Sebastián Presta está a horas de volver a subirse al escenario con Mi amiga y yo, una obra que ya fue un éxito el año pasado y que este viernes 9 de enero inicia su segunda temporada en el Teatro Astros. Aunque el material no es nuevo, los nervios están intactos. Y él no lo disimula: los cuenta, los exagera y, como buen humorista, hasta se ríe de eso.
Entre los preparativos del estreno, el actor habló con BigBang: "Vienen muy bien. Estoy un poquito canchero porque esta es una segunda temporada, ya la hice todo el año pasado, pero es un reestreno y no dejo de estar nervioso", admitió. Y enseguida bajó a tierra el caos previo a cualquier estreno en la Ciudad: "En Buenos Aires siempre se estrena sobre el pucho... hoy tenemos dos pasadas generales y no llegamos a hacer una".
La obra vuelve renovada, con elenco nuevo, ya que Flor Torrente se sumó para darle vida a la protagonista, y una puesta compleja: "Es pasarle todo al elenco nuevo y a todos los técnicos nuevos y realmente es una obra con muchos cambios...", detalló. A la pregunta "¿Estás más tranquilo por ser la segunda vez?", dejó en claro que todo lo contrario: "No me agarra canchero. Yo me hago el canchero, pero no, me pongo nervioso".
La idea original de Mi amiga y yo surgió de un texto previo de la autora Claudia Morales, donde se planteó que un hombre se hacía cargo del hijo de su mejor amiga, pero Presta metió mano y la llevó a un terreno muy propio: "Me gustaba la idea del amigo que se hace cargo del hijo de su mejor amiga, pero quería meterle que no sean solamente amigos, sino que haya un amor ahí no correspondido de toda la vida", explicó.
A partir de ahí, la obra fue creciendo: música en vivo, stand up, teatro tradicional y conflictos afectivos bien marcados. Sebastián interpreta a Santiago, un comediante que, después de 10 años de matrimonio, se separa y llega al departamento de Valeria, su mejor amiga, para buscar contención, mientras trata de ocultar lo que realmente siente por ella. La convivencia, que iba a durar tres días, se extiende nueve meses. Y pasa de todo. "En el stand up cuento cómo van las cosas con mi amiga y después la gente ve lo que pasa en la casa de Valeria".
Aunque el formato fusiona varios lenguajes, Presta aclaró que no es un show de stand up clásico: "Es teatro con stand up, pero el stand up va desde el personaje de Santiago, no es Sebastián Presta". La música también cumple un rol clave: "Santiago le insiste en armar una banda... y al final ella se anima a tocar y arman una banda con todo el grupo".
Si hay algo que lo motiva al actor es el reconocimiento del público: "La gente salió chocha... se ríen mucho de la situación, y que se rían para mí es un lujo", se sinceró. Además, se enorgulleció al confesar: "La gente vuelve. Me pasó con esta obra y me pasó con 'Mi madre, mi novia y yo'". Y remató con una frase completamente honesta: "Hago una obra que a mí me guste mucho porque quiero que en el próximo show mío quieran venir también, porque hacés una porquería y ya no te vuelven".
Entre sus sentimientos y la verdad detrás de la obra, el entrevistado abrió su corazón y contó que la historia de Santiago no es casual, sino que hay mucho de su propia experiencia: "Me pasó toda la vida... estar enamorado de una amiga y saber que no tengo chance". Por eso, el silencio: "No le digo nada, y la jugué de amigo esperando un milagro".
¿Alguna vez se animó a confesarlo? La respuesta es tan directa como graciosa: "No. Creo que no me la jugué nunca, siempre la jugué callado, la jugaba de te quiero a escondidas como la canción de Emanuel Ortega". Y ahí apareció su mirada irónica sobre el paso del tiempo: "Yo tengo más chance ahora, a los cincuenta, como gordo bueno, que a los veinte", y justificó su respuesta con un pensamiento tanto personal como presente en la obra: "Quizás una persona cuando es más joven se engancha con ese amor prohibido, ese amor jodido, que no va a ser correspondido, se engancha con el rockerito, con el surfer quizás. Con el falopita".
A calzón quitado, Presta no solo habló de su falta de suerte en el amor en su juventud, sino que también reveló los miedos que, a pesar de décadas de escenario encima, siguen ahí: "El miedo es olvidarse de las cosas, son muchos los textos y, como me pasa seguido, ya me acostumbré", reconoció. Le pasó, le pasa y sabe que seguirá pasando. "El cagazo viene por ahí, de decir: ¿y ahora qué parte venía?".
También aprendió que no está solo: "Esta pregunta se la hicieron a actores muy consagrados y decían que antes de la función querían salir corriendo". Entre nervios y experiencia, aparecen las cábalas: "Apagaba todas las luces menos la del camarín y subía al escenario con el pie derecho".
El tono cambió cuando se habló del contexto cultural actual marcado por los recortes de subsidios. Presta aclaró que siempre trabajó de manera independiente: "Yo nunca tuve un subsidio del Estado para hacer mis obras, a mí no me influye". Pero eso no le quita una mirada crítica a los recortes que Javier Milei hizo al arte.
"Me parece que hay que darle un apoyo al teatro, a la cultura... más allá de que estoy a favor de que se ponga la plata para la escuela pública y el hospital", señaló. Y sumó una experiencia personal que lo marcó: "Cuando yo era chico no tenía posibilidad de ir al teatro... el municipio de Hurlingham llevó una obra y eso generó trabajo, movimiento, consumo". En ese punto fue claro: "Entiendo la situación que estamos pasando ahora, pero yo estoy a favor de que vuelva un subsidio para gente que necesita hacer sus funciones".
Para esta temporada, Sebastián Presta no vendió falsas promesas: "No tengo muchas expectativas", admitió, y es que reconoce que el verano reparte público entre Buenos Aires, Carlos Paz y Mar del Plata: "Lo veo tranquilo a Buenos Aires". Por eso eligió ir de a poco: "Prefiero ir así, tranqui... no decir que va a ser un despelote ni que me va a ir como el orto". Con humor, con cautela y con la experiencia de quien ya sabe que el teatro es una carrera de fondo.