En el imaginario colectivo, la Revolución de Mayo de 1810 suele estar protagonizada por figuras masculinas como Manuel Belgrano, Cornelio Saavedra o Mariano Moreno. Sin embargo, detrás de los nombres que la historia oficial llevó a lo alto de la memoria colectiva, existen mujeres cuya participación fue clave en la construcción de la independencia argentina.
Espías, estrategas, enfermeras y combatientes, estas heroínas desafiaron los roles impuestos por su época y se convirtieron en pilares fundamentales de la causa patriótica; sin embargo y pese a su importancia, muchas fueron relegadas al olvido.

Es por eso que BigBang busca reivindicar sus historias y rescatar su legado.
María Remedios del Valle: "Madre de la Patria"
Entre las figuras más emblemáticas y menos reconocidas, ésta mujer afrodescendiente se ganó el título de "Madre de la Patria" pues su vida fue una epopeya de resistencia y valentía.
Junto a su esposo e hijos, acompañó al Ejército del Norte en la lucha por la independencia, desempeñándose como enfermera, cocinera y combatiente; sin embargo, en la batalla de Huaqui, perdió a su familia en el fragor del combate, pero lejos de rendirse, continuó peleando en las contiendas de Tucumán y Salta.

Fue Manuel Belgrano el que quedó impresionado por su coraje y le otorgó el rango de capitana. Sin embargo, las derrotas en Vilcapugio y Ayohúma marcaron un punto crítico: fue herida, capturada y brutalmente azotada por los realistas, quienes intentaron quebrar su espíritu.
Así, volvió a Buenos Aires con cicatrices físicas y emocionales, pero también con el peso del olvido. Aunque logró que se le reconociera su rango militar y un sueldo, este reconocimiento fue efímero. María Remedios murió en la pobreza, pero su legado permanece como símbolo de lucha y dignidad.
Manuela Pedraza: "La Tucumanesa" que enfrentó a los ingleses
Otra figura destacada es Manuela Pedraza, conocida como "La Tucumanesa" que durante las Invasiones Inglesas de 1806, tomó un fusil y luchó codo a codo con los milicianos en defensa de Buenos Aires, sorprendiendo con su destreza con las armas tanto a los invasores como a sus propios compatriotas. Santiago de Liniers la reconoció con el grado de alférez y el Cabildo le otorgó un sueldo como soldado del Cuerpo de Artillería de la Unión.

La historia de Manuela es un testimonio del cambio que comenzaba a gestarse en el rol tradicional asignado a las mujeres: no le interesaban las tareas de cuidado a las que eran relegadas las mujeres de su época. Sin embargo, como muchas otras heroínas de su tiempo, su vida terminó en el anonimato y la pobreza aunque su valentía quedó plasmada en documentos históricos y en una calle que lleva su nombre en el barrio porteño de Núñez, aunque su historia merece ser contada con mayor profundidad.
Macacha Güemes: estratega y lideresa popular
En el norte argentino, Macacha Güemes fue una figura esencial para la causa patriótica. Hermana de Martín Miguel de Güemes, no solo apoyó económicamente a los "Infernales", el ejército gaucho que hostigaba a los realistas, sino que también organizó redes de espionaje de mujeres y lideró tareas logísticas desde su casa en Salta.
Macacha no se limitó al rol tradicional de anfitriona: fue una operadora política clave en momentos críticos como el Pacto de Cerrillos en 1815. Su liderazgo trascendió lo militar cuando fue encarcelada tras la muerte de su hermano y una sublevación popular conocida como la "Revolución de las Mujeres" logró liberarla.
Juana Azurduy: capitana del Alto Perú
Aunque su lucha estuvo centrada en el Alto Perú (actual Bolivia), Juana Azurduy es una figura indispensable para entender el proceso independentista sudamericano. Junto a su esposo Manuel Ascencio Padilla, lideró guerrillas indígenas y mestizas que combatieron tenazmente contra las tropas realistas. Su conocimiento del terreno y su capacidad para movilizar a los pueblos originarios fueron cruciales para mantener viva la resistencia.

Juana perdió a cuatro de sus cinco hijos en el contexto de la guerra y enfrentó innumerables adversidades; es por eso que en reconocimiento a su valentía, recibió el grado de teniente coronel por parte del general Manuel Belgrano. Sin embargo, al igual que muchas otras mujeres revolucionarias, terminó sus días en la pobreza y el olvido y fue recién en 2009 cuando el gobierno argentino le otorgó póstumamente el rango de generala.
Mariquita Sánchez de Thompson y Melchora Sarratea: anfitrionas de la independencia
En Buenos Aires, las tertulias revolucionarias fueron mucho más que reuniones sociales... se convirtieron en verdaderos centros neurálgicos donde se debatían las ideas independentistas. Mariquita Sánchez de Thompson y Melchora Sarratea fueron anfitrionas clave en estos encuentros clandestinos.

Sánchez de Thompson es recordada principalmente por haber ofrecido su casa para la primera interpretación del Himno Nacional Argentino. Sin embargo, su compromiso con la causa iba mucho más allá: participó activamente en debates políticos y fue una ferviente defensora de la independencia. Más tarde, continuó su labor social a través de la Sociedad de Beneficencia.
Melchora Sarratea, por su parte, usó su posición privilegiada dentro de la élite porteña para influir en los hombres que lideraban la revolución. Desde su hogar se gestaron estrategias que desafiaron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y allanaron el camino hacia el Cabildo Abierto del 22 de mayo.
Casilda de Irgazábal: sostén económico del proceso revolucionario
En una época donde las mujeres eran relegadas al ámbito doméstico, Casilda de Irgazábal rompió con lo establecido al poner su patrimonio al servicio del Partido de la Independencia. Su casa se convirtió en un centro estratégico para figuras clave como Manuel Belgrano y Juan José Castelli.
El 18 de mayo de 1810, Casilda lideró un grupo de mujeres que presionó al entonces jefe militar Cornelio Saavedra para que asumiera un rol activo en la revolución. Su intervención marcó un hito en la participación femenina en los acontecimientos históricos que culminaron con la formación del Primer Gobierno Patrio.
La historia oficial relegó a estas mujeres y, en muchos casos se relataron sus vidas como simples y sumisas actrices de la historia argentina. Sin embargo, el revisionismo histórico desde una perspectiva feminista puede cambiarlo todo y hoy se sabe que la Revolución de Mayo no habría sido posible sin ellas.

