Fue ella quien llamó al 911; fue ella quien terminó en una alcaldía. El ataque a una mujer trans en un departamento de Avenida Callao al 900, en Recoleta, terminó con dos personas detenidas: el agresor señalado y su propia víctima. La joven tiene 29 años, es argentina, creadora de contenido y actriz porno; su identidad se preserva con las iniciales B.L.C.M.O.. El hombre al que acusa es Adam Kupcik, un actor porno eslovaco que reside en Inglaterra con quien había acordado grabar un video.
Kupcik quedó detenido por lesiones leves. Ella, en cambio, terminó presa por resistencia a la autoridad: fue alojada en la Unidad de Flagrancia Este después de un episodio con los mismos policías que habían llegado a socorrerla. La mujer contó la violenta secuencia al momento de ser detenida: primero, una paliza que describe como un intento de matarla; después, burlas transfóbicas y nuevos golpes pero esta vez de manos de los agentes.

El contacto con Kupcik había empezado tiempo atrás, cuando él le propuso filmar juntos. Desde el principio, otras creadoras de contenido le advirtieron sobre su fama: según la mujer, le dijeron que el actor "venía huyendo de varios países de Latinoamérica por violencia de género hacia personas trans" y que varias colegas ya habían dejado de trabajar con él por denuncias de ese tipo. Aun así, aceptó el encuentro.
El jueves 5 de noviembre la grabación parecía suspendida: ella tenía dolor de estómago y no estaba en condiciones de filmar. Kupcik insistió por mensaje: "No te preocupes, yo te cocino pollo con arroz, pasamos el día y si te sentís bien filmamos". Ella fue. En el departamento, él se sirvió comida solo para él y a ella le dio una copa de vino; incómoda, salió al balcón. Allí él se acercó con otra copa.
Lo que sigue, siempre según su declaración, es de una crudeza extrema. Apenas tomó un sorbo sintió mareos y convulsiones; cuando intentó volver al interior, Kupcik la esperaba detrás de la puerta del balcón. La primera trompada le dio en la boca y le arrancó un diente. Mareada, intentó defenderse: él le golpeó la cabeza contra la pared una y otra vez, la insultaba en inglés, buscaba agarrarla del cuello para ahogarla, la pateó y la arrastró por el piso tomándola del pelo.
En un momento logró soltarse. Fue entonces cuando, según relató, vio a Kupcik buscar desesperado su pasaporte mientras gritaba que esa misma madrugada, a las 3, debía viajar a Miami. La mujer está convencida de que él quería matarla y escapar del país; con los golpes todavía encima, consiguió marcar el 911.

La llegada de los efectivos de la Comisaría Vecinal 2B no terminó con la violencia: la multiplicó. Según la denunciante, Kupcik les dijo a los policías "no entiendo español", y los agentes parecieron darle un trato preferencial por ser extranjero. Mientras la entrevistaban a ella, un oficial lanzó: "Mirá este traba cómo se le paró al gringo".
Ella le contestó: "Ojalá no golpearan así a una familiar tuya". La respuesta enfureció al policía, que la tomó del cuello; al darse cuenta de que se estaba excediendo, la soltó y fue a buscar a personal femenino. Esas agentes la arrojaron al suelo y siguieron golpeándola allí. Ese episodio derivó en su detención por resistencia a la autoridad.
Al momento de la entrevista estaba muy angustiada: pidió hablar con su padre y definió lo ocurrido como un intento de travesticidio, cometido por alguien a quien su comunidad ya señalaba como agresor de mujeres trans.
El caso se conoce pocos días después del brutal ataque a mujeres trans en los Bosques de Palermo, cuyos agresores llegaron a jactarse en redes de lo que habían hecho. Son dos escenas distintas con un mismo hilo: cuerpos trans tratados como descartables, primero por un agresor y luego por una institución que, en este ataque a una mujer trans, terminó esposando a quien había pedido ayuda.
Si sufrís o conocés a alguien que sufre violencia de género, podés comunicarte de manera gratuita las 24 horas a la Línea 144

