Javier Milei hizo de la lucha contra la inflación una de las principales banderas de su gestión. Desde el comienzo de su mandato, el Presidente repitió que el equilibrio fiscal, el control de la emisión y el saneamiento del Banco Central terminarían llevando a la Argentina hacia una inflación prácticamente inexistente. Incluso puso una fecha. Agosto de 2026. En diciembre del año pasado, durante una entrevista en el canal de streaming Carajo, Milei afirmó que para este mes la inflación mensual iba a "empezar con cero" o ser de "0 coma algo". Más adelante, volvió a insistir con la posibilidad de que el índice llegara al 0%.
La explicación del Presidente apuntaba a que el Gobierno había logrado desactivar distintas "bombas" heredadas y que, una vez agotados los rezagos monetarios, la dinámica de los precios comenzaría a converger hacia niveles mínimos. "Fuimos corrigiendo estas cosas y, después de blanquearlo, pegó un salto, pero si nosotros no hubiésemos desactivado todas estas bombas, la inflación hubiese sido mucho más alta", había explicado.
Pero el calendario avanzó y la realidad volvió a desafiar el pronóstico presidencial. El 19 de marzo, durante el Foro Económico del NOA 2026, realizado en Tucumán, Milei volvió a ponerle fecha al final de la inflación. En aquella oportunidad explicó que hablaba inicialmente de la inflación mayorista, aunque proyectó el mismo comportamiento sobre el índice minorista. "Inexorablemente, la inflación se va a terminar en la Argentina tarde o temprano", afirmó.
Y agregó: "El desastre del Banco Central lo arreglamos en 6 meses". En su extensa exposición, el Presidente volvió sobre el supuesto efecto de los rezagos monetarios y aseguró que, una vez eliminados, el proceso de desinflación sería inevitable. "Cuando todo eso pase, es de esperar que para el mes de agosto de este año la inflación minorista arranque con 0, les guste o no les guste", sostuvo.
Milei incluso dejó abierta la posibilidad de que factores externos pudieran provocar movimientos transitorios en los precios. "Pueden pasar cosas en el mundo, puede generarse un salto en el precio del petróleo, puede generarse un salto en el precio del gas", reconoció. Pero inmediatamente volvió a defender su pronóstico: "Mientras que ustedes sigan manteniendo el equilibrio fiscal y apretada la política monetaria como estamos haciendo nosotros desde mediados del 24, inexorablemente, poco más temprano o más tarde, la inflación se va a terminar en la Argentina".
El problema para el Gobierno es que agosto llegó con una inflación que todavía está lejos de ese "cero". El dato oficial del INDEC terminó de complicar las cuentas. La inflación de julio fue del 2,1%, dos décimas por encima del 1,9% registrado en junio. Así, el IPC interrumpió una secuencia de tres meses consecutivos de desaceleración. El Gobierno explicó parte del incremento por la estacionalidad propia de las vacaciones de invierno. Pero el dato dejó en evidencia que la desinflación no avanza en línea recta y que el proceso continúa teniendo obstáculos.
El contraste con la promesa presidencial resulta evidente: mientras Milei había anticipado que en agosto el índice podía comenzar con 0, el mes previo cerró todavía por encima del 2%. Ahora la discusión pasó a ser si agosto permitirá retomar la tendencia descendente. Los primeros relevamientos privados de agosto ofrecen una señal algo más alentadora para el Gobierno, aunque bastante menos espectacular que la pronosticada por Milei. Analytica registró una suba del 0,8% en alimentos y bebidas durante la segunda semana del mes y calculó un incremento del 1,8% para el promedio de cuatro semanas.
Dentro de ese relevamiento hubo fuertes diferencias entre productos: las verduras aumentaron 5,4%, los pescados y mariscos 3%, las carnes y derivados 0,7% y las frutas 0,3%. Para el nivel general, la proyección también se ubicó en 1,8%. De confirmarse, implicaría una desaceleración respecto de julio, aunque no precisamente la llegada de la inflación "0 coma algo" que había anticipado el Presidente.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central también ubicó la inflación de agosto en torno al 1,8%. LCG, por su parte, detectó una caída del 0,3% en alimentos y bebidas durante la segunda semana de agosto. El descenso compensó parcialmente el aumento de la semana anterior. El promedio de las últimas cuatro semanas quedó en 2,2%, tres décimas por debajo del registro anterior.
La consultora identificó una baja del 1% en carnes después de la suba de la semana previa y una reducción del 1,6% en bebidas. Pero el panorama mensual continúa mostrando aumentos importantes. Las carnes acumularon una suba del 2,6%, los panificados del 5% y los lácteos del 3,8%. En tanto, EconViews registró una variación del 0,1% en la canasta de alimentos y bebidas relevada en supermercados del Gran Buenos Aires durante la segunda semana de agosto.
Verdulería aumentó 0,8%, mientras que las carnes bajaron 0,3%. El acumulado de las últimas cuatro semanas alcanzó el 2,2%. Es decir: hay señales de desaceleración, pero todavía no aparece por ningún lado el escenario de inflación mensual cercana a cero que Milei había anticipado. Antes de conocerse el dato de julio, el ministro de Economía, Luis Caputo, había defendido el rumbo económico y sostuvo que la caída de la inflación era solamente una cuestión de tiempo. "Mientras mantengamos este rumbo de una política fiscal de equilibrio financiero como el que tenemos, que permite tener un BCRA independiente y que está controlando fuertemente la emisión, es un tema de tiempo hasta que la inflación converja hacia la inflación internacional", afirmó.
Caputo también intentó relativizar el dato de julio y lo vinculó con factores estacionales e internacionales. "El número que maneja el mercado ahora es levemente mayor al mes pasado, pero no es una sorpresa porque julio es un mes estacionalmente alto", explicó. Y agregó: "El precio del petróleo se duplicó en prácticamente los últimos ocho meses. La realidad es que todos los países están sufriendo una mayor inflación y un menor crecimiento; como consecuencia de eso, esperamos que la situación internacional se aclare". El argumento oficial, entonces, es que el rebote de julio no implica un cambio estructural y que la política de equilibrio fiscal y disciplina monetaria terminará imponiéndose. Lo cierto es que la inflación mayorista fue 0,8% en julio, mientras que la minorista fue de 2,1%.
El Gobierno todavía tiene margen para mostrar una desaceleración en agosto. Las primeras mediciones privadas apuntan a un número cercano al 1,8% o 1,9%, lo que sería una mejora respecto del 2,1% de julio. Pero incluso si esa proyección se confirma, el resultado quedaría muy lejos de las expectativas que el propio Presidente había instalado. Milei no había hablado simplemente de una inflación descendente. Había planteado que en agosto el índice iba a "arrancar con 0" y, en otra de sus definiciones, que sería de "0 coma algo". La diferencia entre una inflación del 1,8% o 1,9% y una cercana a cero no es menor, especialmente para los hogares que siguen enfrentando aumentos acumulados en alimentos, servicios como el agua, la luz, el gas y el transporte, y otros gastos cotidianos.