Javier Milei reapareció en escena. Después de varios días de agenda privada, reuniones reservadas y silencio público tras el duro revés legislativo que sufrió el Gobierno con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el Presidente volvió a hablar frente a las cámaras. No eligió una conferencia de prensa ni una explicación sobre la derrota parlamentaria: eligió el aniversario de San Martín para declarar una nueva guerra por la libertad.
Desde el Monumento al Libertador, en la Plaza San Martín de Retiro, Milei afirmó: "Hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos internos y externos", dijo tal como si fuera una advertencia, pero también como una herramienta conocida del discurso oficial: transformar toda resistencia, crítica o desacuerdo en una amenaza contra la patria liberal.
El Presidente prometió: "Vamos a dar la batalla por la libertad donde sea necesario, sin importar el costo, porque eso es lo que el país hoy necesita: libertad, crecimiento, orden y prosperidad, y un gobierno comprometido con defender estos principios aun cuando todo el mundo se oponga a ellos, porque son verdaderos y son la única forma de hacer a nuestra nación grande nuevamente".
Y agregó: "Y aún quedan fronteras por cruzar, porque Argentina todavía no es el país más libre del mundo, pero sí puede serlo", expresó casi paradójicamente cuando la última frontera que intentó cruzar el Gobierno fue la venta de tierras a extranjeros y terminó retirando el capítulo del Senado después de perder el respaldo de gobernadores y aliados.
Milei retomó su relato de un pasado demonizado y sostuvo: "Sabemos que este camino es arduo y también sabemos que hay algunos que quieren que vuelva el pasado en el que vivíamos, porque si bien la mayoría se empobreció con el modelo anterior, una mínima minoría se benefició enormemente".
En la misma línea, afirmó: "Pero creemos que cuando la voluntad es firme y la dirección es clara, no hay más opción que seguir adelante, porque hoy no tenemos un pasado al que regresar, porque ya sabemos a dónde nos conduce".
La construcción es sencilla: el Gobierno representa la libertad, sus críticos quieren volver al pasado y cualquier límite institucional aparece como una maniobra de quienes pretenden frenar el cambio. La semana pasada, sin embargo, no fue la oposición la que sola detuvo la Ley de Tierras: fueron también los gobernadores que retiraron su respaldo y los aliados que dejaron de acompañar al oficialismo.
En su discurso, Milei sostuvo que Argentina perdió libertades para comerciar, emprender, soñar y criticar: "Fuimos perdiendo nuestra libertad para comerciar. Fuimos perdiendo nuestra libertad para emprender. Fuimos perdiendo nuestra libertad para soñar con un futuro mejor. Fuimos perdiendo nuestra libertad también para criticar a quienes suprimían nuestras libertades. Y estas libertades fueron perdidas en nombre de ampliar un Estado gigante", afirmó.
También advirtió: "La libertad es un derecho, pero debe ser conquistada y defendida de quienes se oponen a ella". La frase no es inocente: si la libertad siempre debe ser conquistada y defendida, el Gobierno puede decidir quiénes son sus enemigos y hasta dónde está dispuesto a avanzar para combatirlos.
Milei insistió en que "los enemigos de la libertad existen y no descansan". Según explicó: "Quien consigue el poder sobre otro, también consigue dinero y privilegios que no podía haber conseguido por sus propios medios. Por eso nunca faltarán quienes quieran romper el delicado tejido de la libertad por fuera o por dentro de la ley común".
Después volvió a mencionar a los enemigos internos y externos: "Hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto internos como externos". El concepto se volvió todavía más peligroso cuando el Presidente afirmó: "Defender la libertad que nos legó nuestro General es también defender nuestras ideas y nuestros valores contra aquellos que intentan socavarlos".
Y completó: "Y un pueblo libre también requiere de fuerza y seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos, pues el mal existe y quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza".
La advertencia adquiere otra dimensión después de la represión frente al Congreso, la actuación de policías vestidos de civil, los disparos contra manifestantes y las heridas sufridas por trabajadores de prensa. El Gobierno habla de libertad mientras presenta a quienes protestan como una amenaza y habilita un lenguaje en el que el adversario ya no es un opositor, sino parte del "mal".
El acto por San Martín marcó el regreso de Milei a la escena pública después de varios días con una agenda concentrada en reuniones privadas en la Quinta de Olivos. Su última aparición había sido el 7 de agosto, durante la asunción del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, en Cali.
Desde entonces, el Gobierno intentó recomponer su estrategia legislativa después del golpe por la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y Karina Milei coordinó parte de las conversaciones políticas y la Casa Rosada buscó reconstruir acuerdos con gobernadores y bloques aliados.
El presidente de las fuerzas del cielo volvió, entonces, en el momento exacto en que necesitaba recuperar la iniciativa pero no habló de la derrota parlamentaria, de la Ley de Tierras retirada, de los cambios caídos en Manejo del Fuego ni de los problemas para sostener sus proyectos en el Congreso. Habló de San Martín, de la libertad y de una batalla contra enemigos internos y externos: una épica de manual para tapar una semana de papelones políticos. Además, su reaparición trajo algo más inquietante: una nueva lista abierta de adversarios, una defensa de la fuerza y la promesa de seguir luchando "sin importar el costo".