20 Abril de 2026 13:34
En una sala virtual atravesada por el silencio, la Justicia dictó una sentencia que difícilmente cierre las heridas. Felipe Pettinato fue condenado a tres años de prisión en suspenso por el incendio que terminó con la vida del neurólogo Melchor Rodrigo, ocurrido la madrugada del 16 de mayo de 2022 en un departamento del barrio de Belgrano. No irá preso. El fallo, leído por el juez Enrique Gamboa, presidente del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°14, llegó después de cuatro horas de deliberación y puso fin -al menos en esta instancia- a un proceso cargado de incertidumbres, versiones contrapuestas y un dolor que no encuentra reparación.

Del otro lado de la pantalla, la madre de la víctima, de 81 años, había reclamado una condena de 15 años por estrago doloso seguido de muerte. Su pedido no era solo jurídico: era el grito de una familia que sostiene que Rodrigo fue abandonado a su suerte en medio de las llamas. El tribunal eligió otro camino. Optó por la calificación más leve: estrago culposo. Es decir, un incendio causado por negligencia, no por intención. Una decisión que se alineó con la postura del fiscal Fernando Klappenbach, quien había señalado que la muerte "pudo haber sido un accidente", aunque había solicitado una pena mayor, de 4 años y 7 meses de cumplimiento efectivo.
La escena que reconstruyó la Justicia es estremecedora. Rodrigo murió con el 90% de su cuerpo quemado, aún con vida cuando comenzó el fuego, bajo los efectos del zolpidem. Las pericias descartaron fallas eléctricas o accidentes domésticos. El incendio se originó por una "llama libre", posiblemente un encendedor o fósforo, y un aerosol habría actuado como acelerante. En ese contexto, el fiscal sostuvo que Pettinato "manipuló de manera negligente un encendedor con tapa, estilo Zippo", lo que desencadenó el desastre. Sin embargo, no pudo probar que el fuego haya sido provocado de manera intencional. Esa duda fue suficiente para inclinar la balanza.

Pero no fue la única. Durante el juicio, que se extendió por siete audiencias y más de 15 testigos, surgieron elementos que complejizan aún más el cuadro. En el departamento se hallaron botellas rotas, fósforos quemados y un encendedor defectuoso. También se confirmó que ambos habían consumido metilfenidato, un estimulante potente. Los mensajes incorporados al expediente revelaron encuentros previos vinculados al consumo. La relación entre víctima y acusado también estuvo bajo la lupa. Rodrigo no era un desconocido: había sido su médico, lo había acompañado en su tratamiento por adicciones e incluso lo había alojado en su casa tiempo atrás.
El día del incendio, había ido al departamento de Pettinato para dar una conferencia por Zoom. Terminó envuelto en fuego. Para la querella, la clave no está solo en el origen del incendio, sino en lo que ocurrió después. El abogado Alejandro Drago insistió en que Pettinato no hizo nada para salvarlo. El fiscal, en cambio, le dio el beneficio de la duda: consideró que pudo haber intentado ayudarlo, aunque sin éxito. El propio acusado eligió el silencio hasta el final. "No voy a hablar ante el veredicto", dijo antes de que el tribunal se retirara a deliberar. No declaró durante el juicio. No dio explicaciones. No hubo palabras de su parte a lo largo de todo el proceso.

La condena, además, se dictó en concurso con una pena previa de nueve meses en suspenso por abuso sexual simple a una menor de 15 años. Como parte del fallo, Pettinato deberá continuar con sus tratamientos por adicciones, fijar domicilio y entregar una muestra genética al registro de abusadores. La decisión judicial deja un sabor amargo. No solo por la pena -que no implica prisión efectiva- sino por la sensación de que la verdad quedó a medio camino. Entre la negligencia y la intención, entre el accidente y la responsabilidad, entre el fuego y el abandono. Mientras tanto, una familia seguirá esperando justicia.