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El lado B de la fama

De Tini Stoessel a Britney Spears: las estrellas que tuvieron que pelear por el control de su carrera y su fortuna

Detrás de los escenarios y los millones, contratos firmados a temprana edad, disputas familiares y derechos sobre canciones dejaron al descubierto el costado más complejo del negocio de la fama.

Tini Stoessel
Tini Stoessel

El escándalo que sacudió en los últimos días a Tini Stoessel puso sobre la mesa una pregunta que atraviesa desde hace décadas a la industria musical: ¿qué pasa cuando detrás de una estrella no solamente hay un padre, una madre o una persona de confianza, sino también quien firma contratos, administra sociedades y controla el dinero?

La Triple T decidió revisar una estructura económica construida durante prácticamente toda su carrera. Según trascendió, encargó una auditoría privada sobre su patrimonio y las sociedades vinculadas a su actividad artística después de que Alejandro Stoessel, su padre y manager durante 15 años, dejara de manejarla profesionalmente.

Tini Stoessel atraviesa un delicado momento con su papá
Tini Stoessel atraviesa un delicado momento con su papá

De acuerdo con la información publicada, la revisión determinó que Tini no tendría acceso directo a determinadas cuentas ni participación accionaria en las sociedades que perciben ingresos derivados de su actividad. La estructura jurídica, societaria y contable había sido manejada durante años por su padre. Sin embargo, hasta el momento no existe una determinación judicial que permita hablar de una estafa o apropiación por parte de Alejandro Stoessel.

El caso resulta especialmente llamativo porque Tini comenzó su carrera siendo muy joven. Cuando Violetta la convirtió en una estrella internacional, todavía era adolescente y necesariamente dependía de adultos para buena parte de las decisiones contractuales y económicas que rodeaban su trabajo.Pero su historia está lejos de ser excepcional.

Tini Stoessel auditó a su papá
Tini Stoessel auditó a su papá

Britney Spears

El ejemplo más extremo probablemente sea el de Britney Spears. En 2008, después de una fuerte crisis personal, la cantante quedó bajo una tutela judicial que colocó buena parte de sus decisiones financieras y personales bajo el control de terceros y le dio a su padre, Jamie Spears, un papel central.

Lo extraordinario del caso fue la contradicción que se sostuvo durante años: mientras legalmente tenía limitada su autonomía, Britney continuaba grabando discos, realizando giras, apareciendo en televisión y protagonizando una residencia millonaria en Las Vegas. La situación provocó el nacimiento del movimiento #FreeBritney y terminó convirtiéndose en una batalla judicial internacional. La tutela finalmente llegó a su fin en noviembre de 2021, después de casi 14 años.

La diferencia con Tini es enorme desde el punto de vista jurídico, pero existe un punto que inevitablemente conecta ambas historias: cuando la persona que debía ejercer un rol familiar también ocupa un lugar decisivo sobre el patrimonio generado por la artista.

Britney Spears  pasó una situación similar a la de Tini Stoessel
Britney Spears pasó una situación similar a la de Tini Stoessel

Beyoncé: despidió a su padre y tomó el control de su carrera

Antes de convertirse en una de las empresarias más poderosas de la música, Beyoncé también tuvo a su padre sentado en la mesa de las decisiones. Mathew Knowles había conducido su carrera desde los tiempos de Destiny's Child y continuó como manager durante el comienzo de su etapa solista. Pero en 2011 todo cambió.

Beyoncé anunció que dejaba de trabajar profesionalmente con él y remarcó entonces una diferencia fundamental: podía terminar la relación comercial sin terminar la relación familiar.

La separación tuvo, además, un trasfondo mucho más conflictivo de lo que inicialmente se mostró públicamente. Documentación judicial presentada posteriormente por Mathew Knowles sostuvo que Live Nation lo había acusado de quedarse con dinero correspondiente a su hija, acusaciones que él negó. Según esa presentación, representantes de Beyoncé realizaron una auditoría antes de que fuera apartado. Después del quiebre, Beyoncé profundizó el manejo independiente de su carrera a través de Parkwood Entertainment.

Su historia tiene un paralelismo especialmente atractivo con la discusión que rodea actualmente a Tini: una hija que creció profesionalmente de la mano de su padre y que, llegada a la adultez y convertida en una empresa multimillonaria en sí misma, decidió separar definitivamente los afectos de la administración de su carrera.

Beyoncé también tuvo a su padre sentado en la mesa de las decisiones
Beyoncé también tuvo a su padre sentado en la mesa de las decisiones

Taylor Swift: ser la autora de las canciones no significaba ser dueña

No todos los conflictos tuvieron a una familia en el medio. Taylor Swift protagonizó uno de los casos que más modificaron la conversación sobre contratos y propiedad dentro de la industria musical. Cuando comenzó su carrera firmó con Big Machine Records. Como ocurre habitualmente en la industria, la compañía conservó los masters de los primeros seis discos que grabó para el sello.

El conflicto explotó cuando Big Machine fue comprado en 2019 por Ithaca Holdings, compañía de Scooter Braun. De esa manera, las grabaciones originales de buena parte de la carrera de Taylor quedaron en manos de un empresario con quien ella mantenía un enfrentamiento público.

Swift sostuvo que durante años había intentado conseguir la propiedad de sus masters y finalmente encontró otra salida: volver a grabar sus propios discos. Así nacieron las Taylor's Version, un movimiento que convirtió una disputa contractual en una extraordinaria estrategia comercial y, al mismo tiempo, obligó a una generación de artistas y fanáticos a preguntarse algo que hasta entonces parecía reservado para abogados y discográficas: ¿quién es realmente dueño de una canción?

Taylor Swift protagonizó uno de los casos que más modificaron la conversación sobre contratos y propiedad dentro de la industria musical
Taylor Swift protagonizó uno de los casos que más modificaron la conversación sobre contratos y propiedad dentro de la industria musical

Paulo Londra: una firma que frenó una carrera en pleno ascenso

En Argentina, uno de los antecedentes más resonantes es el de Paulo Londra. Cuando estaba comenzando su carrera internacional, el cordobés quedó envuelto en un conflicto contractual con Big Ligas, la compañía que había formado junto a los productores Ovy On The Drums y Kristo.

El propio Londra relató posteriormente que le hicieron firmar unas hojas mientras supuestamente estaban grabando contenido para redes sociales y que no comprendió que aquello terminaría siendo utilizado como un contrato: "Kristo vino con unas fotocopias, una lapicera cara y un filmaker, y me dijo que íbamos a hacer un video para subir a las redes. Entonces nos hizo ponernos de espalda y me dijo que firme unas fotocopias mientras nos filmaban, pensé que era un simple video y nunca pensé que eso fuese un contrato el cual hagan valer de esa forma tan engañosa", contó años después.

La disputa derivó en una larga batalla legal y mantuvo al cantante alejado de los lanzamientos durante uno de los momentos de mayor crecimiento de su carrera. Su historia dejó otra enseñanza: el problema no siempre es cuánto gana un artista, sino qué derechos entrega cuando todavía no comprende el verdadero valor económico que puede alcanzar su nombre.

La Joaqui: "Esto es lo único que tengo para dejarle a mis hijas"

Algo parecido contó La Joaqui cuando hizo público el conflicto que atravesó con su antigua discográfica. 

La cantante aseguró que había perdido créditos sobre canciones y reconoció algo que resume buena parte del problema que enfrentan los artistas cuando la carrera crece más rápido que su conocimiento del negocio: "No entiendo muy bien qué pasó. Solo sé que ya no me sentía bien donde estaba. Uno a veces es irresponsable, esto es lo único que tengo para dejarle a mis hijas, dediqué toda mi vida a esto y era mi responsabilidad instruirme mejor", expresó. Y agregó: "Me dolió y no me parece justo para mí misma. Estoy fingiendo demencia, como que recién empezó mi carrera ahora".

Su testimonio expuso una realidad menos espectacular que una pelea familiar, pero posiblemente mucho más frecuente: artistas que saben cantar, componer y llenar escenarios pero que recién cuando aparece un conflicto descubren qué decía exactamente el contrato que habían firmado.

Así anunciaba La Joaqui que no era dueña de sus canciones
Así anunciaba La Joaqui que no era dueña de sus canciones

Britney Spears, Beyoncé, Taylor Swift, Paulo Londra, La Joaqui y Tini Stoessel protagonizaron historias completamente diferentes y sería incorrecto ponerlas jurídicamente en el mismo lugar. En algunos casos hubo tutelas judiciales; en otros, enfrentamientos con discográficas, disputas por masters o sociedades familiares.

Sin embargo, todas conducen hacia una misma discusión. La industria suele conocer a sus estrellas cuando todavía son muy jóvenes. Al principio, alrededor de ellas aparecen padres, amigos, productores o empresarios indispensables para construir una carrera que todavía no existe. El problema aparece cuando aquel adolescente que necesitaba que alguien decidiera por él se convierte en una empresa capaz de generar millones.

El caso de Tini todavía tiene muchos interrogantes abiertos
El caso de Tini todavía tiene muchos interrogantes abiertos

Entonces las preguntas cambian. Quién cobra, quién firma, quién posee los masters, quién controla las sociedades, a nombre de quién está registrada una marca y qué porcentaje recibe realmente la persona cuyo rostro sostiene todo el negocio dejan de ser detalles administrativos.

El caso de Tini Stoessel todavía tiene muchos interrogantes abiertos y no permite concluir que haya existido un delito o una maniobra de su padre. Pero la auditoría que encargó después de 15 años de carrera volvió a demostrar algo que Britney, Beyoncé, Taylor Swift, Paulo Londra y La Joaqui aprendieron de maneras muy diferentes: alcanzar el éxito no necesariamente significa tener el control de aquello que ese éxito produjo.

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