por Raúl Bertuccelli
12 Febrero de 2026 13:40
El Movistar Arena se transformó anoche en el escenario de una experiencia musical completamente distinta: Yandel presentó su esperado show Yandel Sinfónico y dejó en claro que el reguetón también puede vestirse de gala y tener nuevos sonidos en vivo.
Con una puesta imponente, una orquesta en vivo y arreglos que elevaron cada clásico a otro nivel, el artista puertorriqueño ofreció un espectáculo que combinó potencia urbana con elegancia sinfónica. Desde el primer acorde, el público entendió que no iba a ser un recital más y que no se iban a quedar sentados en su butaca.

Temas como Encantadora, Nunca Me Olvides, Ahora Es, Te siento, Noche de sexo, El Teléfono y Abusadora, encendieron los gritos de los fans. Entre ellos los hits de la era Wisin & Yandel sonaron renovados, con cuerdas, vientos y una producción que aportó dramatismo y profundidad. Lejos de perder la esencia, las canciones ganaron fuerza y emoción en el que el Movistar fue un coro gigante que acompañó cada estribillo de esas canciones tan pegadizas que supieron ser hits mundiales.
La energía fue constante durante toda la noche. Yandel se mostró cercano, agradecido y visiblemente emocionado por la respuesta del público argentino. Entre luces, arreglos majestuosos y una banda impecable, el show logró un equilibrio perfecto entre lo clásico, lo urbano y lo distinto.

El artista puertorriqueño también protagonizó uno de los momentos más emotivos de la noche. Con el Movistar Arena completamente de pie, presentó en sociedad a su hijo Sour, la nueva promesa del reggaetón. Padre e hijo interpretaron Everyday, y el joven dejó en claro que el talento corre por sus venas.
Yandel acaba de presentar su nuevo álbum Infinito, un trabajo en el que vuelve a reafirmar su talento para reinventar el sonido urbano que él mismo ayudó a forjar. El lanzamiento llega en un momento inmejorable para el artista, que días atrás fue nominado al GRAMMY en la categoría Mejor Álbum de Música Urbana por su proyecto Sinfónico.

Yandel Sinfónico no fue solo un recital: fue una declaración artística. Una apuesta arriesgada que demuestra que el reguetón puede reinventarse sin perder identidad. Y anoche, Buenos Aires fue testigo de esa transformación dándole paso a la nueva generación.

