La renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) cayó como una bomba en el corazón del sistema estadístico argentino. No solo por el peso institucional del funcionario, que había logrado sostener un perfil técnico y de continuidad desde 2019, sino por el momento elegido: a apenas ocho días de la difusión del primer Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado con la nueva metodología. En un gobierno que hace del dato de inflación uno de los pilares de su narrativa política, la salida no pasó inadvertida y abrió un abanico de interrogantes incómodos para la Casa Rosada.
Lavagna deja el organismo en medio de "ruidos internos" provocados por el congelamiento salarial que afecta a la administración pública y golpea con especial dureza a áreas técnicas clave. Desde el gremio ATE Indec no ocultaron su alarma. "Nos llama poderosamente la atención y nos pone en alerta la renuncia a 8 días de la salida del IPC con la nueva ponderación", advirtió su delegado Raúl Llaneza, quien volvió a reclamar un Indec independiente del poder político. El reclamo no es menor: la pérdida de cuadros técnicos por salarios atrasados viene siendo una constante en distintos organismos del Estado, y el Indec no es la excepción.
La dimisión se da, además, en un contexto de cambios sensibles. El nuevo IPC incorpora la clasificación Coicop 2018 y actualiza las ponderaciones a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, dejando atrás una canasta basada en consumos de 2004. El resultado es un índice que refleja con mayor peso el impacto de tarifas, transporte, comunicaciones y servicios en general, rubros que vienen registrando fuertes aumentos tras la política de ajuste y desregulación impulsada por el gobierno de Javier Milei.
Vivienda y servicios públicos pasan a explicar el 14,5% del índice, Transporte el 14,3% y Comunicaciones más del 5%, lo que vuelve al IPC más sensible a cada incremento tarifario. En este marco, no pasó desapercibido que el nuevo índice estuviera técnicamente listo desde hace meses, pero su implementación se demorara. En despachos oficiales y ámbitos sindicales circuló con fuerza la sospecha de que el Gobierno temía que la nueva metodología arrojara una inflación más alta que la medida con la canasta anterior, especialmente en un año atravesado por el calendario electoral.
La renuncia de Lavagna, anunciada sin previo aviso al Ministerio de Economía ni a la Casa Rosada, no hizo más que profundizar esas dudas. La salida del ahora ex director también se inscribe en una seguidilla de renuncias dentro del Indec. En 2025 dejaron sus cargos responsables clave como Georgina Giglio, directora de Índices de Precios de Consumo, y Guillermo Manzano, a cargo de Estadísticas de Condiciones de Vida y la Encuesta Permanente de Hogares. El denominador común vuelve a ser el mismo: deterioro salarial, desgaste y dificultades para sostener equipos técnicos en áreas estratégicas del Estado.
En su carta de despedida, Lavagna evitó explicitar los motivos de su decisión y optó por destacar los logros de su gestión, la defensa de estadísticas "técnicas, confiables y transparentes" y el rol central de los trabajadores del organismo. Sin embargo, el silencio sobre las razones concretas contrasta con el clima interno y con el momento político. La renuncia se conoció horas después de que el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, anticipara que la inflación de enero rondaría el 2,5%, un gesto que para muchos sonó más a intento de control del mensaje que a ejercicio de prudencia.