Milei prometió una Argentina potencia desde una habitación precaria en París, con una ventana cubierta con maderas, sentado frente a una pequeña mesa y una laptop. Un espacio reducido y anónimo, en algún lugar de Francia, donde se presentó vestido con una remera de manga larga debajo de otra de manga corta. De sport se dirigió a los empresarios reunidos en el lujoso Hotel Sheraton de Mar del Plata. Su discurso cada vez se reduce más a una única preocupación inmediata: las elecciones. Los tiempos políticos se han acelerado al punto de que la referencia electoral se vuelve recurrente, casi obsesiva, aun cuando falta un año para que los argentinos vuelvan a las urnas.
El presidente apeló a la paciencia de los argentinos: "Los procesos de crecimiento no son instantáneos, demandan mucho tiempo". Precisó cuánto: entre 30 y 40 años. "Requieren de disciplina", puntualizó, y por un momento pareció introducir una autocrítica cuando admitió que estos procesos pueden resultar fructíferos "a pesar de lo duro que puede ser la transición y la coyuntura".

Pero rápidamente volvió a su eje: una vez más presentó la eliminación de la inflación como condición central para garantizar el crecimiento, reduciendo la complejidad de un proceso económico a una sola variable. La grandilocuencia no tardó en aparecer. Según Milei, el crecimiento también será posible gracias a las "cerca de 18.000 desregulaciones" implementadas por su gobierno.
En su interpretación, el principal límite que enfrenta este proceso de crecimiento no es económico sino político. El Gobierno, sostuvo, tiene enfrente a "personas que están dispuestos a destruirlo todo", mientras que votar a Milei significaría contribuir a "la expansión de riqueza más grande de la historia argentina". La épica vuelve a ganar espacio.
La apuesta del Coloquio de IDEA apunta a un horizonte de largo plazo. Para Milei, ese horizonte exige paciencia. "Si miramos todos los casos de estabilización exitosa, todos tardaron más de 10 años en bajar la inflación", sostuvo.
La explicación sobre por qué la Argentina todavía no alcanzó ese objetivo llegó inmediatamente después: "Nosotros hubiéramos podido bajarla más rápido si no hubieran habido siete golpes de Estado, 40 intentos de socavar el equilibrio fiscal, 40 manifestaciones sociales para romper el orden público", además del shock externo.
En materia cambiaria, le preguntaron qué condiciones deberían cumplirse para eliminar por completo el cepo para las empresas. Pero el Presidente señaló, como argumento para sostener que no existe tal cepo que "en el segundo trimestre las empresas giraron al extranjero dividendos por 4500 millones de dólares".
Por último, consultado sobre la decisión de la Corte Suprema de habilitar la derogación de la Ley de Tierras, sostuvo: "Estamos en una república donde la división de poderes ocurre, es decisión de ellos y no tengo por qué yo meterme, pero me parece fantástico que falle lo que considere correcto acorde a la Constitución Nacional". Esta vez recibió aplausos de un público que, hacia el final de la exposición, pareció especialmente animado.