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Víctima y victimario

Claudio Garófalo, el monstruo que fabrica la sociedad, la realidad argentina y más de cuatro décadas sobre el escenario

Actor, dramaturgo, director y docente, Claudio Garófalo presenta Insoluble, una obra que nació en los años 80 y que, décadas después, recuperó una vigencia inquietante.

13 Agosto de 2026 18:39
Claudio Garófalo

Hay obras que nacen de una época y otras que parecen esperar el momento indicado para volver a hablar. Insoluble, la nueva propuesta de Claudio Garófalo, pertenece a las dos categorías. El actor, dramaturgo, director y docente comenzó a escribirla en los años 80, cuando el neoliberalismo comenzaba a transformar el escenario político y social argentino. Cuatro décadas después, decidió recuperarla porque encontró en la realidad actual un espejo demasiado parecido al que había imaginado entonces. "Yo esto es algo que empecé a escribir allá por los 80. Cuando empezó el neoliberalismo, cuando empezó toda la cuestión menemista", recordó Garófalo. 

Claudio Garófalo y el espejo incómodo de Insoluble

La inspiración había surgido, en parte, de El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, una novela en la que el escritor colombiano construye la figura de un déspota que gobierna durante siglos. "Con unas imágenes exageradas para poder bancarse una realidad tan incómoda", explicó en diálogo con BigBang sobre el origen de su obra. Durante un tiempo, el proyecto perdió sentido para él. Pero los cambios políticos y sociales de los últimos años hicieron que aquella historia volviera a interpelarlo. "En los últimos años volvió a cobrar un sentido tremendo, la necesidad de mirarnos en algún espejo, que nos devuelva, que nos enfrente a esta realidad", sostuvo.

Insoluble presenta a un personaje nacido en los márgenes, atravesado por la violencia y la miseria, que termina convirtiéndose en parte del mismo sistema que lo produjo y abandonó. Para Garófalo, uno de los grandes monstruos que produce la sociedad actual es la indiferencia. "El monstruo del no te metás", definió. Y puso el foco en quienes viven en la calle y se convierten en personas invisibles para buena parte de la sociedad. "Invisibles, no porque no los puedas ver, sino porque la gente pasa y mira para atrás", explicó. 

Claudio Garófalo y el espejo incómodo de Insoluble

El actor también se incluyó dentro de esa crítica: "Yo mismo, a mí también me pasa", reconoció al recordar situaciones cotidianas en las que se cruza con personas que piden ayuda en el subte, la calle o los cajeros. Pero la obra va más allá de la pobreza visible y se interna en los márgenes más violentos de la sociedad. "Yo no digo que son inocentes, ¿no? Pero sí digo que son productos de la sociedad, no están fuera de la sociedad, son, están en los bordes", señaló. Para Garófalo, el contexto actual volvió especialmente vigente a Insoluble. "La realidad actual de Argentina, acá, en este territorio, claro que sí", dijo.

Y enumeró: "La violencia, la humillación, el encierro, la hipocresía, la mentira, el abuso". También vinculó el escenario local con un fenómeno internacional: "La ultraderechización del mundo. Sobre todo de este continente". Pero lejos de plantear la obra como un simple alegato político, el artista reivindica el teatro como un espacio de reflexión colectiva. Para explicarlo, recurrió al teatro griego y a su función dentro de la sociedad ateniense. "En Atenas, hace miles de años, era un deber cívico ir a ver las tragedias y después conversar. Ahí, en esas conversaciones, nace la democracia, en esas conversaciones, nace el derecho", recordó.

Claudio Garófalo y el espejo incómodo de Insoluble

Por eso, aclaró que Insoluble no busca simplemente mostrar "la porquería que somos". "Es para reflexionar", afirmó. El protagonista de Insoluble atraviesa un recorrido que comienza con el idealismo y termina en la degradación. Participa políticamente, termina preso pese a no ser un delincuente y, dentro de la cárcel, organiza a otros presos para defender sus derechos. Cuando esa organización es declarada ilegal, decide responder utilizando las mismas herramientas del sistema que lo marginó. "Entonces, el tipo dice: 'Ah, bueno, ¿somos mierda? Ok, entonces, vamos a hacer cosas de mierda. Y a ver a quién le va peor'", relató Garófalo.

El personaje termina apropiándose del poder y del negocio del narcotráfico. Por eso, ante la pregunta sobre cuánto hay de víctima y cuánto de victimario, Garófalo fue contundente: "Es como una sola cosa, es como las dos caras de la misma moneda". El propio título plantea una de las claves de la obra. Insoluble es aquello que no tiene solución, y Garófalo decidió deliberadamente no ofrecer una salida tranquilizadora. "Yo lo pongo ahí sin solución", explicó. Pero eso no significa que considere imposible transformar la realidad. "Si vos mirás, pensás y hacés algo para que esto cambie. Hasta ahora, yo te lo presento así", planteó.

Claudio Garófalo durante su paso por Margarita

Y aclaró: "Yo soy el artista, vos mirás la obra y llevate lo tuyo". Por eso tampoco pretende que el público salga simplemente "incómodo". "No, incómodo no sale, sale con ganas de conversar", aseguró. Para explicar qué busca generar, utilizó una imagen vinculada a Guernica, de Picasso: "Vos, cuando vas a ver el Guernica de Picasso, tenés que dar 10 pasos, 20 para atrás, alejarte para poder captar la obra. Y ese movimiento de alejarte te da una perspectiva. Eso es lo que quiero, perspectiva". Garófalo lleva más de cuatro décadas entre escenarios, sets de filmación y aulas. 

También está próximo a publicar un libro sobre actuación y sostiene una intensa tarea docente. Para él, la experiencia es importante, pero no necesariamente el único camino para aprender. "La experiencia es dura, te da palos y tardás en aprender. En cambio, en una formación pautada, organizada, es menos dolorosa, porque estás en una sala de ensayo, y es más rápida, porque está organizada", explicó. Y hay un consejo de su primer profesor de teatro que todavía conserva: "Cuidado con los clichés". Con los años entendió qué significaba aquella advertencia. "Uno está colonizado por cosas y repite o copia la vida", reflexionó.

Claudio Garófalo y el espejo incómodo de Insoluble

Por eso, en su propia formación busca construir "actores creadores, no copiadores". ¿Se puede aprender a perder el miedo sobre un escenario? Para Garófalo, la respuesta está en la técnica. "Cuando contás con un aspecto técnico, no tenés miedo. Sabés jugar", sostuvo. Y comparó la actuación con el fútbol: "Podés perder, podés empatar, podés ganar. Pero sabés jugar, salís a la cancha". Los nervios, en cambio, son otra historia. "Antes del estreno no podés dormir y no vas a poder dormir nunca", bromeó.

Garófalo también atraviesa actualmente una experiencia muy diferente en la serie Margarita, donde interpreta a los gemelos Pío Pietro y Erasmus Pietro. Lejos de tomarlo como un trabajo más, lo vive como un regalo. "A mí, a esta edad, estar en un programa, en una miniserie, en una tira, con tanta gente joven, para los jóvenes es un regalo de la vida. Yo lo tomo como un regalo", contó. El vínculo con el público joven lo conmueve especialmente. "Yo voy por la calle y me vienen a pedir fotos chicos de 10 años, y se me cuelgan del cuello y sacan la foto conmigo. Y a mí se me cae el lagrimón", relató.

Cuando le preguntaron a quién debía agradecerle, respondió sin dudar: "Gracias a la vida. A Cris Morena, totalmente". La diferencia con el teatro, sin embargo, es enorme. En una obra como Insoluble, el actor trabaja durante meses sobre un territorio que conoce profundamente. En una serie, cada escena implica un desafío nuevo. "En el teatro son capas que vos vas agregando y vas sedimentando el trabajo, y cada vez estás más seguro. En el audiovisual, bueno, cada toma es una jugada nueva", explicó. 

Claudio Garófalo y el espejo incómodo de Insoluble

Después de una carrera atravesada por el teatro, la televisión, el cine, la dirección y la docencia, Garófalo no duda cuando debe definirse. "Yo soy actor. Vos me preguntás, ¿vos qué hacés? Yo soy actor. Todo lo demás son un apéndice", afirmó. La docencia ocupa un lugar especial. "Después de actor, digamos, docente, porque es una, ahí tengo una vocación, yo amo", sostuvo. Y cerró con una confesión: "Cuando veo a mis alumnos, que tengo muchísimos, crecer y llegar a lugares y abrir puertas nuevas, yo te juro que me emociono como si fuera el papá". En Insoluble, Garófalo vuelve a hacer aquello que definió su carrera: poner el cuerpo, incomodar las certezas y abrir una conversación. Una obra que nació hace más de cuarenta años, pero que hoy vuelve a preguntarle al público qué monstruos está creando la sociedad.