El mensaje llegó sin filtraciones ni anticipo. El jueves, en la cuenta personal de X de Jack Dorsey, cofundador de Twitter y CEO de Block, apareció una nota que cambiaría la vida de más de cuatro mil personas. "Hoy estamos haciendo @blocks más pequeño. Aquí está mi nota para la empresa", escribió ante sus más de 6,4 millones de seguidores. Lo que seguía no era un comunicado corporativo clásico. Era una carta extensa, directa, con un tono que oscilaba entre la frialdad estratégica y una inusual confesión emocional. "Hoy estamos tomando una de las decisiones más difíciles en la historia de nuestra empresa: estamos reduciendo nuestra organización a casi la mitad, de más de 10.000 personas a poco menos de 6.000. Eso significa que a más de 4.000 de ustedes se les está pidiendo que se retiren o que inicien una consulta", escribió.
Casi la mitad de la compañía que opera Square, Cash App y uno de los ecosistemas corporativos más influyentes en Bitcoin dejaba de existir en un solo movimiento. Dorsey eligió comenzar por los números de la indemnización, como si intentara amortiguar lo inevitable: "En primer lugar, si usted es una de las personas afectadas, recibirá su salario por 20 semanas + 1 semana por año de permanencia, acciones adquiridas hasta fines de mayo, 6 meses de atención médica, sus dispositivos corporativos y $ 5,000 para destinar a lo que necesite para ayudarlo en esta transición...".
Y añadió: "Quiero que sepa eso antes que nada". El detalle económico fue minucioso. Pero la frase que más resonó no tuvo cifras: "No tomamos esta decisión porque estemos en problemas. Nuestro negocio es sólido". No era una empresa en crisis. No había pérdidas devastadoras ni un colapso bursátil. El motivo declarado fue otro. "Ya estamos viendo que las herramientas de inteligencia que estamos creando y usando, junto con equipos más pequeños y planos, están permitiendo una nueva forma de trabajar que cambia fundamentalmente lo que significa construir y dirigir una empresa. Y eso se está acelerando rápidamente", advirtió.
La inteligencia artificial no como complemento, sino como reemplazo estructural. Dorsey explicó que tenía "dos opciones": recortar lentamente durante años o actuar ahora. Eligió lo segundo: "Prefiero tomar una acción firme y clara ahora... Las rondas repetidas de recortes son destructivas para la moral...". La decisión fue quirúrgica y masiva. Y también simbólica: la idea de que una empresa puede crecer reduciéndose. En un gesto inusual, prometió no "desaparecer" a los empleados de Slack y del correo electrónico. "Los canales de comunicación permanecerán abiertos hasta el jueves por la noche... para que todos puedan despedirse como es debido", advirtió.
Y anunció una sesión en vivo: "Sé que hacerlo de esta manera puede resultar incómodo. Prefiero que se sienta incómodo y humano que eficiente y frío." Luego, un agradecimiento que sonó a despedida colectiva: "A aquellos que se van... les estoy agradecido y lamento hacerlos pasar por esto. Ustedes construyeron lo que esta compañía es hoy. Ese es un hecho que honraré por siempre. Esta decisión no es un reflejo de lo que ustedes contribuyeron". Pero la frase que define el rumbo fue otra: "Vamos a construir esta empresa con la inteligencia como base de todo lo que hacemos."
No "con personas apoyadas por inteligencia". Sino con la inteligencia como base. Lo ocurrido en Block no es un hecho aislado. Es parte de un patrón que se acelera. Amazon anunció 30 mil despidos en dos oleadas en cinco meses, citando eficiencias vinculadas a IA. Pinterest recortó el 15% de su plantilla en enero como parte de un "giro estratégico hacia la IA". Salesforce redujo su soporte de nueve mil a cinco mil personas. Duolingo terminó contratos con el 10% de sus colaboradores porque, según su CEO, "la IA ya puede manejar las tareas de traducción". Dow, un gigante industrial centenario, eliminó 4.500 puestos acelerando automatización.
Al mismo tiempo, Oracle, la compañía especializada en el desarrollo de soluciones de nube y locales. recortará 30.000 puestos de trabajo en la medida en que los bancos dejan de financiar centros de datos de IA. Según la firma de recolocación Challenger, Gray & Christmas, en 2025 las empresas atribuyeron explícitamente a la IA 55.000 despidos: más de doce veces la cifra de dos años antes. Y 2026 comenzó con 26.000 empleos tecnológicos eliminados solo en las primeras semanas. Ya no es una anécdota. Es una tendencia estructural. Lo que cambió no fue solo el tamaño de una empresa. Fue el contrato implícito entre tecnología y trabajo.
Durante décadas, Silicon Valley prometió expansión, oportunidades, crecimiento infinito. Ahora promete eficiencia, automatización y estructuras "más pequeñas y planas".Dorsey lo dijo sin muchas vueltas: "Una decisión de esta magnitud conlleva riesgos, pero también lo conlleva quedarse quieto." El riesgo, esta vez, no fue la inacción. Fue la permanencia humana. Más de cuatro mil personas cerraron sesión por última vez sabiendo que su trabajo no fue desplazado por otra persona, sino por un sistema más rápido, más barato y cada vez más autónomo. La revolución no llegó con robots visibles ni fábricas humeantes. Llegó en una nota publicada en X. Y con una frase que comienza a marcar esta época: "Vamos a construir esta empresa con la inteligencia como base de todo lo que hacemos".