por Jimena Báez
17 Abril de 2026 12:43
El miedo ya no llega en forma de susurro ni de rumor de pasillo: aparece escrito en una pared, en una historia de Instagram, en un mensaje viral que se replica sin control. Y en ese eco digital, que mezcla amenaza, pertenencia y desesperación, hay algo más profundo latiendo. Algo que no empieza en la escuela ni termina en una pantalla.
En los últimos días, distintas escuelas del país fueron escenario de una situación alarmante. Aparecieron mensajes que advertían sobre posibles ataques: "Viernes 17/04 voy a matar a todos", se registró en varios distritos, generando pánico en comunidades educativas, suspensión de clases y operativos policiales.

No se trata de un hecho aislado, sino de una repetición inquietante que pone en evidencia una problemática más amplia: la salud mental adolescente en crisis, el rol de las redes sociales como amplificadoras de violencia y un Estado que, lejos de intervenir, parece ausente.
En ese contexto, BigBang dialogó con la psicóloga Daniela Gasparini (MN 50.200), quien analizó en profundidad el impacto de estas amenazas y el trasfondo emocional y social que las rodea. Desde el inicio, la especialista advierte sobre la fragilidad del momento que atraviesan los jóvenes: "Por empezar, recordemos que son adolescentes y que están transitando un montón de cambios, y eso genera muchas emociones".
"Vengo observando que en la adolescencia y en estos tiempos que están, en esta coyuntura -en lo que respecta a mi entender una pandemia en salud mental- hay muchas situaciones de ansiedad que con este tipo de situaciones se ven afectadas mayormente", explicó.

La profesional se refirió al efecto de un joven ante estas amenzas: "Yo creo que los adolescentes hoy o los pibes que pueden llegar a leer una nota tan amenazante, tan agresiva, que afecta contra su integridad puede generar, no solamente caos, sino también ansiedad y mucho temor. También hay que analizarlo en profundidad porque no es casual, no es un caso aislado; se está dando en varias escuelas, en varios distritos del país, al mismo tiempo", confesó y puso énfasis en lo que realmente importa: "Hay que empezar a comprender cuál es el trasfondo de toda esta situación, porque tiene que ver mucho con el consumo digital".
Las redes sociales, lejos de ser un canal neutral, juegan un rol central en la propagación del miedo y la violencia simbólica. Gasparini lo describió como un ecosistema propio de los adolescentes, donde la exposición y la pertenencia se mezclan peligrosamente: "Cada vez hay más ecosistemas digitales en diferentes redes sociales de los propios colegios: los propios estudiantes de las escuelas que tienen acceso a Instagram, TikTok y otras aplicaciones digitales, van subiendo anuncios que generalmente tienen que ver con exponer a otros".
La psicóloga hizo hincapié en como los adolescentes necesitan seguir patrones para perteneces y así violentan a sus compañeros "bajo el título de chisme, 'lore', como se dice ahora". Sin embargo, "lo que se está haciendo es generar narrativas, discursos que terminan siendo de exposición de otro, generando cierta expectativa, o que también haga que, si no están ahí, se queden afuera, entonces se empiezan a poner nerviosos, ansiosos, están pendientes y dependientes todo el tiempo de lo que pueda llegar a subir alguien, que a veces es un ente, que no sabes quién es, porque se escuda tras un nombre ficticio".
El llamado "efecto imitación" también aparece como una clave para entender por qué estos mensajes se multiplican. Pero no se trata solo de adolescentes replicando conductas entre sí, sino de un fenómeno más amplio que incluye modelos sociales y políticos: "Hay algo de la adolescencia que tiene que ver con sentir que sos parte de un grupo de pertenencia, sentir el reconocimiento del otro, identificarte con el otro. Esto sucede en esta etapa, principalmente, donde hay un desprendimiento o un desapego de las figuras parentales, y una necesidad de reconocimiento de los pares".
Para la profesional de la salud mental, "ahí es donde empiezan a haber situaciones que también hacen que los chicos entren en tensión cuando no son bien aceptados, cuando son excluidos, por ejemplo, o aislados de los grupos, o son víctimas de bullying o de ciberbullying".
En esta etapa de la vida, los chiscos comienzan a construir su carácter, su autoestima, y su personalidad: "Es muy importante para los chicos poder ser, sentirse parte. Y muchas veces este sentimiento de pertenencia, si no está bien gestionado emocionalmente y si hay algún acontecimiento que sea muy disruptivo, traumático, o pueda generar también un efecto de estas características, donde, si no hace algo, queda afuera".
Esto, según Daniela Gasparini, esto pasa mucho en el bullying donde se habla de los agresores y las víctimas: "No se habla de todos ellos que callan o le hacen 'la segunda' al agresor, porque en realidad tienen miedo de ser agredidos ellos o de no pertenecer. Es esto de tener que encajar, porque, si no puede ser víctima o quedar afuera, y eso tiene sus perjuicios".

En este contexto, las rede sociales juegan un rol fundamental en la actualidad de los adolescentes: "La necesidad de mostrar todo en las redes sociales, de ser protagonistas allí, de que esto se sea un tema de lo del cual se hable. De cierto protagonismo y demás, que se puede analizar en este fenómeno que está aconteciendo, como uno de los factores que hay que analizar".
En ese marco, Gasparini introdujo un punto incómodo pero necesario: la influencia de los discursos políticos. Según plantea, el clima social también se construye "desde arriba", y tiene consecuencias directas en los vínculos cotidianos: "Primero tenemos que hacer análisis de contexto y coyuntura. Tenemos un país y un contexto postpandemia donde hay una crisis en salud mental que principalmente a los más jóvenes. Esto a nivel mundial, pero en nuestro país lo podemos ver en que el suicidio adolescente es la segunda causa de muerte en nuestro país. Que cada vez es a más temprana edad, que hay cada vez más proliferación del consumo digital, que afecta básicamente el desarrollo psicoemocional de todos los chicos".
"Hay un montón de cuestiones que también se marcan en determinados modelos, institucionales de gestionar un país, porque si vos tenés una gestión gubernamental que insta o que habla de manera insultante, agresiva, discriminadora, las figuras de la automotriz, eso se replica", dijo la psicóloga que cuestionó los discursos emitido por el presidente, Javier Milei y su entorno.
Además, destacó otra cuestión que pone el foco en la responsabilidad del Estado: "Y más cuando hay un intento permanente de demostración de parte de un gobierno nacional de imitar a Estados Unidos, esto de la libertad de acción, del individualismo, del sálvese que pueda, todos estos discursos se instalan".

El acceso ilimitado crea un caos sin precedentes: "También se instalan otros discursos a través de las redes sociales, que son subculturas digitales y violentas, que navegan a través de diferentes plataformas, en principio, más masivas, pero que después van encontrando ecosistemas digitales más restringidos, más cerrados, donde hay una liberación de agresividad discursiva total que puede llegar a instar también a la violencia".
En ese sentido, la crítica al gobierno de Javier Milei es directa: no solo por la falta de políticas públicas, sino por el tipo de discurso que habilita ciertas prácticas. La psicóloga también advirtió sobre el rol de las familias, muchas veces desbordadas o en negación frente a estos fenómenos: "Puede haber negación, puede haber shock, puede haber esta parálisis emocional de no saber qué hacer, o puede haber también un sentimiento, una sensación de que eso no te va a pasar, que es una broma pesada".
En esto último esta una parte clave del problema: "Ahí empieza toda la subestimación, de este tipo de situaciones; la realidad es que atacaría rápidamente esa subestimación. ¿Por qué? Porque nosotros tenemos antecedentes de este tipo de situaciones, justamente en Estados Unidos, que generó también un efecto digital que se desarrolló luego de la masacre en los noventa, que en ciertos grupos de Internet se glorificaba este tipo de masacres y este tipo de violencias. Se gestaban héroes o íconos de las masacres, y que reunían a muchas personas en el mundo que empezaban a conectarse a los espacios digitales".

Se trata de culturas digitales, que después pasan incluso a otras redes sociales más cerradas con un público más acotado, para asegurar que el mensaje llegue: "Todo esto tenemos que poder problematizarlo y no ni minimizarlo ni negarlo, porque eso es lo que hace que el problema se siga desarrollando".
La brecha entre adultos y adolescentes aparece como otro factor clave. Mientras los jóvenes viven hiperconectados, los adultos muchas veces no logran comprender ni intervenir a tiempo: "Hay una brecha en la comunicación entre adultos y jóvenes en torno a lo que es el consumo digital, que es lo que me parece más preocupante, también hay mucha desinformación para los adultos de cómo hablar con los chicos, de qué hacer, cómo encarar una situación, de qué observar".
Además, los adultos no quedan exentos del hiperconsumo digital: "También en los adultos estamos abstraídos y también estamos con consumo digital permanente. Hiperpendientes, hiperconectados con el celular, con la computadora, y muy desconectados de los más chicos, de los hijos, de socializar y poder establecer palabra allí".
Según la especialista en Ciberdelitos/Grooming "lo que suele suceder es que los chicos se terminan aislando cada vez más y terminan detrás de una pantalla, detrás de la puerta cerrada de una habitación: ahí tenemos un punto muy importante para trabajar, y para eso es necesario que se vea esto como un problema", sostuvo.

Una vez más, Gasparini dejó en claro el vacío estatal: "Que las autoridades nacionales, no están diciendo nada, no están haciendo nada. Tuvimos el caso de Santa Fe, tuvimos el caso de Maitena, tenemos cada vez más violencia, suicidio adolescente, violencia entre los chicos, y, cada vez hay menos medidas de prevención, estamos llegando muy tarde".
"Si hoy un chico de trece años que está escribiendo en una pared de una escuela 'los voy a matar a todos, tiroteo tal fecha', es porque estamos llegando tarde aunque el tiroteo no haya sido todavía", dijo y resaltó que el circo mediático poco ayuda si no hay real interés: "Llegamos temprano para así activar una alarma, para que se cierre la escuela, para que investigue la policía y demás, pero estamos llegando tarde para otras cosas".
Finalmente, Gasparini puso el foco en una idea central: los adolescentes no son el problema, sino el síntoma. "Es algo que tenemos que analizar y que no estamos analizando. Lo que están haciendo los chicos es el síntoma de una crueldad y una violencia mucho mayor. Una violencia que es habilitarlos a ser violentos, que les permiten, desde los lugares más altos institucionales, como ser un gobierno. Les permiten y le habilitan permanentemente, ya sea porque no intervienen, porque no llevan adelante medidas para restringir el acceso a este tipo de sitios y porque además generan un discurso permanentemente violento".
"La agresividad puede estar. El tema es que vos tenés un sistema de normas, reglas y leyes que hacen que los adolescentes sepan cuál es el límite; esos límites se aprenden con las autoridades correspondientes. Por eso es tan importante la familia, la escuela. Pero también es muy importante un gobierno que acompañe a la familia y a la escuela", fue contundente.

Acá hubo un llamado importante a las autoridades que creen más relevante hacer videos con IA de un león rugiendo que salvar la salud mental de los más chicos: "Si no hay un gobierno que acompañe, no vamos a poder evitar este tipo de situaciones críticas". Gasparini dio su opción sobre las posibles soluciones: "Para mí esto se resuelve con más prevención, con política pública, con un estado presente, con poner gabinetes psicológicos en todas las escuelas para que los chicos puedan tener un lugar de contención y donde circule la palabra cuando no circula en su casa o no puede circular en otros lados para evitar el bullying, las diferentes situaciones de violencia, abuso sexual infantil, todas las cuestiones que atraviesan los chicos y que las están pasando y que nadie está haciendo nada".
En un país donde las amenazas empiezan a formar parte de la rutina escolar, el verdadero peligro no es solo lo que se escribe en una pared, sino todo lo que se está dejando de decir y de hacer desde los lugares de poder. Porque cuando la violencia se vuelve lenguaje, y el Estado elige el silencio o la agresión como respuesta, lo que está en juego ya no es solo el presente de los adolescentes, sino el futuro entero de una sociedad que parece haber perdido el límite.

