Especulaciones, dimes y diretes, lenguas maliciosas. Javier Milei se ausentó de la vida pública durante diez días (entre el 7 y el 17 de agosto), hasta que reapareció para homenajear al Gral. José de San Martín. La caminata de ingreso junto al jefe de gobierno, Jorge Macri, dio que hablar entre sus detractores, quienes también notaron el aspecto del primer mandatario en su última aparición, que ocurrió durante la asunción de su par colombiano, Abelardo de la Espriella.
Hay quienes sostienen que Milei se resguardó del asedio del trabajo en público para darle fin a su último libro, titulado "La moral como política de Estado", un bodoque en el que intenta explicar que el capitalismo es un designio divino. O algo así. El único indicio de su actividad fue una cena con el economista Sebastián Galiani, quien lo describió a través de X como "un guerrero que conoce bien las fuerzas de resistencia que enfrenta", aunque borró la publicación horas después.
Pero Argentina continuó girando. Porque la inacción pública presidencial no quita que el resto de la población siga su vida. Incluso la política. Por ejemplo, el presidente se perdió la reunión que su hermana encabezó con el PRO de Mauricio Macri, una cumbre política que no se daba desde hacía un año. La última vez fue el destrato que el expresidente sufrió en la Quinta de Olivos cuando le comunicaron que Manuel Adorni sería jefe de gabinete. Y Mauri se fue sin cenar.
Lo que también se perdió Milei fue una reunión que lo preocupa. O que debería preocuparlo. Y fue la que mantuvo el peronismo en un esbozo de unificación. Los nombres de Massa, Kicillof y Máximo Kirchner sumados a José Mayans y Germán Martínez y a los gobernadores motivaron una respuesta partidaria orgánica desde LLA. Y Milei en Olivos.
El presidente perdió la oportunidad también de reflexionar acerca de los dichos del embajador norteamericano Peter Lamelas, quien en un discurso público aseguró que estaba "evaluando qué vamos a hacer con Vaca Muerta". Como si fuera de él, como si fuera de ellos. Y Milei en Olivos, aunque no es difícil imaginar qué hubiera dicho.

En paralelo, un movimiento creciente de descontentos con el modelo económico va in crescendo, e incluso ya se organizaron para marchar el próximo jueves: los endeudados. Las historias son tristes, a pesar de la falta de empatía de los funcionarios (recordar el "nadie les puso una pistola en la cabeza" del mismo Milei). Por supuesto, el líder genera tendencia, y fue el inefable comunicador Diego Recalde quien volvió a sobrepasarse. Porque una variable desgarradora que se originó a partir de este fenómeno nada nuevo es la gente que se suicida acuciada por las deudas, a las cuales Recalde considera pocas. "Si hay 20 millones de pobres y 6 millones de endeudados, un suicidio es poco", disparó. Y Milei en Olivos, aunque tampoco es difícil pensar qué hubiera dicho.
El domingo, un día antes de su reaparición, se conoció una noticia que tendrá su correlato esta tarde, y tiene que ver con los preparativos de a llegada del Papa León XIV a la Argentina. Y Milei en Olivos.
Diez días de ausencia pública. Demasiado para lo que Argentina espera de un presidente. Diez días de resguardo en la Quinta de Olivos sin darse a conocer ante el pueblo. Diez días en los que los rumores sobre la salud mental (un tema en el que no ahondaremos para cada vez más insistente incluso en figuras políticas de relevancia. Diez días en los que el país continuó su rumbo.