Lo que debía ser el comienzo de un viaje hacia Europa terminó convertido en una verdadera odisea para más de 400 pasajeros que viajaban desde Buenos Aires hacia Madrid en un avión de Plus Ultra. La aeronave debió realizar un aterrizaje de emergencia en Natal, Brasil, luego de que se detectara una falla técnica, y desde entonces los pasajeros denuncian horas de incertidumbre, falta de información y serios problemas para conseguir alojamiento y comida.

Entre quienes quedaron varados se encuentra Aldana Alvear, quien relató en primera persona cómo vivió los momentos de tensión dentro del avión y el posterior caos en tierra. Su testimonio permite reconstruir no solo el miedo durante el vuelo, sino también el desconcierto que atravesaron los pasajeros una vez que el avión tocó tierra. "Yo estaba durmiendo y me desperté porque sentí que pasó como por esos pozos de aire... el avión bajó de golpe y después se estabilizó. Bueno, yo lo que sentí fue que el avión cayó como en un pozo de aire y empezó a descender", contó.
Alvear explicó que rápidamente percibió que algo no era normal. "No se sentía bien, no se siente igual cuando está como planeando el avión a cuando está, o sea, que se siente que está en menor altitud. Y nada, lo sentí raro y sentí que no volvía a subir", recordó. Poco después se encendieron las luces de la cabina. En un primer momento pensó que simplemente iban a servir la merienda, pero la situación cambió cuando habló el comandante. "El piloto informó que íbamos a tener que aterrizar en Natal por un desperfecto técnico, que todo estaba bien, que íbamos a llegar bien, que no nos preocupemos, pero que en una hora íbamos a estar aterrizando", relató.
La incertidumbre fue todavía mayor porque, según Aldana, la tripulación nunca explicó concretamente cuál era la falla. "Yo me acuerdo que le pregunté a una azafata si sabía qué iba a pasar, si íbamos a aterrizar, si íbamos a desembarcar, si se iba a demorar el vuelo o qué había pasado. Me dijeron que era un desperfecto técnico, que no sabían qué había pasado, y que ya habían llamado a un ingeniero para que revise el avión", explicó.
Mientras tanto, dentro de la aeronave había pasajeros que sí habían advertido señales mucho más preocupantes. Alvear viajaba en la parte trasera y, por eso, no pudo observar lo que sucedía cerca de los motores. "Hubo gente que escuchó ruidos, escuchó como un golpe, veía fuego que salía del avión y hay un video que se ven como chispas", contó. Incluso algunos pasajeros comenzaron a advertir humo y olor a quemado. "A una pasajera empezó a ver que entraba humo al avión y olor a quemado. Claramente, estas personas sí se asustaron un montón, pero los que estábamos atrás estábamos como separados, entonces no veíamos la situación completa".
Para quienes estaban en esa parte del avión, la situación se vivía con una mezcla de desconcierto y ansiedad. "Estábamos como en una burbuja, no sabíamos qué pasaba y para nosotros era una boludez", reconoció. Sin embargo, admitió que la hora que transcurrió hasta el aterrizaje fue eterna. "Igualmente esa hora fue eterna, te imaginarás que no veía la hora de aterrizar y aterrizar bien", relató.
Y fue recién cuando el avión llegó a tierra que comprendió realmente la gravedad de lo ocurrido. "Cuando aterrizamos empezamos a descender, cuando me doy vuelta había cinco camiones de bomberos alrededor del avión, y en ese momento fue como que caí, de que realmente había pasado algo heavy, o que era un protocolo de descenso de emergencia", recordó. Pero el aterrizaje no significó el final del problema. Para los pasajeros, fue apenas el comienzo de otra odisea.
Según Aldana, permanecieron aproximadamente tres horas sin recibir información concreta, comida ni agua. "Estuvimos como tres horas sin información, sin comida, sin agua. Nos tenían en una sala como si fuese el preembarque, digamos. Y sin ninguna información", denunció. La situación se complicó todavía más porque Plus Ultra no tiene una estructura operativa en Brasil. "Los únicos que se acercaron en ese momento eran personal del aeropuerto que nos daban la información de que, por ejemplo, la aerolínea no operaba acá en Brasil. Por ende, no había nadie, ningún representante en la aerolínea que nos dé información", explicó.
Con cientos de personas esperando respuestas, la tensión comenzó a crecer. "La tripulación no bajó a avisarnos absolutamente nada hasta, creo que eran como las 10 de la noche, que nos repartieron unos sanguchitos", contó. Y agregó: "Claramente nos empezamos a poner muy impacientes. Imaginate que somos 400 pasajeros, 450, sino me equivoco, que estábamos todos ahí sin saber qué pasaba". Finalmente, los pasajeros comenzaron a reclamar y elevaron las voces para obtener algún tipo de explicación."Empezamos a mover un poco el avispero, y ahí salió el piloto a hablar y a explicar que el avión no iba a poder volar", relató.
En ese sentido, remarcó que el personal del aeropuerto no pudo brindarles mucha más información. La explicación tampoco permitió despejar todas las dudas. "Dijeron que hubo un problema en uno de los motores, claramente se prendió fuego el motor, se quemó, por lo que vimos", sostuvo. Y lanzó: "Seguimos de casualidad en aire". Después de recibir algo de comida y agua, los pasajeros fueron informados de que serían trasladados a hoteles.
Pero la organización volvió a fallar. Pasaron por migraciones, recuperaron sus valijas y fueron enviados a otro sector del aeropuerto para recibir los vouchers de alojamiento. "Imaginate 400 personas en un hotel de Natal, en un aeropuerto como Natal, que es chiquito", explicó. Finalmente, los pasajeros fueron distribuidos en varios colectivos. El problema fue que muchos ni siquiera sabían hacia dónde iban. "Nos subimos a la fe de Dios, arriba de los dos buses, y nos llevaron como una hora a un hotel", contó.
Cuando llegaron, se encontraron con una nueva sorpresa: no había lugar suficiente. "Bajamos en el hotel y no había lugar", relató. "Éramos siete micros, todos llenos de personas". La situación se volvió insostenible durante la madrugada. "Eran las dos de la mañana y no había lugar, claramente ahí se picó todo, porque estábamos todos re enojados y estábamos a la deriva en Natal, en Brasil, en otro país", contó.
Para Aldana, el problema no fue solamente la falta de alojamiento, sino la ausencia total de una organización clara. "Era tipo sálvense quien pueda, fue nefasto y vergonzoso realmente", afirmó. Finalmente, logró conseguir una habitación y pudo dormir algunas horas. Pero la mayoría de los pasajeros no tuvo la misma suerte. "De las 400 personas creo que solo 50 estamos en hotel. El resto están todos en el aeropuerto", aseguró.
La situación también afectó especialmente a pasajeros vulnerables. "Hay gente mayor, yo no vi muchos niños pero sé que están en el aeropuerto en todo caso, o están ya alojados en otros hoteles", explicó. Y agregó: "En el hotel donde estoy hay una persona discapacitada en silla de ruedas. Y hay gente mayor que se descompensó hoy en el aeropuerto, que pasó la noche en el aeropuerto y no los asignaron a ningún hotel".
Según Alvear, tampoco hubo un criterio claro para distribuir a los pasajeros. "No hubo ningún tipo de criterio a la hora de designar hoteles o organizar los micros, nada", denunció. Incluso contó que algunos pasajeros debieron ser asistidos por médicos luego de pasar la noche en el aeropuerto. La falta de comida fue otro de los reclamos centrales. "Anoche nos dieron un sanguchito, nos dieron agua, a eso de las 10 u 11 de la noche", contó.
Al llegar al hotel, la situación tampoco mejoró. "Yo llegué a las cuatro de la mañana al hotel, para que se den una idea. Claramente cagada de hambre, porque con un sanguchito quién se llena", relató. Según explicó, recién pudieron volver a comer al día siguiente. "Nos habían dado un arroz insípido en el almuerzo, o sea, estábamos todos muertos de hambre. En el hotel no nos daban nada porque no había comida habilitada. Recién hoy comimos en el desayuno", sostuvo.
La situación se complicó todavía más cuando los pasajeros fueron informados de que debían abandonar nuevamente las habitaciones porque supuestamente el vuelo se reanudaría ese mismo día. Algo que nunca ocurrió. "Ya de por sí que nos hagan hacer el check out a las 12 del mediodía acá en el hotel, diciéndonos que nos vienen a buscar y que salíamos hoy y blablablá, para mí eso es una tomada de pelo", expresó.
Luego descubrieron que el alojamiento todavía no había sido confirmado. "Pasaron cuatro horas hasta que nos volvieron a habilitar las habitaciones, porque no llegaba la confirmación del presupuesto. Habían mandado un presupuesto y tenían que aprobarlo desde España", explicó. Mientras tanto, los pasajeros permanecían en el lobby esperando. "Ese presupuesto no lo aprobaban. Y nosotros acá, en el lobby, como unos boludos, esperando y pidiendo, no sé, un vaso de agua y el agua la querían cobrar", denunció. Finalmente, la compañía informó que el vuelo no saldrá este lunes y la nueva promesa se postergó para este martes. .
Según Alvear, la aerolínea comunicó que el vuelo saldría a las 18.40 del martes, aunque la información llegó de una manera que volvió a generar malestar. "No mandaron ni un mail, no llamaron a los pasajeros, simplemente imprimieron un papel y se lo repartieron a la gente que está en el aeropuerto", afirmó. A esta altura, la preocupación de Aldana ya no pasa solamente por cuándo podrá regresar a Europa, sino por las consecuencias que la demora tendrá sobre el resto de su viaje. "Ya perdí trenes en España, ya perdí alojamiento, ya perdí otro vuelo a Ginebra", contó.
También explicó que intentó buscar una alternativa para llegar por sus propios medios, pero los precios eran imposibles. "Lo primero que hice fue buscar vuelos para irme a Madrid o a Lisboa, y carísimos, no los puedo pagar. Tres mil dólares un vuelo", señaló. Por eso decidió quedarse a la espera de una solución de la compañía y guardar todos los comprobantes. "Voy juntando todos los tickets y nada, y vamos a reclamar", aseguró.
Además, existe una razón personal que hace todavía más importante que pueda llegar a Europa a tiempo: su novio tiene previsto participar de una de las carreras de montaña más importantes del mundo. "Él corre una carrera llamada UTMB, que es la vuelta al Montblanc, va a correr 173 kilómetros", explicó. El cansancio y la falta de descanso también podrían afectar su preparación para la competencia.

Peroal ser consultada sobre qué había sido peor, si el miedo durante el vuelo o lo ocurrido después del aterrizaje, Aldana no dudó. "Te juro que el desamparo que sentí en estas últimas horas nunca lo sentí en mi vida", afirmó. Y profundizó: "Nunca me pasó algo así, me sentí desamparada, sin información, con miedo, porque no sabés a dónde te llevan". La pasajera reconoció que comprende que una falla técnica puede ocurrir, pero cuestionó duramente la respuesta posterior de la empresa. "Una tomada de pelo total", definió. Y explicó por qué considera que el problema excedió la falla del avión: "Vos me decís, nos mantuvieron informados todo el tiempo, nos mantuvieron bien atendidos, que se preocuparon o algo, bueno, pero acá nada de eso pasó. El desamparo es terrible. Es como imperdonable en este sentido", concluyó.
