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Herencia, oficio y ética

Fernando Sureda, de Escobar al mundo: el vértigo de un clásico, el poder y sus sombras y una vida atravesada por el teatro

El actor y productor brilla en Los pilares de la sociedad en el Teatro Alvear.

05 Marzo de 2026 10:20
Fernando Sureda

Volver a un clásico no es simplemente volver a escena. Es pararse frente a la tradición, al oficio y a uno mismo. Fernando Sureda lo sabe. Hoy protagoniza Los pilares de la sociedad, de Henrik Ibsen, en el Teatro Alvear -bajo la órbita del Complejo Teatral de Buenos Aires- y encarna al inescrupuloso señor Rummel, un hombre que opera desde las sombras del poder. Al referirse a lo que sintió al aceptar el desafío, no duda en hablar de miedo, pero no de parálisis. "El miedo barra vértigo. Ese que tiene por ahí el automovilista cuando dobla la curva... el boxeador cuando se sube a pelear contra un contrincante que por ahí no sabe si le va a ganar... esa adrenalina hermosa que tenés volver al escenario", describe en diálogo con BigBang. Y agrega: "Siempre uno es muy exigente, sobre todo de no estar a la altura...".

Los pilares de la sociedad en el Teatro Alvear.

La obra, dirigida por Jorge Suárez, se presenta en el Teatro Alvear y es una producción del Complejo Teatral Buenos Aires. Para Sureda, el rigor fue clave: " Hacía tiempo que no estaba en un escenario de esas dimensiones, con un elenco tan importante... pero el miedo no es zonzo, y entonces el miedo me hizo prepararme, y los resultados aparentemente son bastante buenos. Me exigió en cuanto a la dicción, en cuanto a la precisión, porque Ibsen es un clásico, es como tocar música clásica... no podés errar una nota".

Rummel es un hombre que encarna la hipocresía moral y los negocios turbios. ¿Qué descubrió Sureda al meterse en su piel? "Más que descubrir, reconfirmar", dice. "Son personajes inescrupulosos, donde la verdad y la mentira están ahí todo el tiempo... no hay más que interés... si tienen que pisar cabeza, la van a pisar", añade.  Y lanza una frase que resuena en clave contemporánea: "Está lleno de Rummel la actualidad". Sin embargo, se apura en equilibrar la mirada: "También hay mucha gente que quiere hacer las cosas bien... yo prefiero poner la mirada ahí, en esos en los que confío".

Fernando Sureda protagoniza Los pilares de la sociedad

Para él, el teatro puede incomodar. Aunque no a todos. "Hay gente que ya no se incomoda por nada", reflexiona, y cita la serie House of Cards -aquella que protagonizó Kevin Spacey- para graficar la crudeza del poder. "Fíjate que el personaje principal en un momento le dice a la mujer que para hacer política tenés que tener el estómago de acero", dice al ser consultado sobre si el teatro puede incomodar al poder real o solo lo representa simbólicamente. 

Pero defiende el rol del actor como actor social: "La tranquilidad que te da poder hacer esto es decir: estoy cumpliendo con mi rol social y estoy diciendo algo que tengo ganas de decir... el teatro debe ser un espejo para poder reflexionar y, en el mejor de los casos, modificar conductas". Uno de los atractivos de la puesta es el reencuentro con Martín Seefeld, su compañero en Los simuladores. "Encontrarnos otra vez en el escenario fue encontrarnos más grandes... un poco más sabios puede ser", dice entre risas. 

Y define el vínculo con una imagen futbolera: "Es estar jugando en primera con un amigo... vos mirás al otro y sabés que te va a tirar el centro a la cabeza". Ambos son fanáticos de River Plate, y esa complicidad se traduce en códigos invisibles para el público. "Tenés un relato visible que es el texto, pero también un relato oculto, que son las intenciones, el subtexto... y eso está presente todo el tiempo". El teatro, recuerda, es riesgo puro: "Es acá, ahora, hoy, por única vez... es un hecho vivo".

Fernando Sureda y el reencuentro con Martín Seefeld

Nacido en Escobar, Sureda lleva el teatro en la sangre. Su padre, Edberto "Cacho" Sureda, fue actor y empresario cultural. "La herencia que me dejó son los valores, la ética, la honestidad, el respeto... la perseverancia", afirma con emoción. Y aclara, con una sonrisa: "Fue un empresario honesto, no como Rummel". De hecho, la familia Sureda, entera, estuvo ligada al escenario. "Nosotros tuvimos un teatro durante 30 años en Escobar... fue nuestro hogar, nuestra escuela, la universidad". Cada vez que vuelve a su ciudad, siente orgullo: "Me siento honrado de Escobar... yo me imagino de viejo viviendo en el campo en Escobar".

Sureda reconoce que el trabajo  del arista cambió. "Cuando hacíamos Los simuladores, la gente esperaba el miércoles a las 23 horas... hoy cualquier programa lo podés ver cuando quieras". Pero el teatro tiene algo irreemplazable: "Para generar teatro necesitás un espacio vacío y un actor", recuerda, evocando el libro El espacio vacío de Peter Brook. Y aunque admite que "hoy por ahí se complejizó un poquito, porque no hay mucho trabajo", reivindica la vocación: "Si vos querés hacer teatro, el teatro lo que demanda es dos sillas, dos actores... si no me llaman, junto con amigos genero algo y actúo...".

Los pilares de la sociedad en el Teatro Alvear.

Y en ese sentido, resalta la importancioa de hacer lo que uno ama: "Tu vocación tenés que cumplirla, es una cuestión de salud mental, primero que nada". Con la pasión intacta a sus 59 años -"me acuerdo cuando me miro al espejo nada más", bromea-, Sureda invita a ver la obra: "Hay gente que te dice: 'Uy, un clásico, tres horas'. No, esto dura casi dos horas, tiene un ritmo vertiginoso, tiene humor... es un Ibsen para todo público". Los pilares de la sociedad se presenta de miércoles a domingo en el Teatro Alvear. En escena, Fernando Sureda encarna a un hombre sin escrúpulos. Fuera de ella, reafirma una ética: la del trabajo, la del compromiso y la de un teatro que, aun en tiempos de vértigo digital, sigue siendo un acto vivo, urgente y necesario.