Lola Mora, esa muchacha disruptiva y misteriosa que habla a través de su arte con una de sus obras más reconocidas como lo es Fuente de las Nereidas. Fue una mujer que desafió las reglas de su época, se vinculó con los hombres de igual a igual, usó pantalones, defendió su autonomía y construyó una carrera artística en un mundo que pretendía imponerle límites.
También fue una mujer incómoda. Su libertad despertó críticas, envidia y censura. La alta sociedad porteña cuestionó su obra y su manera de vivir, pero ella siguió avanzando hasta convertirse en una figura fundamental del arte argentino.

En septiembre, esa historia llega al teatro con La fuente de Lola Mora, protagonizada por Vanesa González. La obra transcurre durante el ocaso de la vida de la escultora, cuando se aferra a la fuente que más la representa y se escapa hacia sus Nereidas para recordar —y también confundir— a las figuras de su creación con los hombres y mujeres que marcaron su vida.
En diálogo profundo con BigBang, González reconoció que el primer acercamiento al personaje la enfrentó con una figura mucho más compleja de lo que imaginaba: "Cuando me acercan la obra sentí pudor porque no sabía casi nada sobre el paso de Lola Mora más que la existencia de las fuentes de las Nereidas, que la conocía como creo que lo conocemos todos y todas, pero no tenía un conocimiento inherente sobre su historia, sobre su paso", contó.

La actriz explicó que el texto recorre toda la vida de la escultora: desde su juventud hasta su muerte. La dramaturgia fue escrita por una estudiosa de su obra y, según González, ofrece una mirada minuciosa sobre su personalidad y su recorrido: "Es un texto que escribió María Fernández, que es una estudiosa de Lola Mora y que hace que lo haya escrito ella, hace que tenga detalles minuciosos sobre su carácter", señaló.
La puesta propone además un trabajo físico intenso, con música en vivo desde el comienzo hasta el final: "La apuesta que propone Nacho De Santis que es el director junto a Carla Rímola, la coreógrafa es totalmente física con música en vivo desde que empieza hasta que termina, así que hay mucho su cuerpo en la obra", explicó y agregó: "Empecé el primer ensayo ya sabiéndome la letra de entrada, pero ya empezamos a meter el cuerpo desde el primer momento".

Para González, uno de los aspectos más conmovedores de Lola Mora es la fidelidad que mantuvo hacia sí misma, incluso cuando esa forma de vivir la convirtió en blanco de ataques: "Me conmueve mucho lo alineada que estaba con el estilo de manera de estar en el mundo, se fue muy fiel a ella misma a sus valores, a sus ideales y sobre todo a su forma de vincularse con el arte, su capacidad de poder abstraerse del afuera; una mujer que ha sido muy criticada y mucha intención de censura", sostuvo.
La censura se volvió concreta cuando presentó la Fuente de las Nereidas en Buenos Aires. La sociedad de la época no solo cuestionó las figuras desnudas de la obra, sino también la conducta de su autora: "Cuando ella viene acá Buenos Aires y presenta La fuente de las Nereidas, la alta sociedad la censuró", relató la actriz.

Lola Mora también fue criticada por su forma de relacionarse con los hombres. Lo que hoy podría leerse como una relación igualitaria, en aquel momento era considerado una ruptura con las conductas esperadas para una mujer: "En su época hablarle a un varón de igual igual le era un acto absolutamente revolucionario y de rupturas de las formas femeninas", explicó González.
La escultora entendía perfectamente el impacto que provocaba su manera de vivir. Según recordó la actriz, Lola Mora sabía que su libertad incomodaba y que sus éxitos despertaban envidia: "Lola lo ha hecho con una conciencia muy grande de lo que su su carácter y su modo de estar impactaba en los otros. Fue una mujer muy envidiada por su libertad, por sus éxitos", expresó.

Una de las frases que mejor sintetiza esa tensión es la que la artista habría pronunciado al referirse a los obstáculos que enfrentó: "Ella decía que había cometido dos errores: uno era ser mujer y otro era ser escultora". González también explicó el sentido de esa frase: "Expresaba que ella vivía como un varón para la época porque no estaba en pareja", dijo contundente resaltando que Lola Mora defendió una vida autónoma y su independencia no fue un detalle de su biografía: fue parte central de su obra y de su identidad.
El mármol sobre el cuerpo
La dimensión visual de la puesta ocupa un lugar fundamental. El maquillaje, el peinado y la dirección de arte están a cargo de Dino Balanzino, quien trabajó sobre la transformación física de la actriz y sobre la relación entre el cuerpo, el mármol y la escenografía.
"El maquillador, peinador y director de arte es Dino, que es un genio, que es un tipo que trabaja en el teatro y en el cine, un amante del teatro, muy sensible que hizo un trabajo minucioso con la escenografía, con el matcheo de la madera con el mármol", detalló González. Sobre el efecto del maquillaje que convierte partes de su cuerpo en mármol, González resumió: "Sí, eso fue un trabajo de arte increíble y además, por suerte, el Palacio Libertad está rodeado de mármol, con lo cual el fondo era todo mármol".

La actriz definió su vínculo con Nacho De Santis como una experiencia de trabajo cálida y profundamente corporal: "Es una persona muy cálida, muy acogedora y nos apapacha mucho a todo el grupo que es gigante y un tipo que viene del teatro físico también", contó y explicó que la corporalidad es el punto de partida de toda la puesta: "Hay un vínculo con la corporalidad que es fundamental en la obra y que es el punto de partida para todo el espectáculo en general".
Para González, el público no va a encontrarse solamente con una reconstrucción biográfica. La propuesta busca recuperar el pulso vital de Lola Mora, su sensualidad, su fuerza y su capacidad de desafiar el orden establecido: "Hay música de principio a fin, los cuerpos rodean todo el escenario, hay danza, está repleta de vitalidad la obra", anticipó y cerró con un reconocimiento al equipo creativo: "Eso es un mérito tanto de Nacho como de Carla Rímola que es la coreógrafa que es bárbara".

Lola Mora fue la primera escultora argentina, pero también una mujer que se adelantó a su tiempo en otros campos: incursionó en la minería y promovió la explotación de hidrocarburos no convencionales. Su vida estuvo atravesada por el arte, la ambición, el misterio y la resistencia. La fuente de Lola Mora recupera a esa mujer que no aceptó permanecer en el lugar que la sociedad le había asignado: La que convirtió el escándalo en lenguaje artístico, la que hizo de su libertad una declaración y la que cambió para siempre la manera en que las mujeres podían ocupar el espacio público y el mundo del arte argentino.
Funciones
- Viernes y sábados. 11, 12, 18 y 19 de septiembre, a las 20 horas
- Domingos. 13 y 20 de septiembre, a las 19 horas
- Lugar. Sala Argentina, Palacio Libertad (ex CCK)

