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Economía
¿Un déjà vu de crisis?

Deuda al límite: la morosidad se dispara, golpea a las fintech y exhibe un modelo de crédito al borde del colapso

Con impagos que superan el 10% en bancos y más del 25% en el segmento no financiero, el sistema crediticio argentino entra en zona de estrés.

18 Marzo de 2026 08:41
La morosidad dejó de ser un indicador técnico para convertirse en una señal de alarma estructural.

La morosidad dejó de ser un indicador técnico para convertirse en una señal de alarma estructural. Con los impagos en créditos a familias por encima del 10%, el sistema financiero argentino cruzó un umbral crítico: el nivel a partir del cual el problema deja de ser manejable y empieza a adquirir características sistémicas. Según datos de consultoras privadas, el deterioro se extiende a lo largo de toda la economía. 

El crédito caro y el ingreso débil: una bomba de tiempo

En apenas un año, la mora empresarial se triplicó, mientras que en el crédito al consumo el incumplimiento escala mes a mes. El dato más contundente es que el 100% de los principales bancos ya registra aumentos en la morosidad, confirmando que no hay refugios dentro del sistema. Detrás de este deterioro hay una ecuación que empieza a romperse: tasas altísimas frente a ingresos cada vez más ajustados. 

Durante meses, el modelo funcionó bajo una lógica simple: el crédito se expandía porque la inflación licuaba las cuotas. Pero con la desaceleración de precios, ese mecanismo dejó de operar. Hoy, las familias enfrentan un escenario inverso. Las cuotas pesan más en términos reales, mientras los salarios no acompañan. El resultado es previsible: crece la mora. Los números son elocuentes. Mientras en el sistema bancario la tasa efectiva anual real de los préstamos personales ronda el 40%, en el segmento no bancario trepa a niveles cercanos al 150%. Si se suma el costo financiero total, el peso sobre los hogares puede superar ampliamente ese nivel.

Es crédito caro para sectores de ingresos bajos. Y cuando ese equilibrio se rompe, el sistema entra en crisis. El impacto es aún más severo en el universo de las fintech, donde la mora ya supera el 25% y, según algunas estimaciones, se acerca al 27%. En este segmento, el problema no sólo es más profundo, sino también más difícil de contener.A diferencia de los bancos tradicionales, estas plataformas carecen de herramientas básicas de cobranza: no tienen acceso directo a cuentas sueldo, no pueden debitar automáticamente ingresos ni cuentan con mecanismos efectivos de presión sobre el deudor.

El crédito caro y el ingreso débil: una bomba de tiempo

El modelo depende, en gran medida, de la voluntad de pago del usuario. Y cuando esa voluntad desaparece, el sistema queda expuesto. "Muchos aplicaron la doctrina 'si desinstalo la app, no debo nada' y explotó el impago", sintetizó crudamente un analista en redes, reflejando un fenómeno que en el sector ya reconocen como una tendencia creciente. En ese contexto, el caso de Ualá se convirtió en el principal foco de preocupación. No sólo por los niveles de mora que trascendieron -con estimaciones que hablan de hasta un 43% en su segmento bancario y más del 60% en el no financiero-, sino por lo que esos números representan: el límite de un modelo de negocio.

Desde la compañía salieron a relativizar esos datos. Aseguran que, tras depurar la información y aplicar criterios comparables con el resto del sistema, la mora se ubicaría entre el 17% y el 18%. También explican que la discontinuación de ciertos esquemas de crédito dejó una cartera "residual" con mayor peso de casos incobrables, lo que distorsiona las estadísticas. Sin embargo, incluso bajo esa lectura más optimista, los niveles siguen siendo elevados. El problema de fondo no desaparece: una expansión del crédito más rápida que la capacidad de evaluación de riesgo.

La situación no se limita a los números. En paralelo al deterioro de la cartera, crecen los reclamos de usuarios: fondos que no se acreditan, pagos rechazados, demoras en transferencias y fallas en el soporte técnico. En redes sociales, estos problemas funcionan como un termómetro de la desconfianza. La percepción de que las plataformas podrían estar utilizando los fondos de los usuarios para cubrir agujeros financieros empieza a erosionar la credibilidad del sistema. A eso se suma un ajuste interno en las empresas. Ualá, por ejemplo, anunció recortes de personal en la región, en medio de resultados flojos en mercados como México y dificultades operativas crecientes.

El crédito caro y el ingreso débil: una bomba de tiempo

De esta manera, la situación refleja por un lado, fintechs que continúan levantando capital y sosteniendo valuaciones elevadas. Por otro, una base de usuarios cada vez más frágil, con menor capacidad de pago y mayor exposición al endeudamiento. El problema ya no es sólo financiero, sino también social. La masificación del crédito en condiciones adversas está dejando a amplios sectores al borde de la exclusión. Sin una mejora en los ingresos o una baja real del costo del dinero, el sistema no tiene margen para sostenerse. Los niveles actuales de morosidad son los más altos en más de dos décadas, con la excepción de la crisis de 2001.