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Incomodar, no justificar

Padres, hijos y una cadena más grande de "adultos rotos": "Harto", la obra que incomoda e invita a recuperar la empatía

En diálogo con BigBang, Ángel Blanco reflexionó sobre la violencia, la salud mental y una sociedad que "nos agobia todo el tiempo y no nos deja pensar".

24 Febrero de 2026 13:38
Ángel Blanco

Un hijo que muerde a su padre en la cara. Una cámara Gesell. Sesenta minutos de palabras que desbordan. Así comienza Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco, que acaba de reestrenar su segunda temporada en el El Método Kairós Teatro. La imagen es brutal. Incómoda. Imposible de esquivar. "Harto habla de una sociedad que fabrica adultos rotos", explica Blanco en diálogo con BigBang sobre esa primera escena que sacude al espectador. 

Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco

Y agrega: "A mí me gusta mucho que la imagen impacte... me parece que es una buena invitación para ir al teatro. La gente se siente muy reflejada en ese hartazgo y en esa imagen, y también es esa intriga que genera de qué está harto este personaje". La obra arranca antes de que el público siquiera se acomode: sitúa al público dentro de una cámara Gesell. Gustavo -el protagonista- acaba de cometer el acto violento y durante sesenta minutos reconstruye, casi sin filtro, el recorrido que lo llevó hasta allí. "La gente se va enterando del por qué mordió a su padre. Entonces, por momentos se genera empatía, por momentos se genera rechazo", describe el actor. 

Y advierte: "Sin spoilear, al final de la obra se devela el por qué este personaje cometió ese acto". Aunque la escena inicial podría leerse como un estallido de violencia, Blanco insiste en que el foco no está en el mordisco sino en lo que lo precede. "Me interesaba mucho contar por qué, justamente, esta sociedad fabrica adultos rotos. ¿De quién es la culpa? ¿De la persona que acaba de cometer este acto o de toda una sociedad que no está preparada y que tiene una deuda superpendiente con la salud mental?", explicó y advirtió que la obra pone el acento en las infancias quebradas y en las consecuencias que arrastran en la adultez.

En ese sentido, remarcó: "Muchas personas llegan a ser esos adultos rotos porque tuvieron una infancia rota también. Y hasta que esa infancia no esté resuelta, vivimos en una vorágine, en una sociedad que nos pide más todo el tiempo". De esta manera, el hartazgo no aparece de un día para otro: "Ese hartazgo viene de mucho antes". Para Ángel, el avance tecnológico no ha sido acompañado por un verdadero progreso emocional. "Pareciera que vamos a un mundo más avanzado con esto de la tecnología y demás, pero hay una deuda pendiente con la salud mental", insistió el dramaturgo al hablar con este sitio. 

Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco

La decisión de convertir esta historia en un unipersonal no fue azarosa. Blanco trabaja hace años con personas que atravesaron situaciones de violencia y abuso en la niñez. Allí encontró un patrón común: "Empecé a notar que todos tenían como la misma problemática: no poder resolver porque no lo pudieron hablar con su familia o con la persona que les causó el daño", cuenta. Historias de veinte, treinta o sesenta años atravesadas por el mismo silencio.

Ese patrón lo llevó a preguntarse por el lugar del teatro. "Es el momento para hablar de estos temas, más que nunca para volverlos a traer, sacarlos de la pantalla y volver a poner en escena qué es lo que sucede cuando una persona rota adulta está sola en su vida sin resolver un montón de problemas". ¿Sigue siendo difícil hablar de traumas infantiles sin culpa ni señalamiento? Para Blanco, sí. "Todavía hay mucho de tabú. Pareciera que no, sobre todo en nuestro ambiente artístico, donde es más fácil dialogar, pero hay un montón de lugares que siguen sin poder hablar de estos temas", explica el actor. 

Además, describe una sociedad acelerada, sin tiempo para detenerse: "Es medio mentiroso el avance. No tenemos tiempo y si lo decimos, lo decimos de mala manera". Blanco no habla desde un pedestal. Se incluye en esa categoría que propone. "Yo me incluyo. Siempre mi dramaturgia habla un poco de evidencias mías. Si bien Harto está muy ficcionado, conozco mucho de ese hartazgo, conozco mucho de la violencia en la infancia", detalla.  

Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco

El espectáculo amplía el concepto de violencia: no solo la física, sino también la simbólica, la laboral, la económica. "Habla de la violencia en el laburo cuando uno va a buscar un trabajo y es maltratado, cuando no le es valorado su laburo. Engloba un montón de aristas que creo que todos fuimos viviendo en algún punto". Y cuando el público se reconoce en escena, para Blanco ocurre algo fundamental: "Eso es oro para el teatro". 

En Harto no hay villanos unidimensionales. La figura paterna, eje del conflicto, no aparece como único responsable. "No hay que olvidarse que los padres también fueron niños en algún momento", reflexiona. "La obra no intenta echar culpas a nadie, sino que me parece que es una responsabilidad de un sistema que no se detiene a pensar qué es lo que necesita ese padre", agrega. Por este motivo, Blanco es contundente a la hora de hablar sobre esta temática: "Muchos padres no están preparados y van aprendiendo durante la marcha. Los padres siguen siendo niños en cuerpos de adultos tratando de ver cómo solucionan su vida".

Sostener un escenario en soledad durante una hora es un reto técnico y emocional. "Lo más difícil es que no tenés a un otro que te responda", admite. El objetivo es que el público entre en el viaje y se olvide del actor para ver solo al personaje. Aunque esté solo en escena, subraya el trabajo colectivo detrás del proyecto: dirección de Julián Belleggia, voz en off de Eleonora Wexler y un equipo técnico que respalda cada función. Una crítica definió la obra como catártica. Blanco coincide. "El teatro siempre, tanto para el que lo ve como para el que lo hace, es muy terapéutico", afirma. 

Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco

E insiste: "Sentarse a ver un espectáculo de estas características, dejar el celular por una hora, es catártico también para el público y también para mí". En esta segunda temporada, el cambio principal -dice- es la confianza: "Tenemos un producto muy bueno que creció mucho en la primera temporada y que la gente lo pide". El personaje, además, regresa "más harto que nunca", con capas de humor ácido reforzadas y una maduración interpretativa evidente.

Blanco no teme que la obra sea interpretada como una justificación de la violencia. "El arte siempre está para incomodar", sostiene. Y aclara: "La obra no habla de una justificación de la violencia. Gustavo no es un personaje que va por la vida mordiendo o golpeando a la gente. Puntualmente pasó esto porque le sucedieron un montón de otras cosas que lo llevaron a eso". La pregunta que propone no es indulgente, sino compleja: "¿Qué pasó para llegar al extremo?".

Al salir de la sala, Blanco quiere que el espectador se pregunte por sus propias bases. "Me encantaría que la gente conscientice que tenemos que resolver temas muy profundos y muy humanos antes de tomar otras decisiones", señala. Y advierte sobre una pérdida colectiva: "Se está perdiendo mucho la empatía entre nosotros. Hay un sistema que nos obliga a estar aislados". Antes de despedirse, la definición final es clara. ¿Es Harto una denuncia, una confesión o un espejo?

Harto, el primer unipersonal del actor y dramaturgo Ángel Blanco

La respuesta no deja lugar a dudas: "Es un espejo, totalmente. El que ingresa a la cámara Gesell se va a sentir espejado. Desde el primer texto hasta el último. Es un espejo de la sociedad, sin duda". Harto se presenta los domingos a las 20 en El Método Kairós Teatro (El Salvador 4530, CABA). La temporada será breve, pero la intención es que el debate continúe mucho después de que se apaguen las luces.