Unos 5.000 trabajadores en Córdoba y en el conurbano bonaerense se enteraron por una entrevista en Brasil de que su fuente de trabajo está en duda. Stellantis, el grupo dueño de Fiat y Peugeot, dejó abierta la puerta a cerrar una o incluso las dos plantas que tiene en la Argentina.
La advertencia vino del número uno de la compañía en Sudamérica, Herlander Zola. En un encuentro con periodistas en San Pablo, al cumplir un año en el cargo, enumeró las opciones sin vueltas: "Dependiendo del mercado, de las reglas y de la competitividad de los productos, podemos migrar de una a otra, mantener las dos, cerrar una y mantener la otra o cerrar las dos".
Y para que no quedaran dudas, agregó tres palabras: "Todo puede suceder. Cabe recordar que las plantas en juego son dos. Una está en El Palomar, en la provincia de Buenos Aires, donde se arman los Peugeot 208 y 2008 y la otra está en Ferreyra, Córdoba, donde se concentra la producción vinculada a Fiat y a otras marcas del grupo.
En El Palomar el ajuste ya empezó. La planta pasó de dos turnos a uno y hubo al menos 600 salidas por retiros voluntarios. Desde la filial local, el presidente de Stellantis Argentina, Martín Zuppi, intentó llevar calma días antes de la bomba de Zola: "Bajamos un turno, reacomodamos la velocidad diaria, pero seguimos con producción local. Tenemos producción prevista para 2026 y 2027".
El problema es que las decisiones no se toman en Buenos Aires. Brasil explica cerca del 65% del volumen de Stellantis en la región, y es desde allí donde se define qué fábrica sigue y cuál se apaga.
Lo más llamativo del diagnóstico es el argumento. Según Zola, producir en la Argentina cuesta demasiado, y apunta en particular al costo laboral, que estimó en casi el doble que el brasileño.
La frase llega siete meses después de que el Congreso aprobara, en febrero, la reforma laboral impulsada por Javier Milei. El Gobierno la presentó como la llave para bajar costos y atraer inversiones. Para la principal automotriz de la región, por ahora no alcanza.
A eso Zola le sumó una red de proveedores más chica que la de Brasil y, sobre todo, la apertura de las importaciones. Lo dijo así: "Con el mercado cerrado, funcionaba y nos traía un buen nivel de competitividad. Pero, con el mercado abierto, definitivamente nos saca del juego".
Con la llegada masiva de autos importados, en especial de marcas chinas que crecen en toda la región, a una terminal tradicional le resulta más barato traer el auto hecho que fabricarlo acá.
El mensaje de Zola fue claro: en la Argentina de Milei, con mercado abierto y una reforma laboral que no movió la aguja para la empresa, fabricar autos puede dejar de ser negocio. Si Stellantis cumple la amenaza, se irían Fiat y Peugeot y quedarían miles de familias sin trabajo.