En un nuevo episodio de desborde verbal en televisión, la diputada de La Libertad Avanza (LLA) Lilia Lemoine atacó al influencer Ian Moche, el niño de 12 años con autismo reconocido por su activismo en defensa de los derechos de las personas neurodivergentes, y apuntó directamente contra su madre con acusaciones estigmatizantes y sin sustento. Lo hizo en vivo, por la pantalla de LN+, sin que el panel interviniera para frenar una secuencia de agravios que tuvo como blanco a un menor de edad. "Estamos en una sociedad hipócrita en la que una señora puede lucrar con un hijo menor de edad y llevarlo a los medios haciéndolo actuar de autista", lanzó Lemoine.
No hizo falta deducir que se refería a la madre de Ian Moche. Y fue más allá: habló de "una mujer que no está bien de la cabeza con lo que hace" y sostuvo que la exposición del niño se tolera "porque le es negocio para el kirchnerismo, otra vez". El exabrupto se produjo mientras la diputada opinaba sobre un anuncio del presidente español Pedro Sánchez, quien impulsa un paquete de soberanía digital que incluye la prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años y regulaciones sobre algoritmos y contenidos ilegales, incluso los generados por inteligencia artificial.
En ese contexto, Lemoine mezcló discapacidad, activismo, redes sociales y geopolítica en una misma acusación sin frenos. Nadie del panel la detuvo. Solo el conductor Esteban Trebucq se animó a preguntarle por qué decía eso sobre Marlene Spesso, la madre del niño. La respuesta fue otra descarga de prejuicios: "Primero que la hija mayor ya habló y contó lo que les hace a sus hijos. Y segundo, ver a un nene que supuestamente es autista expuesto a luces, ruidos, maltratos, gritos, los medios, la política, las redes sociales, los mismos que te llevan a un nenito autista a vender una agenda política en los medios, que también llegaron a Greta Thunberg, dicen ahora que hay que censurar las redes sociales".
La acumulación de afirmaciones, sin pruebas ni contexto, dejó incluso al conductor desconcertado. "¿Qué tiene que ver eso?", insistió Trebucq. Pero Lemoine redobló la apuesta con una simplificación ideológica totalizante: "Todo tiene que ver. La misma gente, el mismo wokismo, el mismo kirchnerismo. Yo les digo kirchnerismo. Pedro Sánchez es kirchnerista". El ataque no es un hecho aislado. Ian Moche ya había sido blanco del propio presidente Javier Milei a mediados del año pasado, cuando el Gobierno avanzaba con el ajuste en políticas de discapacidad.
En aquella oportunidad, el mandatario compartió contenido agraviante contra el niño, difundiendo un collage de imágenes junto a dirigentes peronistas y el periodista Paulino Rodríguez. El tuit original, de una cuenta afín al oficialismo, acusaba al menor de haber sido "utilizado" políticamente y señalaba al periodista por "llevar a un nene con autismo para que opere contra Milei".
En un contexto de recortes presupuestarios, auditorías masivas y discursos que ponen bajo sospecha a las familias y a las personas con discapacidad, la violencia verbal funciona como antesala de la deslegitimación de derechos. Convertir a un niño en objeto de ataque político, poner en duda su diagnóstico y acusar a su madre de "lucrar" no es una opinión: es estigmatización. Que todo esto ocurra en televisión abierta, sin límites ni rectificaciones, y con el aval del silencio del panel, expone algo más profundo que un exabrupto individual. Revela una lógica instalada en sectores del oficialismo, donde la crueldad se disfraza de "sinceridad" y la agresión a los más vulnerables se justifica como batalla cultural. En esa escena, el escándalo no fue solo lo que dijo Lilia Lemoine, sino lo fácil que resultó decirlo.