Colombia atraviesa una de las tragedias más devastadoras de los últimos años. Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste del país y dejó un escenario de destrucción en varias ciudades, con edificios derrumbados, hospitales desbordados, comunicaciones colapsadas y cientos de personas que todavía permanecen atrapadas entre los escombros. El balance, además, creció de manera dramática durante las primeras horas de este martes.
Según los reportes de las autoridades regionales, al menos 240 personas murieron y más de 1.310 resultaron heridas, aunque las cifras continúan siendo provisorias y podrían aumentar a medida que avanzan las tareas de rescate. El movimiento telúrico se produjo el lunes a las 07:34 hora local y tuvo su epicentro en San José del Palmar, en el departamento de Chocó, en una zona ubicada entre Valle del Cauca y Risaralda. Precisamente allí se concentran algunas de las áreas más castigadas.

Uno de los puntos más críticos es Cali, donde el alcalde Alejandro Eder dio un estremecedor panorama sobre las consecuencias del terremoto. "Desafortunadamente tenemos para reportar 95 muertes, ese es el conteo de esta mañana. Tenemos 949 personas heridas y 86 personas rescatadas", informó el funcionario. Pero la cifra que más preocupa es la de quienes todavía podrían encontrarse bajo los restos de edificios y viviendas. Según Eder, hay "239 personas atrapadas, 56 edificios colapsados".
En otro reporte, el alcalde precisó que 45 estructuras presentan colapso total o parcial y que otras 93 edificaciones y viviendas sufrieron daños en su infraestructura. La situación sanitaria también es crítica. La enorme cantidad de heridos puso bajo una presión extraordinaria al sistema de salud y varios centros hospitalarios debieron suspender sus operaciones como consecuencia de los daños provocados por el sismo.
En Pereira, otra de las ciudades más afectadas, las autoridades reportaron decenas de fallecidos y personas atrapadas durante el terremoto en el sistema de cable. La ciudad incluso dispuso un toque de queda como medida excepcional. Uno de los aspectos más dramáticos de la catástrofe es que el epicentro estuvo en Chocó, una de las regiones históricamente más pobres y postergadas de Colombia.

Las dificultades para establecer comunicaciones hicieron que, durante las primeras horas, incluso resultara complicado conocer con precisión el alcance de los daños. En esa región confluyen además problemas estructurales que exceden al terremoto: pobreza, falta de infraestructura y presencia de grupos armados que durante años disputaron territorios. La emergencia volvió a poner en evidencia las enormes desigualdades territoriales de Colombia: mientras los grandes centros urbanos comienzan a organizar la reconstrucción, en las zonas más alejadas todavía cuesta incluso dimensionar la magnitud de la destrucción.
Frente a la gravedad de la situación, el presidente Abelardo de la Espriella declaró el estado de desastre nacional y se trasladó a las regiones afectadas para supervisar los operativos. "Me dirijo a la Región Cafetera para seguir liderando la respuesta de emergencia y sumar esfuerzos para atender los daños causados por el terremoto de ayer. Mi compromiso es con cada una de las familias afectadas. Permaneceremos en la región, trabajando por nuestra gente", anunció el mandatario.
Sin embargo, la respuesta oficial también quedó bajo cuestionamiento por la demora del Gobierno nacional en actualizar las cifras, mientras los gobiernos regionales iban comunicando nuevos fallecidos, heridos y personas atrapadas. La diferencia entre los balances nacionales y los reportes territoriales fue creciendo durante el día, en medio de una emergencia que exige información rápida, coordinada y precisa.
El ministro del Interior, Rodrigo Lara, sostuvo que, una vez superada la etapa de rescate, será necesario poner en marcha una estructura específica para reconstruir las zonas devastadas. "Hoy estamos atendiendo lo más fundamental, lo más urgente, que es salvar vidas y evitar la propagación de enfermedades o evitar problemas sanitarios mayores y garantizar el abastecimiento de servicios públicos fundamentales. Una vez se atiende esto, que es la fase de atención urgente, viene ya la fase de reconstrucción, la cual va a necesitar de un ente especializado", afirmó.

Mientras los equipos de emergencia trabajan entre los restos de edificios, la tragedia tiene también un rostro mucho más íntimo: el de las familias que todavía no saben qué ocurrió con sus seres queridos. Ciudadanos comenzaron a organizar sitios y registros para reunir información sobre desaparecidos. Para la noche del lunes se había reportado la desaparición de más de 2.700 personas, aunque esa cifra también es preliminar y puede incluir personas incomunicadas.
Entre los casos que generaron preocupación está el de Carlos Luis Cáceres, un sanjuanino de 69 años, residente en el área de Pereira-Dosquebradas, quien perdió contacto con su entorno después del terremoto. Con las líneas telefónicas y las comunicaciones afectadas, para muchos familiares la espera se convirtió en una angustiosa cuenta regresiva. Las tareas de búsqueda continuaron durante este martes con equipos especializados llegados desde Bogotá y Medellín.
Bomberos, policías, militares y organismos de emergencia trabajan junto a perros entrenados y drones, intentando detectar señales de vida debajo de toneladas de concreto. El tiempo, en estos casos, es determinante. Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes, mientras las réplicas y el riesgo de nuevos derrumbes complican todavía más las operaciones.
Durante la mañana se registró además una réplica de magnitud 3,8 en San José del Palmar, según informó el Servicio Geológico Colombiano. En medio de la tragedia también aparecieron gestos de solidaridad. El futbolista colombiano Jhon Arias, jugador del Palmeiras y de la selección colombiana, anunció el envío de un avión con profesionales de la salud e insumos médicos hacia Quibdó. "Hemos dispuesto de nuestros propios recursos un avión que en pocas horas estará aterrizando en Quibdó con unos profesionales del área de la salud y cargado de insumos médicos para intentar alivianar un poco las circunstancias de salud que se vive en nuestra región", afirmó.

La tragedia también provocó una inmediata reacción internacional. Estados Unidos ofreció US$15,5 millones para asistir a los damnificados, mientras distintos países expresaron su solidaridad y disposición para colaborar. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, envió sus condolencias al pueblo colombiano. "El Secretario General expresa su solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Colombia, y transmite sus más sentidas condolencias a las familias de las víctimas y desea una pronta y completa recuperación a todas las personas afectadas a medida que surgen informes sobre viviendas derrumbadas y otros daños importantes, y las autoridades trabajan para evaluar el impacto total".
"Las Naciones Unidas se mantienen en estrecho contacto con las autoridades colombianas y apoyan la respuesta liderada por el Gobierno, como solicitado", añadió el mensaje. Desde la Argentina también llegó una oferta de ayuda. El canciller Pablo Quirno confirmó que el Gobierno mantiene contacto con las autoridades colombianas y expresó la disposición del país para colaborar frente a la emergencia. "Nos encontramos en contacto con las autoridades colombianas, a quienes hemos transmitido la disposición de la Argentina para brindar la asistencia que resulte necesaria", sostuvo el funcionario.

La dimensión del terremoto también alteró actividades deportivas y cotidianas. El partido entre River e Independiente Santa Fe por la Copa Sudamericana fue suspendido como consecuencia de la emergencia. Además, siete aeropuertos quedaron con sus operaciones suspendidas, mientras las telecomunicaciones sufrieron graves interrupciones. En Cali, las autoridades dispusieron incluso la militarización de sectores de la ciudad y un toque de queda ante amenazas de saqueos, mientras los equipos de rescate continúan trabajando. El Gobierno anunció también medidas para asistir a las familias afectadas y comenzó a proyectar una futura reconstrucción que, por la magnitud de los daños, podría demandar años. Pero por ahora, la reconstrucción es una palabra lejana. La prioridad sigue siendo encontrar sobrevivientes.

