24 Abril de 2026 11:03
Hubo un quiebre. Un antes y un después en la vida de Chechu Bonelli. Durante años, su historia parecía escrita con tinta firme: una familia, tres hijas y una relación de más de una década con Darío Cvitanich. Pero ese guion se rompió. Y lo que vino después no fue inmediato ni prolijo. Fue, como ella misma lo define, un proceso. En una charla íntima, sin filtros, Bonelli puso en palabras lo que muchas veces queda oculto detrás de las separaciones mediáticas. "Estuve hecha bosta. Tirada en el piso", confesó en diálogo con el ciclo Vuelta y media, al recordar los momentos más duros que transitó durante el duelo.
El impacto fue tan profundo que incluso la descolocó: "Le pregunté si estaba mal sentir que este dolor era más fuerte que cuando perdí a mi papá y a mi mamá". Una frase que no busca comparar, sino dimensionar una herida. "Nunca había sentido algo así", admitió. La ruptura no solo implicó el fin de una pareja, sino el derrumbe de una estructura emocional. "Después de catorce años en pareja, tres hijas, que se deshizo la familia... fue todo muy de golpe".
Pero en medio de ese derrumbe apareció algo distinto: la reconstrucción. Lenta, trabajada, consciente. "Estoy laburando muchísimo psicológicamente, haciendo terapia. Tengo que terminar de hacer este duelo", explicó. Ese trabajo interno empezó a dar resultados. "Estoy disfrutando mucho de la soltería", dijo, sin euforia, pero con convicción. No se trata de revancha ni de excesos. De hecho, lo aclaró con humor: "No estoy desbarrancando ni estoy con chabones ni nada de eso".
Su presente pasa por otro lado: recuperar espacios propios, reencontrarse con amigas, volver a mirarse al espejo. "Dentro de todo lo malo, lo bueno es que volví... volví". La repetición no es casual. Es casi un mantra, una forma de afirmarse después del golpe. La nueva etapa también tiene matices. Porque si bien la soltería le devolvió independencia, no todo es liviano. "Me gusta la soledad... pero a veces es dura", reconoció.

Ahí aparece la otra cara del proceso: la de las noches silenciosas, los recuerdos y la ausencia de lo que fue. En ese camino, incluso se permitió volver a intentar. Su breve relación con Facundo Pieres fue una señal de apertura. "La relación con Facu, si bien duró poco, fue hermosa. Él me hizo muy bien en este tiempo". Bonelli también habló de algo incómodo pero real: la culpa. Revisar errores, entender qué pasó, pensar en el futuro. "Tengo que terminar de hacer este duelo", insistió. Hoy siente que está cerca: "Estoy en un noventa y cinco por ciento. Falta un poquitito, pero estoy encaminada". Ese "poquitito" es, quizás, lo más difícil de cerrar.

Porque durante años creyó en otra historia. "Yo me había casado para toda la vida", dijo. Quería replicar el amor de sus padres. No ocurrió. Pero ya no lo cuenta desde la frustración absoluta, sino desde una aceptación más serena. En medio de este proceso, muchas mujeres se acercaron a ella. Le escriben, le piden consejos, buscan respuestas. Y Bonelli responde desde la experiencia: "Hay que laburarlo, dedicarle tiempo a uno, rodearse de la gente que hace bien y ponerle el pecho".

