31 Marzo de 2016 14:30
¿Qué mujer no viviría prendida de algún pecadito bien azucarado, si pudiera? La que no es fan del chocolate muere por el dulce de leche, y la que no, por las facturas, y así. ¿Qué recursos están a mano para que evadamos este maldito vicio tentador?
Hay que buscar el azúcar escondido
Muchísimos de los alimentos procesados que se consumen a diario tienen azúcar, sin que sean necesariamente dulces. Para saber cuáles son hay que leer las etiquetas con la información nutricional y prestar atención a los términos dextrosa, fructuosa, sacarosa, maltosa y jarabe de maíz, ya que también significan azúcar.
Con calma
Si la idea no es que te sientas casi muerta, no abandones el consumo de un día para el otro. Todas las células del cuerpo necesitan un poco de azúcar para funcionar, y si se la sacamos de golpe el resultado bien podrá ser un dolor de cabeza fatal, o mucho desgano. Ir disminuyendo la ingesta de azúcar progresivamente hasta lograr el equilibrio es la mejor opción.
Sin obsesión
No hace falta convertirse en un talibán de la lucha contra el azúcar y dejar de consumir también frutas y lácteos (que también están azucarados) ya que éstos poseen muchos beneficios. Si se reduce la ingesta de gaseosas, caramelos, pastelería y se limitan las frutas, es suficiente.
Sustituir
Los golosos no tienen que dejar de comer cosas dulces, existen muchas alternativas a base de estevia (endulzante natural y apto para diabéticos) que se pueden consumir sin problemas y hasta son light. Cambiar las viejas costumbres por nuevos “gustitos” es una gran opción. ¡Hay que investigar!
Cambiar las infusiones
Si se acostumbra a endulzar el té o el café de la mañana, se pueden consumir té verde o infusiones como la manzanilla, el jengibre, o batidos con cúrcuma u ortiga, que se utilizan tradicionalmente para equilibrar el azúcar en sangre. El té verde, por ejemplo, tiene muy bajo nivel de cafeína y está repleto de antioxidantes, que pueden ayudar a frenar la ansiedad y los antojos.
¡Una alimentación más saludable es posible!