La escena quedó registrada a través de las cámaras de seguridad, pero el impacto trasciende la imagen: una joven de 20 años, paciente del área de salud mental, irrumpió en la recepción del Hospital de Maternidad Eduardo Oller y desató una agresión brutal contra una empleada administrativa que estaba de guardia. Fue en cuestión de segundos, sin aviso, sin palabras previas. Solo violencia. El episodio ocurrió el martes en San Francisco Solano, partido de Quilmes. Según reconstruyeron medios locales, todo comenzó cuando la paciente intentó que una pastora ingresara fuera del horario permitido al sector donde estaba internada.
La negativa fue el detonante de la bronca de la paciente. La joven se dirigió directamente hacia la recepción y, sin mediar palabra, tomó a la trabajadora del pelo. La arrastró. La golpeó. Una y otra vez. En las imágenes se ve cómo los puños impactan en el rostro de la víctima mientras gritaba desesperadamente: "¡No me pegues!". Dos personas que estaban en el hospital advirtieron la situación e intervinieron para separarlas. Lograron contener a la agresora, pero el daño ya estaba hecho. La trabajadora, aturdida, golpeada, fue asistida por médicos del propio centro de salud. Sin embargo, la violencia no terminó ahí.
Mientras la víctima recibía atención, la joven volvió sobre sus pasos, tomó el celular de la empleada y lo estrelló contra el piso dos veces, hasta destruirlo. Un gesto que, lejos de ser anecdótico, refuerza el nivel de desborde que se vivió en el lugar. Minutos después, un móvil policial llegó al hospital. Ambas fueron trasladadas a la comisaría cuarta de Quilmes. La causa quedó en manos de la UFI N°11, caratulada como "lesiones y daños". La agresora era paciente del área de salud mental. Su reacción fue producto de un desborde emocional. Pero ese contexto, lejos de cerrar la discusión, la abre. ¿Están preparados los hospitales para contener este tipo de situaciones?
La escena no muestra presencia de seguridad efectiva en el momento del ataque. Tampoco protocolos visibles que logren prevenir una escalada de violencia. El resultado: trabajadores expuestos, pacientes desbordados y un sistema que parece llegar siempre tarde. Hace apenas semanas, otro hospital bonaerense fue escenario de una situación igual de alarmante. En el Hospital Santamarina de Monte Grande, una mujer atacó a médicos de guardia en medio de un reclamo por demoras. Hubo golpes, amenazas y un dato que agrava todo: el ingreso al área restringida fue posible por una puerta rota que, según denunciaron los profesionales, nunca fue reparada.