4800 estolas y más de 5000 pecheras. Ése fue el pedido de la Conferencia Espiscopal ante la llegada del papa León XIV. El pedido pudo haber sido a cualquier taller, a cualquier empresa, a cualquier diseñador chic o reconocido. Pero no. Fiel a su prédica, la confección de esas prendas fue efectuada a la cooperativa San Cayetano. Y ese también es un símbolo.
Nacida de una necesidad que iba mucho más allá de conseguir un empleo; el objetivo fue ofrecer una oportunidad concreta de reconstruir la vida a personas que habían atravesado situaciones de consumo problemático de drogas, exclusión social y vulnerabilidad. Lo que comenzó como una experiencia de capacitación y producción artesanal terminó convirtiéndose en un emprendimiento cooperativo que encontró en la industria textil una herramienta para la reinserción laboral y social.
Su historia se remonta a 2018, en el ámbito del Hogar de Cristo (hay más de 300 en todo el país) que funciona en el santuario y la parroquia San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers. Allí, dentro de la estructura de la Familia Grande Hogar de Cristo, surgió la preocupación por una dificultad que enfrentaban muchas personas que avanzaban en sus procesos de recuperación: aunque lograban salir de las adicciones, encontraban enormes obstáculos para conseguir trabajo y sostenerlo en el tiempo.
La propuesta fue generar una alternativa propia. Un grupo de personas que transitaban ese camino comenzó a recibir capacitación en costura y confección, a partir de máquinas de coser donadas. La experiencia fue creciendo y, ante la necesidad de darle continuidad y organización a la actividad productiva, en 2019 se constituyó formalmente la cooperativa de trabajo San Cayetano.

Una de las características centrales del proyecto fue entender que la recuperación no terminaba cuando una persona abandonaba el consumo, sino que necesitaba continuar con oportunidades concretas de autonomía económica. Sin trabajo, sin ingresos y sin posibilidades de integrarse al mercado laboral, el riesgo de volver a situaciones de exclusión seguía presente. La cooperativa buscó cubrir ese vacío.
La presidenta de la organización es Rosario Anchorena, quien comenzó su vínculo con el Hogar de Cristo como voluntaria y luego asumió la conducción del emprendimiento. Bajo su coordinación se fue construyendo una estructura que combina producción, capacitación, acompañamiento social y formación laboral.
La pandemia de coronavirus, en 2020, fue un punto de inflexión. Ante la emergencia sanitaria, la cooperativa recibió pedidos de barbijos y llegó a confeccionar alrededor de 700 unidades diarias para distribuir entre sectores vulnerables. Aquella experiencia permitió ampliar la capacidad de producción, incorporar conocimientos y demostrar que el proyecto podía responder a demandas de mayor escala.
Con el paso de los años, el taller diversificó sus actividades. Actualmente realiza trabajos de diseño, corte, confección, estampado y bordado de indumentaria y accesorios. Produce prendas básicas, remeras, bolsos y distintos artículos textiles para empresas, instituciones y organizaciones sociales. También desarrolla trabajos para Cáritas y otros clientes que contratan sus servicios.
En noviembre de 2026, la cooperativa reúne aproximadamente a 43 personas, aunque llegó a superar los 60 integrantes. Su taller principal funciona en el Centro Metropolitano de Diseño, en el barrio porteño de Barracas, donde dispone de más de 30 máquinas de coser. Además, cuenta con una sede en Chascomús y articula tareas con otros espacios productivos.
La capacitación no se limita al aprendizaje de un oficio. También contempla la incorporación de hábitos laborales, el cumplimiento de horarios, el trabajo en equipo y la posibilidad de completar los estudios primarios y secundarios. La propuesta incluye acompañamiento de profesionales y trabajadores sociales para sostener los procesos personales de cada integrante.

En febrero de 2025, San Cayetano se incorporó al proyecto internacional laburo, impulsado por la asociación civil Sinodar, junto con organizaciones de Italia y Costa de Marfil. La iniciativa utiliza la producción y comercialización de indumentaria como una herramienta para promover empleo digno y ofrecer alternativas frente al reclutamiento de personas por parte de organizaciones criminales.
En octubre de 2026, además, recibió un importante encargo de la Conferencia Episcopal Argentina: confeccionar 4800 estolas y más de 5000 pecheras para la visita del papa León XIV al país, mediante una red de talleres textiles que incluye unidades productivas de Aguaray, Pichanal y Tartagal, en la provincia de Salta; en Rosario, Santa Fe. Trelew, Las Plumas y Puerto Madryn, en Chubut. Uno en CABA, otro en San Martín, dos en Lomas de Zamora y el de Chascomús.
La historia de San Cayetano demuestra que una cooperativa puede ser mucho más que una unidad de producción. Su objetivo es convertir el trabajo en una herramienta de recuperación, independencia y dignidad. En cada prenda confeccionada hay una fuente de ingresos, pero también una posibilidad de reconstruir un proyecto de vida.