25 Mayo de 2026 12:17
Con un Javier Milei un poco más distendido, que esta vez saludó a Jorge Macri y desapareció de las fotos oficiales a Victoria Villarruel, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió el tradicional Tedeum del 25 de mayo en la Catedral Metropolitana.
La ceremonia, que contó con la presencia del presidente y miembros de su gabinete como el jefe de Gabinete Manuel Adorni, los ministros del Interior, Diego Santilli; de Seguridad, Alejandra Monteoliva; de Justicia, Juan Bautista Mahiques; de Defensa, Carlos Alberto Presti; de Salud, Mario Lugones; y de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem y hasta la legisladora Patricia Bullrich, la jornada estuvo marcada por un mensaje contundente en favor de la unidad, la justicia social y la moderación en los mensajes de odio que día a día crecen tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación.

El contexto no podía ser más delicado: la relación entre el Gobierno y la Iglesia católica atraviesa un momento de fricción debido a los recientes recortes en programas sociales que afectan a jubilados, personas con discapacidad y otros sectores históricamente vulnerables.
Es por eso tal vez que desde el inicio de su homilía, García Cuerva dejó en claro que su mensaje no buscaba avivar divisiones, sino contribuir al diálogo: "Atiende nuestros ruegos por la Patria para que la prudencia de sus autoridades y la honestidad de sus ciudadanos robustescanla concordia y la justicia y podamos vivir en paz y prosperidad, por Jesucristo nuestro señor", expresó.

El arzobispo apeló al Evangelio de Marcos y Lucas para recordar la historia de los "cuatro hombres" que llevaron a un paralítico ante Jesús. Con esta imagen como metáfora, García Cuerva describió la situación de muchos argentinos que se sienten "paralizados en sus esperanzas, oportunidades, en su dignidad" y, en ésta línea añadió: "Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados", expresó contundente.
En un mensaje que parecía dirigido tanto al presidente Milei como a su gabinete presente en el evento, García Cuerva enfatizó que no se trata de buscar culpables, sino soluciones: "No es cuestión de buscar rápidamente responsables, que con sinceridad y cada uno en su lugar, un poco somos todos", dijo. En este sentido, instó a los líderes a asumir su "enorme responsabilidad" para ayudar a superar las "parálisis personales, familiares y sociales".

El arzobispo fue más allá al proponer una hoja de ruta para superar las crisis estructurales que enfrenta Argentina. Inspirándose en el relato bíblico, habló de "cuatro actores" necesarios para movilizar al país: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza. "Cuatro acuerdos fundamentales: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza", subrayó.
Este llamado a la unidad resuena especialmente en un momento en que las políticas de ajuste económico impulsadas por el Gobierno generan manifestaciones y posteriores represiones desde el gobierno de Milei. El mensaje de García Cuerva pareció dirigirse tanto a quienes toman las decisiones como a aquellos que sufren sus consecuencias: "El pueblo argentino es un pueblo de fe, un pueblo que, a pesar de las crisis crónicas y las dificultades constantes, sigue adelante y se pone la Patria al hombro", destacó. Sin embargo, advirtió: "Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro y a la reconciliación".

En otro pasaje significativo de su homilía, García Cuerva abordó el clima de polarización que domina tanto las redes sociales como el debate público. En una comparación directa con los escribas que criticaban a Jesús en el relato bíblico, señaló: "Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm; haters de hoy sentados frente a una computadora o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes".
El arzobispo llamó a desarmar los discursos agresivos que alimentan divisiones en lugar de construir puentes: "Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias", exhortó.

En un momento particularmente duro del mensaje, García Cuerva cuestionó lo que definió como "cruel y escandalosa ostentación". Si bien no mencionó nombres específicos, sus palabras parecieron dirigidas hacia figuras públicas como el jefe de Gabinete Manuel Adorni, quien enfrenta denuncias por presunto enriquecimiento ilícito: "Es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro y el derroche", expresó contundentemente.
Para cerrar su homilía, Jorge García Cuerva ofreció una frase que resonó con fuerza entre los presentes. "Argentina, levantate, vos podés", exclamó. El arzobispo también recordó los ideales fundacionales del país: unión y cordialidad. Citando un fragmento de la proclama de la Primera Junta del 26 de mayo de 1810, concluyó: "El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad".

