapa. "El acto médico ya no ocurre solamente cuando un paciente se sienta frente a un médico en un consultorio o en una camilla", explicó Farez. "También puede ocurrir cuando un profesional interpreta datos de monitoreo remoto, revisa una historia clínica digital, orienta a un paciente por videollamada o participa en una tele-interconsulta con otro especialista", añadió. 

Para el neurólogo, el cambio de paradigma es profundo porque modifica la relación entre médico y paciente. "La relación médico-paciente deja de estar limitada a un lugar físico y a un momento puntual", señaló. Y agregó: "Antes, gran parte del vínculo ocurría dentro del consultorio o en el domicilio. Hoy puede empezar antes, con datos que el paciente trae de una app o de un dispositivo, continuar durante una teleconsulta y seguir después con monitoreo remoto, mensajes, historia clínica digital o alertas. Esto no necesariamente es algo negativo, sino que abre una oportunidad enorme para una medicina más continua, más preventiva y más centrada en el paciente". 

El impacto de la IA y la salud digital en la medicina

Sin embargo, remarcó que el desafío consiste en evitar que la medicina se convierta en una experiencia "fría, fragmentada o puramente transaccional". Las definiciones de Farez llegan en un contexto donde la Sociedad Argentina de Cardiología publicó su primer Consenso de Salud Digital, un documento que intenta establecer criterios para ordenar el avance tecnológico dentro del sistema sanitario. El texto reconoce como "actos médicos plenos" prácticas que hasta hace pocos años eran consideradas complementarias o excepcionales: teleconsultas, teleinterconsultas, telemonitoreo, telegestión y teleeducación.

Para Farez, ese reconocimiento es indispensable porque hoy existe una contradicción entre la práctica cotidiana y el sistema de remuneración médica. "Muchos médicos ya hacen teleconsultas, responden mensajes, revisan estudios digitalizados, monitorean pacientes o cargan información en sistemas, pero no siempre ese tiempo es reconocido como trabajo profesional pleno", sostuvo. Y fue todavía más contundente al advertir: "La salud digital no puede apoyarse en trabajo invisible. Si una teleconsulta o el acto de hacer una prescripción médica requiere criterio clínico, tiempo, responsabilidad legal y seguimiento, debe ser remunerada de manera acorde".

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El especialista incluso planteó el dilema ético y económico que enfrentan muchos profesionales. "Hacer venir de lejos a un paciente a la consulta simplemente para renovar una medicación crónica que toma desde hace años, puede parecer una crueldad, pero también lo es pretender que un médico trabaje de manera gratuita", explicó. Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el avance de la Inteligencia Artificial en medicina. 

Para Farez, el verdadero rol de estas herramientas debería ser el de "copiloto clínico" y no el de reemplazo del profesional.  "La IA puede ayudar a ordenar información, sugerir diagnósticos diferenciales, detectar patrones en imágenes o resumir historias clínicas", indicó. Pero inmediatamente marcó un límite: "No debe presentarse como una autoridad incuestionable. En salud, una respuesta técnicamente convincente no alcanza: debe ser clínicamente válida, contextualizada y trazable". 

El neurólogo alertó especialmente sobre el fenómeno conocido como "alucinaciones" de la IA, es decir, respuestas falsas formuladas con apariencia de absoluta certeza. "Puede ser muy peligroso", afirmó. "Por eso es importante que los que desarrollan software médico puedan validar estas herramientas como dispositivos médicos que son, trayendo más seguridad a los profesionales médicos y pacientes que los utilizan", añadió.

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De esta manera, el profesional advirtió: "En medicina, una respuesta falsa pero expresada con seguridad puede inducir a un diagnóstico incorrecto, una demora en la consulta, una automedicación o una falsa tranquilidad frente a síntomas graves.  Ese es uno de los riesgos más importantes de los modelos generativos: no siempre distinguen entre saber y parecer que saben". 

Para graficar el problema, recordó estudios recientes sobre sistemas de IA aplicados a urgencias médicas: "Hace poco vimos publicaciones de cómo incluso modelos muy avanzados erraban en el 50% de los casos al momento de identificar cuándo un paciente tenía que ir a una guardia o quedarse en casa". Y lanzó un ejemplo: "Imagínense una persona sufriendo un infarto o un ACV, decidiendo aguardar minutos u horas preciosas en su casa por recomendación de una IA, cuando debería estar siendo tratado en un hospital de manera urgente".

En ese sentido, Farez consideró que el gran problema actual es que la innovación tecnológica avanza mucho más rápido que la regulación. "Sin lugar a dudas", respondió cuando fue consultado sobre si la medicina corre detrás de la tecnología. "La tecnología está avanzando a una velocidad mucho mayor que los marcos regulatorios, los sistemas de pago, la formación médica y los consensos éticos". Incluso cuestionó la falta de regulación sobre determinadas herramientas de diagnóstico digital en Argentina. "Anmat ha decidido no regular servicios de diagnóstico del paciente, lo que genera que se promocionen o utilicen herramientas sin las validaciones necesarias", advirtió.

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Pero lejos de proponer frenar la innovación, insistió en la necesidad de "gobernarla mejor" mediante regulaciones inteligentes y participación activa de los médicos en el desarrollo de las nuevas plataformas. Otro fenómeno que describió como creciente es el de pacientes que llegan al consultorio con diagnósticos sugeridos por aplicaciones o chatbots. "En algunos casos, hemos visto que el paciente en frente del médico frena la consulta para pedirle una opinión a un chatbot", contó.

Aunque aclaró que un paciente informado puede participar mejor de su tratamiento, insistió en que ninguna salida algorítmica puede reemplazar el contexto clínico ni el criterio profesional. En especialidades complejas como la neurología, Farez explicó que el desafío es todavía mayor porque gran parte del diagnóstico depende de la observación detallada del paciente. "La marcha, el lenguaje, la coordinación, los movimientos anormales, la conducta... no todo se traduce bien al entorno digital", sostuvo.

El impacto de la IA y la salud digital en la medicina

Finalmente, el neurólogo dejó una definición que resume el espíritu del debate actual sobre medicina y tecnología: "El buen criterio médico es irremplazable". "Un algoritmo puede sugerir posibilidades, pero no comprende plenamente la biografía del paciente, sus miedos, sus valores o el impacto emocional de un diagnóstico", explicó. Y concluyó con una mirada que combina cautela y optimismo frente al futuro: "La medicina del futuro no va a ser menos humana por usar más tecnología. Puede ser más humana si usamos la tecnología para liberar tiempo, mejorar decisiones y ampliar el acceso".