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La estrella oscura

Volver al Infierno (otra vez): la expansión de Blizzard que se atreve a tocar el mito de Diablo 2 tras más de 25 años

Reign of the Warlock llega más de dos décadas después para cambiar lo intocable.

19 Febrero de 2026 12:22
Reign of the Warlock llega 25 años

Hay juegos clásicos... y después está Diablo II. Durante décadas fue el altar donde los ARPG se arrodillaron: builds infinitas, objetos imposibles y noches enteras peleando contra Baal "una vez más". Por eso tocarlo es casi un acto de fe... o de herejía. Ahora Blizzard decidió hacerlo igual. Con Diablo II: Resurrected, el estudio ya había actualizado la estética sin alterar el alma. Pero con Reign of the Warlock, la primera expansión nueva desde Lord of Destruction, el estudio cruzó una línea mucho más peligrosa: cambiar el juego. Y lo hizo invocando demonios. El nuevo protagonista es el Brujo, una clase que no solo pega... negocia con el Infierno.

Reign of the Warlock llega 25 años

No empuña armas: las mueve con telequinesis. No mata demonios: los encadena. Y si hace falta, se los come para ganar poder. Tres caminos definen su estilo: Espanto (maldiciones, espejismos y armas que vuelan como bumeranes); Caos (fuego, rayos y trampas mágicas que manipulan la realidad) y Demonio (invocar criaturas infernales o sacrificarlas para potenciarte). Es una clase diseñada para experimentar. 

Sin ir más lejos, el jugador podrá resetear habilidades en el campamento, mezclar estilos y encontrar tu propio ritmo, algo que el Diablo clásico siempre permitía... pero nunca de forma tan explícita. No es casualidad: el Warlock también llegará a Diablo IV y Diablo Immortal. Blizzard no está agregando una clase: está creando un lenguaje común para toda la saga. La expansión no vive solo del personaje nuevo. También reescribe la experiencia final.

Las Zonas de Terror ahora cambian cada 30 minutos y escalan con tu nivel. Pero el plato fuerte son los Colosales Antiguos: arenas donde enfrentás múltiples jefes simultáneamente. Cada enemigo derrotado fortalece a los otros. No es grind. Es supervivencia. El premio: joyas poderosas de alto nivel... pero solo podés usar una. Como buen Diablo: elegir es sufrir. Blizzard entendió el verdadero problema del clásico: no su dificultad, sino su fricción.

Reign of the Warlock llega 25 años

Ahora hay pestañas para runas, gemas y materiales; filtros de botín integrados; registro de objetos encontrados (La Crónica); inventario apilable y equipamiento real para el mercenario. Nada cambia el corazón del juego, pero sí evita que lo pelees... fuera del combate. La propia compañía sabe que está caminando sobre terreno sagrado. Por eso separó el juego en dos versiones: la clásica intacta y la rama nueva donde vivirán los cambios.

La lógica es clara: si no querés que Diablo evolucione, no tiene por qué hacerlo. Pero si la comunidad responde, podría haber más expansiones. No es un remake eterno. Es un experimento social. Mientras tanto, millones siguen jugando Diablo III, y el futuro apunta a Diablo IV. MInetras tanto, Blizzard no intenta reemplazar sus juegos, intenta que todos convivan. El plan no es nostalgia. Es ecosistema. 2026 parece el año donde la saga deja de ser entregas separadas y pasa a ser un universo compartido.

Reign of the Warlock llega 25 años

Reign of the Warlock no busca que abandones lo nuevo para volver al pasado. Busca algo más difícil: que el pasado vuelva a sentirse nuevo. Y ahí está su riesgo. Porque Diablo II no es solo un juego: es memoria colectiva. Modificarlo es como cambiar un recuerdo. Si funciona, Blizzard habrá logrado lo imposible: evolucionar un clásico sin matarlo. Si no, habrá aprendido por qué algunos demonios... es mejor dejarlos dormidos.